Un libro, un abrazo

El próximo viernes, 23 de noviembre, será el lanzamiento del libro Cuentos rarófilos, donde se publica uno de mis cuentos junto a otros de Sergio López Suárez, Natacha Ortega, Virginia Brown y Fabio Guerra, todos ellos ilustrados por integrantes del colectivo Iluyos: Matías Acosta, Juan Manuel Díaz, Lucía Franco, Augusto Giussi, Sebastián Santana, Alfredo Soderguit y Denisse Torena.

La invitación es la siguiente:

Un libro, un abrazo.

Como explican los organizadores:

Un libro, un abrazo” es un emprendimiento de la Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad de la Intendencia de Montevideo. Tiene particular importancia porque constituye una oportunidad de empleo para jóvenes en situación de discapacidad. Ellos son quienes comercializan los libros y con estas acciones se difunde cultura uruguaya a precios accesibles. Es un programa que resulta de la articulación con la Biblioteca Nacional, Organizaciones de la Sociedad Civil y la Editorial Banda Oriental. Es ejecutado y coordinado simultáneamente por las Intendencias de Canelones y Maldonado.

“Un libro, un abrazo”, por suerte, ha funcionado muy bien desde hace algunos años editando títulos y poniéndolos a la venta a través de personas con diversas discapacidades (la gran mayoría muy jóvenes) al precio de 30 pesos. Un porcentaje de lo recaudado (aproximadamente la mitad) le queda como ganancia personal a estos vendedores, y el resto vuelve a un fondo para nuevas ediciones (los autores ceden su ganancia). Con cada título se publican 5.000 ejemplares en casi todos los casos. Los resultados son óptimos y de diversa índole, entre otros: difusión de autores, accesibilidad económica a esta literatura, e integración de personas discapacitadas, muchas de las cuales no encuentran otro contexto laboral.

A partir del año pasado se han integrado Canelones y Maldonado a Montevideo. La idea es ir sumando otros departamentos del interior que coordinen desde sus intendencias ONGs que trabajen en áreas similares.

Los autores publicados hasta la fecha son muchos: Delmira, María Eugenia, Juana, Bartolomé Hidalgo, Florencio Sánchez, de Mattos, Henry Trujillo, Mario Delgado, etc. y etc. Se ha publicado también un libro con literatura juvenil donde participaron: Magdalena Helguera, Gabriela Armand Ugon, Adriana Cabrera y Sebastián Pedroso.

Este año se editarán tres títulos: una antología de Rubén Lena, otro con crónicas de El Hachero, y uno con literatura infantil creada por los siguientes escritores: Virginia Brown, Natacha Ortega, Sergio López, Germán Machado y Fabio Guerra. Por iniciativa del grupo iluyos (Ilustradores uruguayos de literatura infantil) también contribuirán con sus ilustraciones para los cuentos Matías Acosta, Juan Manuel Díaz, Lucía Franco, Augusto Giussi, Sebastián Santana, Alfredo Soderguit y Denisse Torena.

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Suerte de colibrí

Hace unos meses, cuando estaba cuidando a un colibrí que encontramos en el jardín de casa, una persona me escribió, con cierta molestia, porque suponía que yo estaba haciendo uso del pobre animalito nada más que para escribir una historia.

Me reprochaba que yo hubiera calculado o supuesto “que el colibrí es un buen material para mantener a tu público interesado y quizás para una novela o un cuento”. Esta persona pretendía que yo cuidara al colibrí por el colibrí mismo, sin ningún otro fin que su cuidado. No sé hasta dónde eso puede haber sido así, pero que lo cuidé, lo cuidé; hasta donde pude.

De todos modos, ya en aquel momento, cuando el colibrí todavía vivía bajo mis cuidados, le respondí lo siguiente a mi interlocutor:

Lo he dicho varias veces: no me interesa tener al colibrí como mascota. Me gustaría que se recupere y que vuele (me temo que tiene un ala, la izquierda, lastimada). Si se recupera y vuela y se va, será mi alegría. En cuanto a tomar la experiencia del colibrí como material para una novela, te explico: todo, absolutamente todo lo que le sucede a un escritor, a la postre, filtros mediante, se traduce en escritura. No veas en ello nada malo.

