Nunca terminaré de leer este libro, porque ya lo leí: YA. NUNCA, de Grassa Toro y Cecilia Moreno


UNO. No siempre los libros con mayor cantidad de texto son los que duran más en la lectura. Así funciona la ley densidad en cuestión de libros.

YA. NUNCA. Grassa Toro, textos, Cecilia Moreno, ilustración. Edición de A buen paso, Barcelona, 2015.

YA. NUNCA. Grassa Toro, textos, Cecilia Moreno, ilustración. Edición de A buen paso, Barcelona, 2015.

DOS. A contracorriente de lo que creen muchos, pienso que las lecturas breves son las más duraderas. El libro YA. NUNCA tiene 44 páginas, 28 ilustraciones (según cómo se cuenten, porque el libro contiene un juego de páginas caladas que puede hacer mutar algunas ilustraciones y convertirlas en otras), 34 líneas (¿versos?), 117 palabras (incluyendo las dos del título). No tiene portadillas. No tiene guardas. Los datos de registro están en la contracubierta. En la cubierta aparece una casa construida en altura. Mediante una pequeña escalera se accede a una pequeña puerta. La puerta está cerrada, pero vemos una gran ventana con sus postigos abiertos de par en par, y en el interior de la casa se adivina la vegetación de dos árboles: uno crece desde el techo, otro desde el piso. Tanto la casa como los troncos de los árboles son de color negro. Las hojas de los árboles son de color amarillo: el mismo color del humo que sale por dos chimeneas recortadas sobre el tejado. La tapa del libro es intrigante: desde antes de entrar al libro se nos ofrece, en dos palabras y en una imagen, una simetría imposible. La simetría de dos adverbios de tiempo: ya, nunca. La simetría de dos árboles que crecen hacia arriba y hacia abajo. La simetría interna de la palabra hogar: casa / estufa (¿y si la casa que aparece en cubierta fuera una salamandra?, ¿y si el libro al que entramos con el afán de ventilar algo terminara por quemarnos?). Y es como si esas dos columnas de humo, esas señales de humo, que emergen por sobre el tejado, nos avisaran que si entras a este libro, el calor de la química de la poesía y de la termodinámica de las ilustraciones modificará la estructura molecular de tu sensibilidad y de tus pensamientos. El que toca este libro, toca una metamorfosis. Ya no serás como antes. Nunca habrás sido igual. Así me precipito en este libro.

TRES. Entras al libro sin preámbulos. Lo dijimos: el libro no tiene guardas. Entras a este libro y no hay quien te guarde: tampoco hay marcha atrás. Ah, la irreversibilidad de ciertos actos. Las dos primeras líneas del libro están en el reverso de la cubierta. Están en letras mayúsculas. Todo el texto del libro apuesta a una tipografía de letras mayúsculas, como si la voz que habla, más que hablar, quisiera gritar. También marca las palabras NUNCA y YA con un tamaño de fuente más grande y en negritas. Así se entra en algunos libros.

CUATRO. Las dos primeras líneas, esos dos primeros versos del texto de Grassa Toro, dicen:

NUNCA
NACERÉ

En el reverso de la cubierta, donde están inscriptas esas palabras, vemos una ilustración. Es la silueta, negro sobre blanco, de un diente de león al que se le están volando algunas semillas. La imagen ya encierra una contraposición entre texto e imagen. El adverbio nunca, que habla de un tiempo imposible, de un no-tiempo, contrasta con el movimiento, el viento, que sugiere en la imagen el transcurso de una irreversibilidad: la semilla que vuela ya no es el diente de león, ya no integra la flor. Dados ciertos movimientos, es claro, no hay vuelta atrás. También contrasta con la sugerencia simbólica de la fuerza de deseo que propone siempre un diente de león soplado por el viento. Y el texto, en sí, encierra una contradicción, porque hay allí formulada una paradoja: la voz que habla afirma una negación; es como si esa voz naciente se negara a sí misma. ¿Cómo puede hablar algo/alguien que afirma que no habrá de nacer nunca? ¿Cómo puede nacer un libro que dice que no nacerá? Así nace una confusión, así se confunde un nacimiento. Así el arte de las paradojas.

