separaciones mínimas: ¿merece ser publicado?

Hace un par de años, Matías Acosta me invitó a realizar un proyecto en conjunto. Yo tenía unos poemas en los que venía trabajando, él los leyó y le gustaron como para ilustrarlos, y pusimos manos a las obras. Los textos fueron surgiendo, luego, a medida que las ilustraciones se iban plasmando.

El proyecto avanzó, creció, logró plasmarse en el diseño de un libro un poco fuera de lo común: un libro de poesía ilustrada, en el cual textos e ilustraciones juegan el mismo juego de juntarse y separarse a la vez, como los signos y significados del poema. Un juego de complementación y disrupción que se refuerza con el formato del libro: las poesías, en papel vegetal, se superponen con las ilustraciones que van impresas a color, y esta superposición, de por sí, genera una experiencia de lectura diferente: en la acción de dar vuelta la página de papel vegetal hay un momento en que el texto y la imagen, que parecían estar juntos, se separan. El libro de 48 páginas está pensado con un formato de 15 × 17cm y estará encuadernado artesanalmente con la técnica de costura japonesa, buscando, en el proceso de edición, también esa mínima separación entre lo artesanal y lo industrial.

Ilustración de cubierta de "separaciones mínimas", a modo ilustrativo.

Ilustración de cubierta de “separaciones mínimas”, a modo ilustrativo.

Todo el libro está jugado al juego de las muchas lecturas, con una interacción entre poemas e imágenes muy peculiar, juntos y separados a la vez, como las palabras homofónicas que le dan título a cada texto.

El proyecto, con el tiempo, creció también en entusiasmo. Y ahí se sumó Ediciones de la Terraza: y es que la filosofía editorial calzaba muy bien con este libro, con este proyecto.

Hoy, a propósito de una de las “separaciones mínimas”, [matices / matrices] conversaba en FB con un amigo argentino, Gustavo Gottfried, psicólogo, escritor, editor y lector exquisito. Pego aquí la conversación:

Una conversación sobre las "separaciones mínimas".

Una conversación sobre las “separaciones mínimas”.

Tengo la costumbre de agradecer cuando una lectura es atenta y saca partido de uno de mis textos más allá (o más acá) de lo que el propio texto pueda ofrecer. En este caso, Gustavo descubre muy bien lo que fue ese esfuerzo de experimentación genérica con las separaciones mínimas que, sí, es cierto, son, para mí, un género de poesía en el cual hurgué durante un buen período. Gracias, Gustavo.

Ahora bien, me quiero detener en el último comentario de Gustavo, allí cuando afirma que “el libro merece la publicación”.

Siempre que envío un texto a una editorial me pregunto: ¿este libro merece ser publicado entre los muchos, demasiados, libros que se publican a diario? Es algo que nunca se sabe del todo. El narcisismo primario de todo escritor tiende a contestar que sí, porque si no, ¿para qué enviarlo a una editorial? Pero hay otros criterios para decidir eso. El del editor, claro, es uno importante, definitivo, casi. El del mercado, es otro, subyacente y sobrevolante. El literario, al fin, puede lo suyo. El lector siempre tendrá la última palabra. ¿Siempre?

A menudo, los autores, nos quejamos de que se publica poca poesía. Los editores dicen que es un riesgo. El mercado dice que no se vende. La literatura, por lo general, no se pronuncia. ¿Y el lector? El lector la lee donde la encuentra y como la encuentra, si es que la lee.

Las redes sociales se han convertido en un ámbito de difusión de la poesía muy importante. Allí, los lectores pueden elegir más o menos libremente qué poesía leer y qué no. Ahora bien, ¿pueden elegir también qué libro de poesía se ha de publicar y cual no? ¿Qué libro merece ser publicado y cuál no?

 

Lanzar una campaña de financiamiento colectivo con PanalDeIdeas puede ser, de última, la forma de despejar toda duda respecto de si un libro, un libro de poesía, un libro de “separaciones mínimas” merece ser publicado. Para mí, un poco cansado de buscar publicar poesía con editoriales de las clásicas, la decisión de ir por ahí fue pensada con ese criterio: dejar en las manos (y en los bolsillos) de los lectores la decisión de publicar o no este libro. Los lectores decidirán sumarse o restarse, ya sea aportando económicamente a la concreción del proyecto o aportando con difusión del mismo en sus redes, y en esto, en el sumar y el restar, la separación también es mínima.

A los que se sumen, gracias desde ya. Y ya veremos.