A la postre, yo estaba en lo cierto. El colibrí nunca logró volar, pero la novela “Suerte de colibrí” entró a imprenta en estos días. Si todo va bien, en diciembre la tendremos en las librerías. Los filtros entre la historia real y la historia ficticia fueron muchos, pero sin aquella experiencia personal nunca hubiera escrito esta historia: eso es seguro.

Tapa de la novela Suerte de colibrí

Novela para niños y jóvenes. Edita Edelvives Argentina. La ilustración de portada y las de interiores son de Gustavo Aimar.

Ampliaremos información.

Rumbo al 17o. Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura (Resistencia, Chaco, Argentina)

Ya hace unos años que vengo siguiendo el trabajo que desarrolla la Fundación Mempo Giardinelli para el fomento de la lectura y para la promoción de planes nacionales de lectura en Argentina. Son esas experiencias de trabajo que deberían ser estudiadas y copiadas en todos lados. Experiencias que nacen de la sociedad civil y de la afición por la literatura y la lectura, y que terminan promoviendo políticas de Estado con impacto a gran escala, políticas para fomentar la lectura entre la población de todo un país.

Y hablando de escalas, este tipo de experiencia deja en claro que a menudo no se trata de amplitud de población ni de amplitud de presupuestos económicos, sino de una amplitud y una profundidad de miras. También, claro está, de convicciones firmes, tal como la expresa aquí el escritor Mempo Giardinelli, referente de esta organización:

“Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento es una sociedad culturalmente suicida. No sabrá jamás ejercer el control social que requiere una democracia adulta y seria. Que una persona no lea es una estupidez, un crimen que pagará el resto de su vida. Pero, cuando es un país el que no lee, ese crimen lo pagará con su historia, máxime si lo poco que lee es basura, y si además la basura es la regla en los grandes sistemas de difusión masivos. ”

(Mempo Giardinelli, en el prólogo del libro Leer por Leer)

Foro Chaco

Resistencia, Chaco, Argentina: del 15 al 18 de agosto de 2012

La Fundación Mempo Giardinelli tiene su sede en la ciudad de Resistencia (Provincia de Chaco). En esa ciudad se desarrolla, año tras año, en la tercera semana del mes de agosto, el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, una de las actividades con más destaque de entre las múltiples que desarrolla la Fundación. ¿En qué consiste este Foro?:

Desde hace 17 años la Fundación Mempo Giardinelli invita a escritores, editores, académicos, bibliotecólogos, traductores, ilustradores, pedagogos, comunicadores y lectores, a encontrarse para aprender unos con otros durante cuatro días, junto a un público de miles de personas que participan activamente de los debates. Este año 2012 la consigna es “Leer más literatura“, como llamado a profundizar la reflexión sobre la calidad de las lecturas que compartimos en hogares, aulas y bibliotecas. Y como estímulo para intensificar la amistad con los buenos libros de la literatura universal y nacional de todos los tiempos.

(Texto de la convocatoria al Foro)

Por esas cuestiones del azar, este año me han invitado a participar en el Foro. Tal como dice la convocatoria, iré para aprender con los otros invitados y con ese público ávido por “leer más literatura”. Y tal como lo dice el título de la mesa en la que me tocará participar, iré para aprender como es posible lograr “leer más poesía en la escuela”. Prometo, al regreso, volcar aquí algo de lo mucho que seguramente aprenderé.

Un día analógico: entrevista en La Diaria

A raíz de la nota que publiqué aquí sobre la situación de la LIJ actual, sobre el vínculo entre ilustradores y escritores y sobre otros temas relacionados, el periodista de la sección cultura de La diaria, José Gabriel Lagos, me entrevistó para ese periódico. Esta es la nota que salió publicada el lunes 30 de julio.