Interior. Doble o cuádruple página (si tomamos a la página con la silueta calada como una doble página inserta entre las otras dos).

Interior. Doble o cuádruple página (si tomamos a la página con la silueta calada como una doble página inserta entre las otras dos). “Nunca naceré. Ya he callado”.

CINCO. El reverso de la cubierta está en contraposición y complementación con la primera página del libro. Esa primera página es una silueta humana: la página está calada, recortada, y dibuja una figura humana que asoma (¿brota?) por detrás de unos matorrales. Si damos vuelta esa página calada (idéntica de un lado y del otro, aunque respetando el eje de simetría), vemos que cambia el ángulo de visión del personaje que asoma. En la página siguiente aparecen dos nuevas líneas. Dicen:

YA
HE CALLADO.

De un lado había un diente de león. Del otro, entre paréntesis, por debajo del YA y por encima del texto “HE CALLADO”, se dibuja la silueta de un grillo. La figura humana, escondida entre los matorrales, mira alternativamente a un lado y al otro del juego adverbial: NUNCA NACERÉ / YA HE CALLADO. Mira alternativamente al juego simbólico que sugiere el diente de león (¿el deseo?) o el que sugiere el grillo (¿lo efímero del canto?). Nosotros, los lectores, desde ese abrupto comienzo, no podremos dejar de mover la imagen humana a un lado y al otro de la página, y no podremos dejar de preguntarnos, ya nunca, cómo es posible que alguien, algo, que no ha nacido, que ya ha callado, vaya a decirnos algo, algo extraño, algo misterioso, algo inquietante, algo importante (sobre el nacer, sobre el hablar, sobre el cantar, sobre el movernos, sobre lo irreversible de la acción humana), algo que exige la máxima atención de los sentidos (mirar, tocar, oír) y la máxima tensión del pensamiento (descifrar, contradecir, recortar la silueta paradójica de lo pensable y de lo impensable, de lo decible y de lo indecible). Así entramos en estado de poesía.

“Ya he mentido. Nunca construiré nidos.”

SEIS. Cada verso, en cada página (o doble página según el caso), comienza alternativamente con uno de estos dos adverbios de tiempo: NUNCA o YA. Eso se cumple en todo el libro con una sola excepción (a mitad del poema hay dos versos seguidos que inician con el adverbio YA). Cuando los versos comienzan con el adverbio NUNCA, el verbo está conjugado en futuro: NUNCA habrá futuro. Cuando los versos comienzan con el adverbio YA, el verbo está conjugado en un pretérito perfecto compuesto, con lo cual se afirma que la acción mentada YA ha acabado en relación con el presente desde el que se habla. Y así, en la alternancia de los versos iniciados en NUNCA y en YA, lo que se tensiona es el tiempo presente en sí: tanto el futuro (¿de verdad no habrá futuro?) como el pasado (¿de verdad ya se ha acabado?) resultan cerrados, pero sin embargo hay una voz que habla aquí y ahora, una voz que nos dice que en los pliegues de este libro, en el calado de las páginas, en el movimiento de superposiciones de las imágenes que alteran y modifican la ilustración a un lado y otro de cada caladura, hay algo que pugna por moverse, por estar, por ser: algo como lo que se mueve en los intersticios del tiempo del decir, del leer y del pensar. Así vive un poema: a favor de la angustia, y en su contra:

“Ya he escuchado cantar un pájaro / Nunca me quedaré dormido en el fondo del mar”
“Nunca volveré a cerrar la nuez / Ya he descubierto donde termina la calle”.

Así seduce el ritmo de las redundancias y las alternancias.

¿Pájaro o señuelo? ¿Rejas o follaje? ¿Libertad o mecánica de la lectura de imágenes?

¿Pájaro o señuelo? ¿Rejas o follaje? ¿Libertad o mecánica de la lectura de imágenes?

