Gustavo Adolfo Bécquer: ¿surfista?

Días atrás, en una playa de Portugal, Nazaré, un surfista norteamericano, Garrett McNamara, habría roto el record de la ola más grande nunca antes surfeda: casi treinta metros medía la ola que el surfista corrió a riesgo de ser aplastado por la inmensa masa de agua de mar. El video es elocuente.

Por esas extrañas asociaciones de ideas que uno puede llegar a padecer o disfrutar, vinculé la acción del surfista con un poema de Gustavo Adolfo Bécquer: la Rima LII de sus setenta y seis poemas agrupados bajo el título de Rimas.

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre las sábanas de espuma,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad…! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

Allá por inicios de los años ochenta, tuve que estudiar en la secundaria las Rimas de Bécquer. Fue una unidad obligatoria en uno de mis cursos de literatura. No debo de haberlo reconocido ni comentado entonces, pero la poesía de Bécquer me gustó, y quizás hasta fue uno de los autores (entre otros españoles) que me impulsó originalmente a escribir mis propios versos. También, por esa misma época, se me había dado por correr olas. Recuerdo que luego de insistir mucho, logré hacerme con una tabla de surf. Digamos que de manera casi simultánea comencé a hacer mis primeros pininos en esas dos disciplinas: escribir poesía y surfear olas. Confieso que era horrible en ambas prácticas. (Abandoné el surf al poco tiempo: algunos dirán que hubiera sido mejor que abandonara la poesía… sabrán disculparme.)

Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)

No sé cómo le va hoy en día a los profesores de literatura con Bécquer. No sé si para algún joven de hoy las Rimas de aquel romántico español pueden llegar a configurar algún atractivo. Sí sé que el surf, que por entonces era apenas una moda en la que muy pocos jóvenes incursionábamos, terminó por imponerse en el presente como un estilo y como una práctica socio-cultural muy atractiva para una gran camada de jóvenes, tanto en Uruguay como en casi todo el mundo.

Hoy, como decía, asocié estas dos cosas, el poema de Bécquer y el surf, y pensé que de esta asociación podía surgir una suerte de análisis surfístico de ese poema o, al menos, un paralelismo entre su poesía y la forma de correr una ola. Quizás pueda parecer un desvarío, pero me entretiene analizar el modo en que Bécquer escribe su Rima LII casi del mismo modo en que un joven podría irse a una playa de por ahí a surfear un rato.

Partamos de la idea de que la práctica del surf consiste en deslizarse de pie sobre las olas del mar, haciendo equilibrio sobre una tabla que es dirigida con maniobras graciosas del cuerpo, maniobras que ponen en función las quillas situadas en la parte inferior de la tabla. Bien, la escritura de este poema, la Rima LII, podría ser vista como un esfuerzo del poeta por deslizarse sobre el lenguaje, haciendo equilibrio sobre una voz poética que es dirigida con movimientos retóricos, sintácticos, rítmicos y sonoros que ponen en función las estructuras semánticas ubicadas debajo del texto escrito (y leído) del poema.

Mientras que el surfista maniobra para mantener su deslizamiento sobre la parte viva de la ola, en los lindes entre ese fragmento del mar que se encresta y ese que todavía no se hizo espuma, el poeta despliega su voz  en la vivacidad de la expresión poética del lenguaje: subiendo y bajando entre la rusticidad de un simbolismo fónico (dado por la utilización del fonema /-r/ en: rompéis y bramando, ráfagas y arrebatáis, rompe y rayo, razón y arranque) y la elevada plasticidad de imágenes y figuras retóricas: anteposiciones, hipérboles, prosopopeyas y personificaciones, metáforas potentes y sencillas, paralelismos sintácticos, énfasis… (para extender este análisis, los interesados pueden visitar el Analisis textual que hacen Giselis Estupiñán y Yelenny Molina Jiménez publicado en la revista Espéculo).

Pero el paralelismo parece derrumbarse en el momento en que consideramos los objetivos semánticos del poema y el significado que puede llegar a tener algo así como bajarse la ola más grande del mundo.

Y es que el tema abordado por el poeta romántico no es otro que la búsqueda desesperada de evasión y aniquilación del yo individual. Evasión del yo respecto de la dolorosa razón en que se sostiene, de la trayectoria vital en que se desarrolló, de la memoria que le da identidad biográfica. Aniquilación del yo por las fuerzas naturales (la violencia del mar, del viento, del rayo). Evasión y aniquilación del yo toda vez que el romántico no logra su unidad con el mundo y percibe el dolor en su aislamiento y su soledad. Mientras tanto, el surfista, que tampoco teme a las fuerzas naturales, y que las busca de manera obsesiva y con ansiedad, no aborda sus «artes deportivas» con la perspectiva de su aniquilación sino, por el contrario, con la de extasiarse en su circunstancial adaptación a un estilo de vida signado por el hedonismo individual, la vida rápida y vertiginosa, lo soft, el coqueteo con los riesgos y los límites, las formas de evasión socialmente aceptadas y digitalmente filmadas y subidas a Youtube.

No, el poeta romántico no podía ser un surfista: lo suyo era estrellarse contra las rocas, al menos durante el período en que su romanticismo tuvo pretensiones de rebeldía y desafió a la sociedad de su época. Ese tiempo no duró mucho, hay que reconocerlo. Fue la modernidad y no las fuerzas naturales lo que aniquiló sus pretensiones o, mejor dicho, las que licuaron la solidez de su lirismo.

Por lo demás, ya no quedan «playas desiertas y remotas»: al menos, no de las que tienen buenas olas para correr. Los surfistas lo saben.