Entrevista en La diaria

Entrevista publicada en La diaria el 30 de julio de 2012

Lo que no entra por los ojos

El escritor Germán Machado cuestiona el rumbo de la literatura infantil y juvenil.

A principios de mes publicó en su blog un post titulado “¿Vamos los escritores a dejar la literatura infantil en manos de los ilustradores?”, que desató un atendible debate entre autores locales. Germán Machado (Montevideo, 1966) ha escrito poesía (Artes adivinatorias, Hendiduras, Hemograma completo), narrativa (El devorador de paisajes) y, por supuesto, literatura para niños, tanto en narrativa (El secreto de los Greenwall, Zipisquillas, Tamanduá killer) como en poesía (Ver llover, Garabatos y ringorrangos, La octava cerradura), que publicó en nuestro país, España y Argentina. El escritor accedió a dialogar con la diaria sobre lo que vertió en su blog.

-En tu post afirmás que lo visual estaría primando sobre lo textual en la literatura infantil por dos caminos: por un lado, las editoriales buscan entrarles más fácilmente a sus compradores a través de los ojos; por otro lado, estamos en una cultura en la que desde hace décadas prima lo audiovisual. ¿Te parece que el fenómeno está especialmente acentuado en nuestro medio?

-Mi post, en lo que refiere a los aspectos editoriales, considera una situación más global, que incluye básicamente a España y a Argentina, que son los medios que más conozco, además del uruguayo. En cuanto al predominio de lo audiovisual, es un fenómeno global. Las nuevas generaciones codifican y decodifican con más facilidad el lenguaje audiovisual que el escrito o el literario. En nuestro medio, en lo que refiere a los libros de literatura infantil y juvenil, hay dos situaciones paralelas: la de los libros que se hacen acá y la de los libros que se importan. En la de los libros que se hacen acá, cada vez se pone más cuidado en el aspecto visual (diseño e ilustraciones). Esa tendencia ya estaba presente en el resto del mundo, que es de donde nos venían los mejores libros ilustrados: de España, Argentina, México, Venezuela. Pero si vamos al punto específico de los libros para más chicos, considero que en Uruguay, y a nuestra escala, se da algo de lo que sucede en otros países. Pienso en el caso de una autora como Susana Olaondo, que debe de ser una de las que tienen mayor presencia en el mercado de literatura infantil y juvenil local, y que atiende a esa edad, la de los prelectores, menores de siete u ocho años. Ella prefiere identificarse como ilustradora antes que como escritora. Para ella el lenguaje visual tiene más importancia que el escrito. Lo digo sin hacer ningún juicio sobre la calidad de sus textos. La apuesta por sus libros fue fuerte de parte de su editorial. Su obra tuvo y tiene muy buena acogida en el público. Si voy a ponerme a criticar la calidad de los textos en la oferta de libros ilustrados, prefiero considerar los libros de autores extranjeros, que son bestsellers globales, que dibujan muy bien -aunque a veces respondiendo a muchos clichés-, incluyen ilustraciones muy vistosas, dispuestas en unos libros muy costosos, grandes, sofisticados, con mucho diseño de imagen, presentes en tres o cuatro formatos distintos, pero que se meten a escritores y lo que escriben es muy malo o, en el mejor de los casos, es completamente prescindible. Por suerte, también hay muy buenas propuestas de libros que vienen del exterior, de autores actuales que escriben e ilustran sus libros y hacen maravillas: pienso en Isol, en María Wernicke, en Roger Mello.

-¿Creés que el fenómeno también se da en la literatura juvenil o es más propio de los libros para niños pequeños?