SIETE. Cada ilustración de este libro encierra otra ilustración posible. Es como si las ilustraciones de Cecilia Moreno NUNCA estuvieran del todo definidas, porque al mover las páginas, caladuras mediante, descubrimos que lo que veíamos al principio YA no es como era. Me detengo en una de las ilustraciones centrales. Es una doble página donde se dibuja el follaje de un árbol en el que aparecen dos pájaros enfrentados (a un lado y al otro de la página). Superpuesta entre esa doble página, otras dos páginas caladas, completamente negras, como si fueran las ramas o las sombras de las ramas del mismo follaje, o como si fueran los barrotes de una jaula. Se dibuja así una suerte de cuadrícula que alternativamente puede cubrir una de las páginas o la otra, o incluso las dos a la vez, si la doble página calada estuviera abierta sobre la otra doble página. Según el calado y la posición de las páginas descubrimos, por ejemplo, que uno de los pájaros, el del lado derecho, tiene un mecanismo de cuerda sobre su blanco plumaje, a la espalda: ¿jaula o árbol?, ¿pájaros de verdad o pájaros de juguete?, ¿lectura mecánica de las imágenes del libro o lectura de libre vuelo? Al juego de las paradojas que propone el poema en el contenido textual se superpone este juego de paradojas que propone la ilustración: se superpone, y cuando pareciera estar enmarcando el texto, en realidad le da vuelo. O al revés. Así se ilustra un libro de poesía.

NUNCA. El adverbio nunca, por más negativo que resulte, no deja de encerrar una promesa. Es sabido que quien dice “nunca” se compromete a hacer algo: porque en el juego de las paradojas del lenguaje, la negación performativa es a la vez una afirmación, un compromiso. Quien dice “nunca”, quiéralo o no, estará diciendo “siempre”.  Así nos mueven las contradicciones, así nos sacude este libro.

YA. Toda lectura encierra una inmediatez respecto de lo leído: “ya lo leí”. Punto. Pero quien dice que ya ha leído algo, traza una distancia respecto de la lectura en cuestión. Un alejamiento en el tiempo. La lectura del libro “YA. NUNCA” juega también con esa tensión, con esa doble necesidad: la de apropiárselo de inmediato en cuanto entramos en él y la de distanciarnos por un tiempo para poder procesar el cimbronazo que nos provoca incursionar en la poesía que nos ofrece la lectura: poesía verbal, poesía visual, poesía diseñada, poesía editorial.

YA. NUNCA. Hay libros que antes de ser libros cargan con un NUNCA en su proyección. Hay libros como que nunca podrían ser publicados: por su potencial dificultad para ser diseñados editorialmente, por su potencial dificultad para ser leídos, entendidos, comprendidos, disfrutados. Hay libros que, paradoja de las paradojas, miedo y temor de los valientes, nunca serían tales si no mediara en este mundo de libros imposibles gente que gusta de desafiar a los NUNCA con un YA. Así agradecemos este libro, a sus autores, a su editorial, y a los futuros lectores que NUNCA lo terminarán de leer, una vez que YA lo hayan leído.

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Listas, listas, maravillosas listas: “La llista d’aniversari”, de Anna Manso

No acabamos de entrar en la vida y ya compartimos la experiencia de las listas. La nurse en el sanatorio lleva un listado de los recién nacidos, que por lo general tienen un nombre elegido por sus progenitores en una lista discutida durante meses. Y será ese nombre el que decidirá, en el orden de la lista de los alumnos de la clase, si vamos a sentarnos en los primeros o en los últimos pupitres del salón escolar.

En el origen de la literatura está ese gran listado de héroes y dioses que es La Ilíada. Luego, claro está, las ciencias progresaron con sus taxonomías: esas listas ordenadas de especies, géneros, familias, órdenes, clases… de vegetales, de animales, de minerales, de… Y la tabla de los elementos, cierto, la dichosa tabla de los elementos.

Los diccionarios son listas ordenadas de palabras, puestas una después de otra según como avanzan de acuerdo con una lista ordenada de letras: el abecedario. Los vademécum listan medicamentos para que el farmacéutico no se pierda en el catálogo de las enfermedades y de sus posibles remedios, o placebos. Y en los tiempos líquidos de las tecnologías de la comunicación echamos un poco en falta aquellos gruesos volúmenes de las guías telefónicas.

