Ecos de “Suerte de colibrí”

En el periódico La diaria de hoy, Rosanna Peveroni reseña tres libros muy queridos: Anina Yatay Salas (de Sergio López Suárez, ilustrado por Alfredo Soderguit, y publicado recientemente por Criatura Editora), El hacedor de pájaros (de Fernando González, ilustrado por Denisse Torena, y publicado por Alfaguara) y Suerte de colibrí. Transcribo la parte que se refiere a este último:

Este colibrí demoró un año en cruzar el charco para su distribución en Montevideo. En la prehistoria de esta novela de Germán Machado (Montevideo, 1966), un colibrí herido se le apareció al autor. Vía Facebook, esa pequeña anécdota fue disparador de atención, interés, solidaridad y creatividad, tanto en relatos como en ilustraciones que acercaron a amigos de acá y de allá. Esa aparición inesperada de la maravilla propició a su vez otra: la del germen de esta novela.

La portada (ilustración del argentino Gustavo Aimar) le permite al lector sumergirse de entrada en el universo que connota la pequeña ave del título: fragilidad, belleza, colorido y la magia de lo fugaz e inasible. El libro todo denota una edición muy cuidada y minuciosa.

La anécdota es sencilla: un viejo encuentra un colibrí herido en el fondo de su casa y las circunstancias hacen que deba pedirle ayuda al hijo adolescente de su vecina, con la que hace años no habla, producto de una vieja discusión. Muchacho y anciano se unen para cuidar del pájaro, y en esa tarea se crea un fuerte vínculo entre ambos, de reconocimiento, comprensión y cariño. La novela trata de la amistad, los vínculos intergeneracionales, el amor adolescente, las viejas heridas, la soledad, la muerte y los cuidados. También se plantea una aproximación a la manera de comunicarse mediante las redes sociales y a la verdad/ficción que entraña -y que puede propiciar- ese canal de comunicación a distancia.

La acción se desarrolla en Puerto Bidondo, lugar que creó Machado para que vivieran los personajes de sus dos novelas anteriores, Tamanduá killer (2011) y La llave emplumada (2012). Los personajes son entrañables por su fragilidad y sus contradicciones. Cambian a partir de ese evento fortuito que los lleva a hacerse cargo del colibrí y de sus propias historias. Ambos están en etapas conflictivas de sus vidas, aunque desde perspectivas bien diferentes. El resultado es una novela conmovedora, de ésas que resulta difícil dejar de leer y que permanecen en el lector una vez terminadas. Hay tristeza, por los hechos que se narran, pero hay, sobre todo, un rescate de la necesidad de detenerse en las pequeñas cosas, de tomarse el tiempo para conocer al otro, de la generosidad que implica la amistad.

Por otra parte, se cuela el Germán Machado poeta en los textos de apertura y de cierre, dos poemas paralelos en su estructura, que narran comienzo y fin, llegada y despedida de ese colibrí que encarna el misterio. Pero, por supuesto, tampoco deja de aparecer en el resto del libro, en un tratamiento depurado, consciente y minucioso de la materia lingüística. “Un pájaro de aire”, le hará decir a un Roberto entre sorprendido y conmovido por la aparición del colibrí herido. Machado agregará, un par de líneas más abajo: “Ahí está el pájaro, de pie, como un signo de interrogación al final de una frase”. Entonces uno sabe que quiere leer y degustar esa novela hasta el final.

Reseña de Suerte de colibrí en La diaria del 23 de diciembre de 2013.

Reseña de Suerte de colibrí en La diaria del 23 de diciembre de 2013.

Gracias, Rosanna Peveroni.

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14 libros para regalar ahora o cuando quieras

No hay mucha explicación ni mucha justificación. Recomiendo estos 14 libros porque los leí o releí en este año, porque me gustaron y porque pienso que pueden ser lindos libros para regalar a chicos y chicas de variadas edades.  Que los disfruten, pues.

Los 14 para regalar

Los 14 para regalar

Contigo de la mano, de Magdalena Helguera, editorial SM, Colección El barco de vapor (novela).

Navegar la noche, de Florencia Gattari, Editorial Edelvives, Serie Verde (novela).

Terror en el campamento, de Sebastián Pedrozo, Editorial Alfaguara (cuentos).

Encuentro con Flo, de Laura Escudero, Editorial SM, Colección El barco de vapor (novela).

Monstruos por el borde del mundo, de Eduardo Abel Gimenez, Editorial Edelvives, Colección Alandar (novela).

El bosque, de Federico Ivanier, Editorial Alfaguara (novela).

La noche del polizón, Editorial Norma, Colección Zona Libre (novela).

El hombre de los pies-murciélago, de Sandra Siemens, Editorial Norma, Colección Zona Libre (novela).

Un cor màgic, de Stel.la y Laura Di Francesco, Editorial SD, Colección El Dodo Bobo (álbum).

Un globo de Cantoya, de Laura Santullo, Criatura Editora (cuento ilustrado).

Helena y Lilla, de Virginia Piñón, Editorial Del Naranjo (cuento ilustrado).

La Torre Blanca, de Pablo Auladell, Ediciones de Ponent, Colección Crepúsculo (novela gráfica).