-En Uruguay la literatura juvenil es un fenómeno incipiente y casi que no existe. No debe de haber más de cuatro o cinco novelas escritas para la franja de edad que va del fin de la primera adolescencia al inicio de la juventud (13 a 17 años), que es, además, la franja de edad en la que se pierden más lectores de literatura. Esas novelas no requieren ilustraciones. Otro asunto es el de las historietas, que tienen desde siempre mucho éxito entre adolescentes y jóvenes, justamente, por el predominio de la imagen. Ahora ha surgido la oferta de las novelas gráficas, que por lo general son adaptaciones de cuentos de autores clásicos ilustrados o adaptaciones de novelas clásicas. Me parece que está muy bien eso cuando se lo hace con cuidado. Pero aquí, de nuevo, pienso que la cuestión es hacer buena literatura. Un autor como Camilo Baráibar escribió la que para mí es una novela prototípica de lo que sería la literatura juvenil uruguaya: Médanos. Muy buena literatura. Sin embargo, tuvo dificultades para seguir trabajando en esa línea. Y es que el problema ahí es otro, no tanto el de la imagen sino el de los mediadores y el de las apuestas editoriales. Como la literatura juvenil no ha prendido, tampoco hay escritores haciéndola con rigor. En cuanto se vea que hay allí un terreno fértil, cuando las editoriales apuesten más en esa dirección, surgirán escritores para cubrir ese campo. Esperemos que con la misma calidad que tiene la novela de Baráibar.

-El año pasado decías en estas páginas que te llamaba la atención la falta de libros de poesía para niños y de libros-álbum.

-Por suerte han cambiado algunas cosas en lo que refiere al libro-álbum. Hubo una apuesta por parte de editoriales locales, como Banda Oriental, que sacó una colección con cinco títulos, o Fin de Siglo, con un par de libros, la aparición de Criatura Editora, con algunos títulos, y se mantuvo el trabajo de las editoriales extranjeras con sede aquí, a pesar de la crisis en las casas matrices. De todos modos, sigue habiendo un déficit en la elaboración de propuestas de calidad en lo que refiere a libros que articulen texto e imagen. Se hacen cosas buenas, pero pocas. Con la poesía la situación es diferente. Está generalizada la idea de que no vende y está generalizada la idea de que la poesía no gusta a los niños: hay algo de verdad en ambas ideas, pero allí lo que falta es un trabajo muy grande de mediación. Mientras los adultos no lean poesía, los niños no la leerán y las editoriales no la editarán, o la editarán muy poco. No obstante, en mi experiencia personal, cuando un mediador preparado acerca la poesía a los niños, ésta les gusta. Y en todo caso, lo que me interesa hoy día es que se hagan buenos libros, más allá de este género o de aquel otro. Libros bien escritos, bien ilustrados, bien diseñados, bien editados y que se difundan bien para que sean bien leídos. Un libro de poesía para niños hecho así tendrá buena acogida.

-Decís también en tu post que la literatura para niños corre el riesgo de quedar en manos de los ilustradores, lo que la volvería “menos literaria”. ¿Qué te parece que se puede hacer desde afuera de la industria editorial para evitarlo?

