La novela gráfica: lectura de “La Torre Blanca” de Pablo Auladell

... para María Wernicke, que tiene sus propias torres blancas.

¿Qué es eso de “novela gráfica”? ¿Un comic? ¿Una historieta? Si dejamos de lado el formato de la publicación (formato libro) nos podemos concentrar en los contenidos y en los que serían, en principio, los destinatarios de un nuevo género editorial.

El contenido es el de una historieta (sí, me gusta más la palabra castellana que la inglesa). Y el destinatario sería el adulto, o el joven entrado en años.

Por razones de orden y economía, tomo aquí el listado de rasgos definitorios que propone la entrada de la wikipedia  para definir qué es la novela gráfica y, puestos a modo de subtítulos, iré desarrollando los aspectos, señalados en dicha entrada, en función de la lectura de La Torre Blanca, novela gráfica de Pablo Auladell.

La Torre Blanca, de Pablo Auladell (2005), Ediciones de Ponent, Colección Crepúsculo.

La Torre Blanca, de Pablo Auladell (2005), Ediciones de Ponent, Colección Crepúsculo.

1. Formato de libro.

El ejemplar de La Torre Blanca que manejo aquí es el de la segunda edición, revisada y ampliada, que editó en Alicante, España, Ediciones de Ponent en el año 2010. Es un libro cuidado, de tapas blancas, papel y gráfica de muy buena calidad, con un diseño despejado y limpio de ornamentos. A las 92 páginas de la historia (que fue publicada por primera vez en 2005), esta edición agrega unas 18 páginas con un apéndice que lleva por título: La Torre Blanca: dudas y confesiones, donde el autor reflexiona sobre la factura de la obra, los orígenes y los posibles significados que tendría para él.

La novela se divide en once capítulos: I. Voramar; II. El Guardián; III. Bez; IV. Medusa; V. La Tonta del Cubo; VI. La Torre Blanca; VII. Calle del Mar; VIII. El Rey del Verano; IX. El muro; X. El fulgor; XI. El primer verano. Los nueve primeros capítulos nos cuentan sobre lugares y personajes. Los dos últimos se refieren a la discordancia y los conflictos entre el presente y el pasado (fulgores, primeros veranos) de la vida interior del narrador.

Interior de La Torre Blanca, el primer verano, a todo color.

Interior de La Torre Blanca, el primer verano, a todo color.

2. Un único autor y más raramente un grupo de ellos.

El autor integral de la obra es Pablo Auladell, ilustrador nacido en Alicante (1972), con una trayectoria de quince años que lo han colocado entre las figuras más destacadas de la ilustración en España, además de haberle permitido zanjarse una importante proyección internacional. En su página web encontrarán más información sobre el autor y el conjunto de su obra. También pueden repasar su blog, que de momento (y es una lástima) está inactivo.

Con un trazo inconfundible, apoyado en una imaginería que entremezcla elementos de las mitologías clásicas, bestiarios y representaciones figurativas con leves distorsiones al modo de Marc Chagal, su calidad como ilustrador se ha impuesto a partir de merecidos reconocimientos nacionales e internacionales.

3. Una única historia, extensa y con tendencia a la densidad.

La Torre Blanca es una historia unitaria. Narra la estadía de una semana de un hombre adulto que regresa al balneario de su infancia: Voramar. El mecanismo de narración es complejo. Por un lado, el hilo discursivo central lo dan las notas que el narrador va escribiendo en una suerte de bitácora de viaje. Allí, el protagonista va intentando recrear lo vivido, años antes, en esa playa mediterránea, donde ya nada parece ser lo que era cuando él, un niño tímido, incursionaba en los primeros enamoramientos adolescentes. Las notas cuestionan el presente del viaje así como el pasado de la infancia perdida, y van soltando reflexiones sobre el contraste entre los dos tiempos. Como lo escribe el narrador en su diario, su vuelta a “la calle del mar” es un intento por “escuchar el rumor de aquel tiempo, vagar por mi antiguo territorio sin buscar nada, y así poder quizá encontrar algo, recuperar entre los escombros, la antigua sorpresa”.