Desde el más grande hasta el más pequeño, cualquier proyecto implica listar una serie de objetivos, metas, actividades… Yo, por lo pronto, cuando proyecto salir de compras, no soy capaz de hacerlo sin hacerme una lista de lo que debo comprar; claro que ahora no la anoto en ningún papelito: la confecciono directamente en el bloc de notas de mi teléfono móvil.

¿Quién no hizo alguna vez una lista?

¿Quién no hizo alguna vez una lista? “La llista d’aniversari”, página interior.

La literatura infantil juega mucho con las listas. Los grandes cuentos para los más pequeños tienen por lo general una estructura acumulativa donde una misma acción se repite siguiendo una lista de posibles personajes secundarios que ofrecen al protagonista la posibilidad, o imposibilidad, de lograr el objetivo que la acción persigue.

La llista d'aniversari, de Anna Manso, con ilustraciones de Gabriel Salvadó. Editorial Cruïlla, Barcelona, 2010.

La llista d’aniversari, de Anna Manso, con ilustraciones de Gabriel Salvadó. Editorial Cruïlla, Barcelona, 2010.

Y a los lectores, a mí al menos, me encantan los cuentos y las novelas en las que las listas se hacen explícitas. Veamos una:

  1. Bañarme en la charca de los patos del parque.
  2. Aprender a hacer una voltereta triple mortal.
  3. Salir en la tele.
  4. Teñirme los cabellos de color rosa.
  5. Tocar un tigre
  6. Comer sopa de Navidades el día de mi cumpleaños.
  7. Dormir dentro de una tienda de campaña en el patio de la escuela con mis amigos.
  8. Desplegar un rollo de papel higiénico en el camino desde casa hasta la casa de Paula, mi mejor amiga.
  9. Subir al edificio más alto de la ciudad y lanzar cien aviones de papel.
  10. Un hermano.

Esa es la lista que confeccionó la protagonista del libro “La llista d’aniversari”, de Anna Manso. Una niña muy avispada, que gusta de hacer listas y que comienza a escribir la lista de regalos que desea que le regalen unos días después de Reyes y unos meses antes de su cumpleaños. Sucede que los padres, asustados ante la afición de la niña a las listas, le ponen una condición: que los regalos que vaya a pedir no sean cosas materiales, porque tal como se lo anuncian en una reunión familiar, ella ya tiene suficientes cosas.

Con ingenio, la niña, de la que no sabremos su nombre y que relata toda la historia en primera persona, confeccionará esta lista. Y será el cumplimiento o no de sus deseos, ordenado de acuerdo con el decálogo antes transcripto, el que dará forma a un relato entretenido, ágil y con mucho humor. Un humor tan bien logrado en el texto como en las ilustraciones, con las que Gabriel Salvadó logra dar cuerpo y gestualidad a un personaje que desde el comienzo, cuando hace su lista, hasta el final, cuando vuelve a confeccionar una nueva lista, nos recuerda que el infinito, como el ingenio o como los estados de ánimo, puede estar perfectamente ordenado o desordenado, y que tanto una posibilidad como la otra, caben en una lista.

El libro lo leí en catalán, pero hay traducción al castellano. Se recomienda para primeros lectores, aunque me inclino a pensar que puede ser muy disfrutable su lectura en conjunto. Y por cierto, es el primer libro de Anna Manso que leo, y ya tengo una lista de lecturas confeccionada para seguir con su amplia obra…

LA LLISTA D’ANIVERSARI
Texto: Anna Manso
Ilustraciones: Gabriel Salvadó
Editorial Cruïlla. Col. El Vaixell de Vapor. Sèrie Blanca
Barcelona, 2010. Quinta edición, 2015.
Hay edición en castellano: “La lista de cumpleaños”.

“Una nit bestial”, cuento de Meritxell Martí y Xavier Salomó

Cuando era niño le tenía miedo a la oscuridad. No a cualquier oscuridad: le tenía miedo a la oscuridad de la calle. Tengo un recuerdo muy nítido de esa experiencia. Era en verano, en el balneario donde pasábamos las vacaciones. Yo volvía de una cancha de voleibol donde solíamos pasar la tarde y la noche. La cancha estaba a tres calles de mi casa. El balneario no estaba urbanizado y no había luces en las calles, que eran de balastro. El Bosque, se llamaba el balneario. Era una noche sin luna. Yo sentía miedo caminando esos escasos 300 metros que separaban la cancha y la casa. Miedo de verdad. Miedo del que te queda grabado para siempre, y que cada tanto revive con nuevas formas.