-El título de ese post fue una provocación. Escribí el artículo para continuar un debate a propósito de un artículo de la española Ana Garralón que demandaba escritores que escribieran bien, dado que los textos publicados no están a la altura del trabajo de los ilustradores. Mi entrada en el blog termina diciendo que aquí tenemos un grupo de escritores de literatura infantil y juvenil preocupados por hacer buenos libros. Y, por cierto, los escritores no estamos en conflicto con los ilustradores. De hecho, la mayoría de los comentarios en mi blog son de ilustradores uruguayos. Todos muy respetuosos, sabedores de que los problemas mayores de los autores están en las etapas anteriores o posteriores a la de la creación. Pero es cierto que corremos el riesgo de que la literatura pierda calidad. Eso es patente. El acto creativo de leer tiene muchos competidores a la hora del ocio. Para evitar la pérdida de calidad literaria en los libros para niños y jóvenes, los creadores y los editores deben cuidar el trabajo y hacerlo a conciencia, con buenas ideas, con honestidad, preocupados por la obra, por el lenguaje, por los destinatarios. Hacer eso lo mejor posible. Desde afuera, lo que se necesita es formar buenos lectores y en todos los niveles: buenos lectores entre los padres que eligen libros para los chicos, buenos lectores entre los maestros, profesores y bibliotecarios que eligen libros para ofrecer a los estudiantes, buenos lectores en los medios de comunicación y buenos lectores entre los niños. Hay un trabajo de formación que en Uruguay no se está haciendo. La literatura infantil y juvenil no tiene presencia en la universidad y apenas la tiene en los ámbitos de formación docente. No tenemos revistas especializadas. Apenas tenemos ámbitos de intercambio y debate entre creadores y productores, y entre creadores y mediadores. En la última Feria del Libro Infantil y Juvenil se hizo, después de casi una década, un encuentro regional y no fue mucha la gente que se acercó. Quizá sea un primer paso. Pero lo cierto es que nos falta mucho en esa dirección. No es casualidad que la discusión que se generó ahora, y que continúa, haya sucedido en internet. Fue un intercambio entre gente de la literatura infantil y juvenil de España, de Argentina, de México y de otros países hispanohablantes, donde se ven más acuciantes algunos problemas que aquí no se perciben con tanta claridad. Así y todo, la entrada de mi blog tuvo más de 1.600 visitas en 20 días. Y si bien más de la mitad de esas visitas provino de Argentina y de España, me alegra saber que el blog convocó a un buen número de lectores uruguayos preocupados en estos temas. El asunto está arriba de la mesa: ahora hay que ver cómo seguir.

Un libro, un abrazo

Recibo un correo de Sergio López Suárez con esta noticia, de la que soy parte, y la transcribo aquí (añadiendo algunos enlaces):

“Un libro, un abrazo” es un emprendimiento de la Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad de la Intendencia de Montevideo. Tiene particular importancia porque constituye una oportunidad de empleo para jóvenes en situación de discapacidad. Ellos son quienes comercializan los libros y con estas acciones se difunde cultura uruguaya a precios accesibles. Es un programa que resulta de la articulación con la Biblioteca Nacional, Organizaciones de la Sociedad Civil y la Editorial Banda Oriental. Es ejecutado y coordinado simultáneamente por las Intendencias de Canelones y Maldonado.

“Un libro, un abrazo”, por suerte, ha funcionado muy bien desde hace algunos años editando títulos y poniéndolos a la venta a través de personas con diversas discapacidades (la gran mayoría muy jóvenes) al precio de 30 pesos (NdE: el equivalente a un dólar y medio). Un porcentaje de lo recaudado (aproximadamente la mitad) le queda como ganancia personal a estos vendedores, y el resto vuelve a un fondo para nuevas ediciones (los autores ceden su ganancia). Con cada título se publican 5.000 ejemplares en casi todos los casos. Los resultados son óptimos y de diversa índole, entre otros: difusión de autores, accesibilidad económica a esta literatura, e integración de personas discapacitadas, muchas de las cuales no encuentran otro contexto laboral.

A partir del año pasado se han integrado Canelones y Maldonado a Montevideo. La idea es ir sumando otros departamentos del interior que coordinen desde sus intendencias ONGs que trabajen en áreas similares.

Los autores publicados hasta la fecha son muchos: Delmira, María Eugenia, Juana, Bartolomé Hidalgo, Florencio Sánchez, de Mattos, Henry Trujillo, Mario Delgado, etc. y etc. Se ha publicado también un libro con literatura juvenil donde participaron: Magdalena Helguera, Gabriela Armand Ugon, Adriana Cabrera y Sebastián Pedrozo.

Este año se editarán tres títulos: una antología de Rubén Lena, otro con crónicas de El Hachero, y uno con literatura infantil creada por los siguientes escritores: Virginia Brown, Natacha Ortega, Sergio López, Germán Machado y Fabio Guerra. Por iniciativa del grupo iluyos (Ilustradores uruguayos de literatura infantil) también contribuirán con sus ilustraciones para los cuentos Matías Acosta, Juan Manuel Díaz, Lucía Franco, Augusto Giussi, Sebastián Santana, Alfredo Soderguit y Denisse Torena.