Álbumes románticos: ¿”Rosa a pintitas” mata “niñas rebeldes”?

En estos últimos tiempos han surgido una cantidad de libros álbumes crossover (cruzados, transversales, sí, pero me encantó que la comercial de una editorial los clasificara así, al referirse a unos libros dirigidos a todo público: infantil, juvenil, adulto) que ponen en tema la cuestión de la nueva oleada de la rebelión de género.

Ha crecido y se ha expandido la movilización de las mujeres en todo el planeta. Mujeres que reivindican —una vez más— derechos, igualdades salariales, conciliación familiar y que se detenga de una vez la violencia machista: los feminicidios, claro, pero también el acoso sexual en todas sus manifestaciones, desde el piropo invasivo hasta el chantaje laboral, desde la utilización de la imagen de la mujer para efectos comerciales hasta la objetualización de sus cuerpos y la cosificación mediática. En fin, una movida que apunta a poner en cuestión los preconceptos, las ideas y los esquemas románticos sobre el amor, arraigados en la ideología patriarcal y burguesa desde hace unos cuantos siglos. Acompañando esta eclosión, como decía antes, han aparecido unos cuantos de esos libros crossover que buscan, no sin cierto oportunismo comercial, y muy apegados a lo políticamente correcto, potenciar una imagen de la mujer activa, repasando las vidas de mujeres que escaparon a los estereotipos de género y que dejaron una huella feminista en sus distintos ámbitos de acción, a la vez de cuestionar las imágenes que los cuentos infantiles tradicionales (cuentos populares, cuentos de hadas) transmiten sobre la niña y la mujer. Uno de los más destacados, entre estos títulos, ha sido, sin dudas, “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”, compilado por las italianas Elena Favilli y Francesca Cavallo, donde participaron muchas ilustradoras (hay edición en catalán). Un libro que comenzó con un proyecto de micromecenazgo multimillonario y culminó con una edición mundial en manos de uno de los grupos editoriales más grandes del mundo.

cuentos de buenas noches para niñas rebeldes

“Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”: de micromecenazgo millonario a bestseller profeminista.

Ante un movimiento de estas características, ante la acción decidida y sonora de cualquier sujeto social, siempre es esperable algún tipo de reacción. Y así como Cathherine Deneuve se pone al frente de las firmantes de un manifiesto en contra de la movida del  #MeToo”, en algún lugar del mundo editorial independiente y de vocación artística, debía aparecer un libro, también croosover, que respondiera a la proliferación de esos otros libros sobre mujeres rebeldes, y que volviera a poner en escena, sin prejuicios, con ciertos cuidados estéticos, y hasta con vocación de provocación, los estereotipos más arraigados de la era dorada del conformismo patriarcal moderno. Para muestra, uno de los mejores ejemplos: “Rosa a pintitas”, de la francesa Amèlie Callot y de la ilustradora canadiense Geneviève Godbout (también hay edición en catalán).

rosa a pintitas

“Rosa a pintitas”: el romanticismo rosa puesto al día.

El libro “Rosa a pintitas” cuenta una historia romántica en torno al personaje de una joven, Adèle, que regentea una cafetería en un pequeño pueblo costero. La cafetería se llama “El delantal a pintitas”. La joven es elegante, alegre, “adorable y brillante”, y gusta de agradar a su clientela con detalles, entre los cuales no faltan los arreglados ramos de flores o la rosa que coloca como arreglo de su peinado. Una joven servicial al frente de un comercio tradicional de pueblo, el café, donde la gente se encuentra para llorar, reír, gritar, pelearse o quererse: un refugio, “como una pequeña linterna que siempre está iluminada”.

Cerca del café hay una tienda de ultramarinos, un almacén, que es atendido por Lucas, “un muchacho de los alrededores, fuerte como un roble, de esos que se levantan la gorra cuando entran al café”, un muchacho que además “sabe hacer un poco de todo con gran destreza”. Lucas suministra las flores a Adèle y también la ayuda con las tareas. Si a Adèle le toca servir y agradar, a Lucas le toca suministrar y reparar. La división doméstica del trabajo según criterios de géneros se cumple de perillas.

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Lucas y Adèle: o el retorno de los estereotipos de género de los años ’50 (fragmentos de las páginas interiores).

La historia, que hay que reconocer que está bien escrita, propende al encuentro entre estos dos personajes. El encuentro se tejerá a partir de un problema que tiene Adèle: ella no soporta la lluvia. La lluvia la deprime de manera fulminante. Cuando llueve, ella se encierra en su casa, se mete en la cama y no tiene fuerzas para nada: pierde el placer de vivir. Tiene su lógica dentro del esquema propuesto: ¿hay algo más libertino que el pasear libremente bajo la lluvia?