De forma magistral, las ilustraciones que propone Auladell juegan con el contraste entre los dos tiempos. Mientras que cualquiera podría pensar que lo normal a la hora de ilustrar los recuerdos sería pasar a unos colores sepias, o al blanco y negro, el autor invierte ese esquema (o prejuicio, o tradición, o cliché) y dibuja las escenas de la infancia, los recuerdos, sueños o pesadillas, en colores, mientras que reserva el blanco y negro para el presente del narrador. Así se nos transmite un claro mensaje: fue en el pasado, fue en “el primer verano”, donde la vida tuvo su color, mientras que en el presente la acción reviste una grisura apenas salpicada por el insistente carmín de los labios de una mujer, Medusa, el único personaje de la infancia del protagonista (a excepción de los personajes imaginarios) que aún permanece en el lugar de la acción.

Interior de La Torre Blanca: un tono de rojo.

Interior de La Torre Blanca: un tono de rojo sobre blanco y negro.

La novela va y viene desde pasado al presente, y viceversa.  Va y viene del color al blanco y negro, y así construye una visión melancólica de la infancia y una visión desencantada del mundo adulto. Pero esto ya corresponde al siguiente ítem wikipédico

4. Pretensiones temáticas de la Literatura con mayúscula, con recurso al subjetivismo autobiográfico, flash backs, diferentes tiempos narrativos, etc.

En distintos momentos de la narración, los diálogos hacen referencia a la “alta” literatura (Proust) o a la “retorcida” filosofía moderna (Heidegger): que esos diálogos se den entre el personaje central y lo que sería una reencarnación imaginaria de su unicornio de peluche (el guardián, lo llama el autor al titular un capítulo) muestra la fina ironía con que Auladell pretende abordar cuestiones de una densidad alta: la melancolía, las obsesiones que impulsan al artista, el avance desolador del progreso sobre el patrimonio histórico de la humanidad (y de la infancia), el lugar del sexo y el amor en el desarrollo biográfico de las personas, los conflictos de la adolescencia, los conflictos de hombres y mujeres cuando pasan de la juventud al mundo adulto…

La Torre Blanca es una narración poderosa (por el guión, por la ilustración, por la historia que se elige contar) en lo que respecta a poner al lector frente lo inconmensurable del destino y de la historia personal, la biografía, la vida, el mundo de la vida. Tiene, en esa perspectiva, un juego de proyección de las nostalgias del futuro propias de todos los veranos de la vida.

Hay un capítulo (y de nuevo, ahí, la fina ironía de Auladell) en la que el protagonista se encuentra con el rey del verano: un personaje imaginario. El diálogo entre el protagonista y el rey no tiene desperdicio. Es un juego de provocaciones. Algo similar había sucedido en el diálogo entre el protagonista y su guardian (sí, el unicornio de peluche). Se miden, en esos diálogos, las posibilidades de todo individuo de asimilar su pasado, su presente y su futuro, y poco importa, entonces, la calidad del color que le podamos dar a la memoria, a las mitologías, a las ilusiones de lo que habiendo podido ser, no fue, o fue de otra manera.

Interior de La Torre Blanco: cuando el rey del verano provoca la reflexión.

Interior de La Torre Blanco: cuando el rey del verano provoca la reflexión.

Hay un momento, en el capítulo II de la novela, donde se define la perspectiva de la historia narrada, y de la combinación de todos los tiempos narrativos, literarios o gráficamente representados. Es cuando el protagonista dialoga con el guardián. En un momento, que se muestra en una página entera, con nueve viñetas repartidas de a tres por línea (3 x 3 en la página), luego de un intercambio fuerte de información, el guardián advierte al protagonista: “…dicen que no se debe volver al lugar donde has sido feliz”. Eso está en la 3a. viñeta de la primera línea. Inmediatamente, en la primera viñeta de la segunda línea, el protagonista, dibujado en un primer plano, le responde: “Lo sé”. Las dos viñetas siguientes de la línea hacen un zoom de alejamiento. Las tres viñetas inferiores de la página continúan ese zoom llevando al personaje desde el primer plano a un plano general, donde una sombra lo cubre por completo. “Lo sé”, había dicho el protagonista, pero ese saber, así representado, no es más que una sombra que se abate sobre el hombre que volvió al lugar de su primer verano.