Lo que escuchó un pajarito, de Iris Rivera y Claudia Degliuomini, Editorial Edelvives (álbum).

Quién soy / Quien soy, de Paula Bombara, Irene Singer, Iris Rivera, María Wernicke, María Teresa Andruetto, Istvansch, Mario Méndez, Pablo Bernasconi, Editorial Calibroscopio (cuentos ilustrados).

Y seguro que a vos se te ocurrirán muchos más, como a mí, ahora que estoy cerrando la nota…

Buen año de buenas lecturas para todos, y felices fiestas.

“La noche del polizón”, novela de Andrea Ferrari

14 horas: ese es el tiempo que abarca esta novela. Desde las 6:15 hasta las 20:15 de un día en la vida de Karmo Dwala. Un día, casi un día completo, sin la noche.

Sin embargo, el título de la novela habla de la noche del polizón. ¿Una contradicción entre el tiempo del título y el tiempo de la acción narrada? No. Ninguna contradicción.

"La noche del polizón" (novela), de Andrea Ferrari, Editorial Norma, Colección Zona Libre, Buenos Aires, Argentina, 2012.

“La noche del polizón” (novela), de Andrea Ferrari. Editorial Norma, Colección Zona Libre, Buenos Aires, Argentina, 2012.

El día de Karmo es un día muy especial. La Cruz Roja Internacional ha logrado localizar a su hermano, de quien fue separado brutalmente por la guerra en Liberia. El día transcurre al ritmo del tic tac de unos nerviosos relojes que resuenan en la cabeza de Karmo mientras la llamada telefónica que concordaron se posterga. Así, en esa espera, el joven Karmo va pensando en qué puede y qué debe contarle a su hermano cuando finalmente hable con él por teléfono. Qué puede y qué debe contarle de esa noche gris en la que estuvo hundido desde que se separaron.

A medida que Karmo calcula de qué hablar con su hermano, si es que logra hacerlo, nos enteramos de que la guerra mató a su madre y lo separó de su hermano. Así nos enteramos de cómo fueron dándose las cosas hasta que decidió meterse de polizón en un barco con un amigo, decisión que encerraba la perspectiva de un futuro mejor, pero que se convirtió en una pesadilla recurrente que apenas le permite dormir, y de la cual Karmo prefiere no hablar mucho con nadie.

Y esa, en definitiva, es la noche de Karmo, un niño que tenía doce años cuando la guerra lo arrojó a una tenebrosa peripecia de cinco años que apenas le dio algún respiro, en esas escasas oportunidades en que  alguna persona se le acercó a tenderle una mano: una asistenta social, una enfermera, un docente de español, algún otro joven refugiado, o cuando se enamoró de una chica porteña, Lucía, de quien está momentáneamente separado. Una pesadilla que conserva sus reflejos en el racismo cotidiano de una ciudad donde casi no hay negros, Buenos Aires, y que lo mira con desconfianza por el color de su piel. La noche del polizón, esta excelente novela de Andrea Ferrari, es la historia de un refugiado que, por distintos medios, solo o acompañado, tuvo que hacer frente a las carencias y violencias brutales de la vida en el continente africano, y tuvo que enfrentarse a un viaje terrible para escapar de allí, pero que no se resignó a esa situación y buscó, y busca, un futuro mejor.

Un chico que aprendió que:

Estaba bien tener esperanzas, pero no demasiadas. Muchas esperanzas podían volver idiota a una persona.

Un chico al que:

Le gustaba la idea de imaginarse otro, completamente distinto.

La novela narra, con la precisión de un reloj que va dando la hora exacta capítulo a capítulo, cómo Karmo intenta sobreponerse a un pasado terrible. Narra cómo las catorce horas de un día muy particular (el presente narrativo) podrían llegar a despejar las pesadillas de la noche terrible de un polizón (que nos son dadas a leer en las escenas retrospectivas, flashbacks o analepsis, con las que el narrador externo va repasando la vida de Karmo). La novela narra, con el pulso conmovedor de la desesperanzada esperanza (valga el juego de contrarios), cómo Karmo logrará, a su modo, con sus vacilaciones, con su carácter rudamente amable, generoso y endurecido, sensible y temeroso, conversar por una vez con alguien que no sólo podrá ayudarlo a asumir su pasado sino también contribuir a abrir un hueco de luz en el porvenir: su hermano Momo.

La noche del polizón se hace cargo de uno de los problemas más terribles de nuestro mundo, la brutal exclusión de continentes enteros de seres humanos, mujeres, niños y jóvenes, inmigrantes, refugiados de guerra, hambrientos, sedientos, enfermos, sobrevientes del día a día. Y lo hace desde la perspectiva de los humillados, pero sin convertirse en una proclama ni en un programa de acción, sino marcando, como los relojes marcan las horas de una espera agobiante, el tiempo presente de la vida humana, ese tiempo en el que la noche convive con el día, de forma crepuscular, al atardecer, pero también al amanecer.

Esta obra obtuvo el premio de los “Destacados de ALIJA 2012” en la categoría novela juvenil. Merecido destaque, sin duda alguna.