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Notas sobre la cuestión del libro-álbum (4): una aproximación taxonómica

Hay días en que mi ánimo clasificatorio se activa: ¡ah, esos manes de las taxonomías sociológicas y biológicas que conviven entre mis fantasmas mentales!

Lo cierto es que vengo de intercambiar con escritores e ilustradores respecto del equilibrio o el desequilibrio que puede darse entre ilustración y textos en la confección de un libro. Y en esos intercambios ha surgido una duda a la que suele seguir una pregunta que se formula a veces con desdén y otras veces con fastidio: en definitiva, ¿qué es eso del libro-álbum?

Pues bien, dándole vueltas al asunto, y a las dudas, se me ocurrió una suerte de cuadro clasificatorio que cruzara las posibles relaciones entre ilustración, texto y narración (véase más abajo). Pienso que analizando los cruces de esas tres dimensiones significantes podemos aproximarnos a un criterio en común para definir cuándo y cómo nos encontramos frente a un libro-álbum.

Antes de entrar a ver los detalles, en principio, hay que decir que en el libro-álbum la ilustración es clave. Sí, digámoslo de una vez: la ilustración es lo principal, es dominante y, además, por sí sola debería narrar una historia (o dar a la continuidad y contigüidad de las imágenes un sentido perceptible).

Un ejemplo neto de libro-álbum es el de Angela Lago: «De noche en la calle». Allí no hay texto. La historia se soporta sólo con imágenes. Podría decirse que es el caso extremo de un libro-álbum. En principio, este caso no ofrece mayores dificultades para su reconocimiento como tal.

De noche en la calle

«De noche en la calle» de Angela Lago (1994), editado por Ediciones Ekaré (1999).

Los problemas empiezan cuando hay texto, y entonces el lector (o el editor, o el bibliotecario, o el crítico), sin conocer el modo en que el libro fue producido (¿qué fue primero: el texto o la imagen?, ¿qué grado de coordinación entre imagen y texto se dio durante la creación del libro y de la historia que narra?, etcétera) desean definir qué tipo de libro están manejando: ¿un «libro ilustrado» o un «libro-álbum»?

Pensé cuatro situaciones posibles y un cuadro que las agrupara de manera ordenada:

  • a) cuando la imagen (predominante) funciona operando una narración con autonomía (en sintonía o en contrapunto) respecto del texto;
  • b) cuando la imagen (subordinada) funciona de modo narrativo por sí misma, si bien la predominancia del texto es mucho mayor en el conjunto del libro;
  • c) cuando la imagen (predominante por su calidad y destaque) no funciona por sí misma de modo narrativo sino que depende del texto en ese aspecto;
  • d) cuando la imagen (subordinada) sólo funciona describiendo (de modo figurativo, por así decirlo) lo que es narrado por el texto (que tiene un claro dominio en el conjunto).
cuadro libro álbum

Una aproximación taxonómica al libro-álbum

Bien, siendo estricto, entiendo que sólo en el primer caso (en el cuadrante A) estamos frente a un «libro-álbum». Y que en el último caso (en el cuadrante D), también de modo estricto, estamos ante un «libro ilustrado». Los otros dos casos (cuadrantes B y C) son esa zona difusa de toda clasificación, donde quienes arriesguen una tirada se verán en buenas dificultades para sostener su acierto. Allá ellos, y nosotros, llegado el caso.

Y sí, ya puedo escuchar a quienes dirán que poco importa si el libro es álbum o ilustrado mientras el lector lo disfrute. Está bien, reconozco que eso es así. Pero cuando en el próximo «concurso de libro-álbum» se discuta si el premio fue bien dado, nos guste o no tendremos que haber procesado algo de esta discusión. Ahí veremos cómo se portan los taxonomistas y los jurados y los fantasmas con los que todos convivimos.

¡A volar! Los libros de La Mochila

La salida de un nuevo libro siempre es una alegría. Pero si los nuevos libros son tres y si además salen en una nueva colección, la alegría se multiplica. Este es el caso con la novedad de Ediciones de la Banda Oriental, que a las muchas actividades desarrolladas este año para celebrar su 50 aniversario agrega ahora el despegue de «¡A volar! Los libros de La Mochila».

¡A volar! Los libros de La Mochila

Lanzamiento de la colección ¡A volar! Los libros de La Mochila

Con esta colección, Banda Oriental retoma la edición de libros para niños y jóvenes. Lo hace a través de cinco libros ilustrados a todo color y en gran formato (23 x 30). En una fuerte apuesta a la diversidad de miradas y de propuestas, literarias y visuales.

La colección, dirigida por Malí Guzmán, inicia con tres obras:

Y anuncia la próxima aparición de dos clásicos de la literatura infantil uruguaya:

La actividad de lanzamiento de la colección será el jueves 17 de noviembre, a las 18hs., en el 6to. piso de la Cooperativa Bancaria en la esquina de Sarandí y Zabala (Ciudad Vieja, Montevideo).

La octava cerradura

«La octava cerradura»

Para mí es una alegría publicar La octava cerradura en Ediciones de la Banda Oriental, una editorial muy peculiar en nuestro medio, con una larga tradición y un fuerte arraigo en las bibliotecas de los uruguayos. Una editorial que me acompaña como lector desde mi infancia y que seguramente ha acompañado la infancia de muchos lectores de nuestro país, tal como apuesta a seguir haciéndolo con esta iniciativa.

Lo dicho: ¡A volar!, pues. Allí nos vemos.