¿Qué sabe el protagonista en definitiva: que no se debe volver a un lugar donde se fue feliz o que él está volviendo a un lugar, la infancia, donde la felicidad era una promesa, a la vez que una prohibición? En esa línea continuará, obsesivamente, la historia, y la historieta, configurándose, sin dudas, como Literatura con mayúsculas.

5. Destinada a un público maduro o adulto.

La torre blanca es una novela gráfica destinada a todo público. Seguramente, un público maduro o adulto podrá leer en ella una cantidad de resonancias de su propia historia personal(izada). Pero eso no impide que un público juvenil, que transitó su infancia con todos los sabores y sinsabores veraniegos, pueda acercarse a esta novela gráfica disfrutando de un discurso emotivo y hondo: en lo literario, tanto como en lo gráfico.

Pienso que, en general, las novelas gráficas, en tanto género, tienen esa apertura a una diversidad de públicos, sin que cuente mayormente la edad del lector.

6. El último (hasta ahora) de los varios intentos hechos por el cómic de asaltar la fortaleza de la respetabilidad cultural.

No sé qué puede tener de respetable, hoy día, mucho de lo que tiene su “respetabilidad cultural” asegurada. Así y todo, el comic, la historieta, sí, la historieta, hace tiempo que se ganó el respeto de las audiencias.

Que autores de una gran calidad gráfica y literaria se acerquen al género no hace más que confirmar que la cultura respetable cada vez distingue menos sobre aquellas cuestiones de “alta” y “baja” cultura, y que, en todo caso, hoy día, la cultura, o al menos el sustrato comunicativo de ella, tiene la capacidad de no negarse a ningún género literario o artístico, allí donde el autor, el ser humano, sienta, y crea saber, que tiene algo importante para decir, y una fuerte obsesión con decirlo, sea del modo que sea.

Sésamo al seso: Taller online de Literatura Infantil

Hoy día conocemos al sésamo por su reluciente ubicación sobre los panes de las hamburguesas. Poco se sabe sobre larga historia del modo en que estas semillas llegaron al continente, traídas por los esclavos que las utilizaban para dar espesura y sabor a los distintos platos con los que se alimentaban.

Y así como la semilla de sésamo se debate, hoy día, entre ser el adorno de la hamburguesa estandarizada o ser el nutriente de una dieta diversa, del mismo modo pretendemos que las semillas de este taller hagan relucir y nutran los pensamientos y la sensibilidad –¡vaya, sí, el seso!– de quienes se abocan a servir un buen plato de literatura infantil: lectores, bibliotecarios, docentes, libreros y escritores.

 

Sésamo al seso

Toda la información sobre el taller en la web de Ártica

La literatura infantil ha crecido de modo sostenido en el último medio siglo y se ha afirmado en su diversidad. Lo ha hecho en tensión permanente: entre las imposiciones de la pedagogía y las del mercado, entre las tradiciones y el juego de las vanguardias, entre el moralismo del mundo adulto y la infantilización de sus contenidos, entre el dirigismo del ser ″para″ la infancia y el voluntarismo de ser literatura ″desde″ la infancia. En todo caso, la literatura infantil ha logrado despojarse del anatema de ser una subespecie de literatura, y ha conquistado la consideración crítica de su calidad: hay buena y mala literatura, y eso sin importar demasiado el adjetivo ″infantil″.

Toda la información sobre el taller (objetivos, destinatarios, fechas, duración, arancel, modalidad, metodología, requisitos, etcétera) está disponible en la web de Ártica: Centro Cultural Online. Las inscripciones también se hacen en ese sitio. Las plazas son limitadas (12). A los interesados, los espero por ahí.