En principio, ella no puede con eso y, tal parece, nadie puede ayudarla. Pero un buen día, comienzan a dejar en la cafetería una serie de objetos que terminarán por ayudarla. Unas botas de lluvia, un impermeable, un paraguas: todos de color rosa; sí, rosa, para que quede claro. Gracias a esta ayuda, que obviamente proviene de Lucas, el hombre fuerte y gentil, ella logrará superar su problema y saldrá a la lluvia para terminar encontrándose con su caballero. Nada de autonomía femenina en la superación del conflicto: lo que hay es la iniciativa del hombre y la subordinada aceptación de la mujer, gracias a lo cual llegamos a un final en el que solo faltará comer perdices.

La ilustración del libro le va de perillas. Una ilustración naturalista, figurativa, pintada a lápiz, muy cercana en estilo a la ilustración de las revistas de moda de los años 50, salvo, tal vez, por el dibujo de contornos sin línea y el granulado visible del lápiz. Un tipo de ilustración vintage, donde la insistencia en el dibujo de los vestidos de faldas largas y ceñidos a la cintura, —eso sí, propio de los años de oro del conformismo cultural de mediados del siglo XX—, colabora a subrayar la “feminidad” que se pretende recuperar y poner en escena ante el embate estético subcultural de las rebeldes y las valerosas de otros cuentos. Que la ilustradora del cuento, Geneviève Godbout, trabaje como ilustradora de publicaciones de moda no parece una casualidad en este proyecto editorial.

Confieso que al leer este libro pensé que la historia estaba ocultando algún elemento irónico que se me escapaba. Lo volví a releer con mucha atención para ver si lo encontraba en las entrelíneas o por detrás de las ilustraciones. Y es que un título propenso a la reacción antifeminista, como este, nos hacía ruido en este presente de proliferación de libros con afán activista de género y, también, dentro del catálogo de la misma editorial que publicó el libro “Oso”, de claro aliento feminista, reseñado hace un tiempo en este mismo blog. Pero tras releerlo no encontramos ningún giro irónico, y tuvimos que aceptar que este libro no es otra cosa que un álbum rosa, y que se posiciona a contracorriente de todos aquellos que buscan superar modelos de feminidad propios de otras épocas, pero que resisten a su caducidad.

Mucho no nos preocupa, porque, en el fondo, desconfiamos de los libros hechos ad hoc en relación con temas sociales de difícil solución, libros destinados a niños y niñas con objetivos extraliterarios, ya sea que tengan un signo de izquierdas o de derecha en sus intenciones ideológicas. Pero sí que nos llamó la atención la presencia de un título así dentro de un catálogo que, en principio, parecía orientado en otras direcciones. ¿Será que hoy en día ningún editor escapa a las tentaciones crossover del mercado librero o será que hay ciertos moldes ideológicos que pueden pasar desapercibidos detrás de una historia escrita e ilustrada de manera “bonita”?

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Con preguntar alcanza: “¿Por qué?”, de Nikolai Popov

Basta mirar el informativo para darnos cuenta de que son necesarios libros que contengan mensajes fuertes y potentes contra la guerra. Obras de arte que vuelvan a plantear las preguntas más sencillas, las primeras, las que motiven la reflexión.

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¿Por qué?, de Nikolai Popov (1995), Editorial Kalandraka, Pontevedra, 2018.

El artista y diseñador ruso, Nikolai Popov, nacido en 1938, que vivió de cerca los horrores de la guerra, cree que “si los niños y las niñas son capaces de comprender la insensatez de la guerra, si se dan cuenta de cómo es de fácil caer en un ciclo de violencia, quizás en un futuro se conviertan en impulsores de la paz”. Por eso realizó en 1995 este ¿Por qué?, un libro que ahora recupera Kalandraka para su catálogo de “libros para soñar” (publicado en castellano, catalán y gallego).

La historia es bien sencilla: en un escenario bucólico, una ranita solitaria está sentada sobre una piedra olfateando una flor. Su serenidad se hace añicos con la llegada de un ratón con paraguas que se lanza sobre ella y le roba la flor.

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Doble página interior: el inicio del conflicto.

Los padres de la rana toman represalias. Expulsan al ratón y se quedan con el paraguas.

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Doble página interior: la primera represalia.

El conflicto se expande de inmediato y aumenta su virulencia paso a paso, en esa lógica bélica de acciones y reacciones.

El verdor del paisaje inicial, pintado con una delicada paleta de acuarelas y amparado en una brumosa luz veraniega, poco a poco, cede terreno al fragor de las explosiones de violencia, va perdiendo la vitalidad del color y ajusta su paleta a tonos cenicientos y ruinosos. El final es desalentador.

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Doble página interior: el final.

La ausencia de texto en todo el cuento se rompe en la última doble página, cuando en una tipografía adusta y en mayúscula se introduce la pregunta del título: ¿POR QUÉ?

Así, de manera sencilla y potente, la alegoría gráfica, narrada a golpes de imágenes, con un aire inconfundible de fábula, abre el espacio a la reflexión sobre lo insensato de lo acontecido, y sobre sus irreparables consecuencias.

Parafraseando a Idea Vilariño: Inútil decir más / Preguntar alcanza.