Al leer “Una nit bestial”, este cuento de Meritxell Martí ilustrado por Xavier Salomó, recordé aquello, recordé esto, y lo reviví, ahora, con el alivio distante que siempre regala la buena lectura.

Una nit bestial, 2008, de Meritxell Martí y Xavier Salomó. Editorial Cruïlla (Grupo SM).

Una nit bestial, 2008, de Meritxell Martí y Xavier Salomó. Editorial Cruïlla (Grupo SM).

La historia comienza con un niño y una madre que regresan por la noche a su casa. Van en coche. Atraviesan el bosque por una carretera deshabitada. Conversan sobre muchas cosas, pero todo apunta a que conversan para espantar un miedo que sobrevuela la noche y se cuela adentro del auto. Un miedo al que la conversación puede mantener a raya.

A medida que avanzan por la carretera oscura, se van cruzando con distintos animales: primero un zorro, luego un erizo, una familia de patos, una lechuza, una serpiente, un jabalí, una ardilla herida, el perro de un vecino. No se cruzan con ningún auto. Y eso, la soledad de la carretera poblada de animales, genera un misterio que alimenta tanto la conversación de madre e hijo, como el miedo que la noche azuza en medio de la oscuridad y la extrañeza.

Doble página interior: ¿un incendio en el bosque?

Doble página interior: ¿un incendio en el bosque?

Cada cruce con un animal es un episodio en el transcurso narrativo que va acumulando tensión y suspenso. ¿Qué sucede en el bosque que hay tantos animales dando vueltas y atreviéndose a cruzar la carretera? ¿Qué sucede que no hay autos en la carretera? Postergar las respuestas a estas preguntas son la clave que sostiene en vilo la lectura atenta, el querer saber más del lector bien enganchado.

Lo genial de la puesta en página de esta historia está dado por la combinación de dos relatos. El del recorrido en auto sería el “relato uno”, narrado únicamente mediante los diálogos entre made e hijo. A medida que avanzamos en la lectura, y que acompañamos el recorrido en coche de nuestros personajes, cada vez que ellos se cruzan con un animal y comentan el episodio, nos encontramos, inmediatamente, una doble página ilustrada, sin texto, que nos muestra, en retrospectiva, que durante el día hubo un pájaro mensajero repartiendo cartas en el bosque. Luego del encuentro con el zorro, en el primer episodio del “relato uno”, tenemos una doble página que ilustra cómo el pájaro dejó una carta en la casa del zorro. Lo mismo sucederá con el erizo, la familia de patos, la lechuza, la serpiente, el jabalí, la ardilla herida. He ahí un segundo relato, el “relato dos”, que avanza sin palabras mediante las ilustraciones, siempre geniales, de Xavier Salomó, y que genera otra línea de misterio: ¿qué son esas cartas?, ¿acaso contienen la clave del misterio del “relato uno”?, ¿nos explicarán al final por qué esta noche hay tantos animales en la carretera?

Doble página Interior. Sin texto. La imagen contando la historia secreta.

Doble página Interior. Sin texto. La imagen contando la historia secreta.

En la primera de las “Tesis sobre el cuento”, Ricardo Piglia afirma que un cuento siempre cuenta dos historias. Hay una historia que se cuenta en la superficie (para el caso de “Una nit bestial”, la historia del regreso a casa por la noche, el “relato uno”), mientras que hay otra historia que se construye en secreto (para el caso, la historia de las cartas repartidas entre los animales del bosque, el “relato dos”). “Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario”, dice Piglia, y agrega: “El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie”, con lo cual se dilucidan a la vez los dos relatos.

En este libro, lo que más me gustó, y me parece una ocurrencia buenísima (no recuerdo haberlo visto así logrado en otros libros dirigidos a primeros lectores: así, con esa combinación de relato dialógico e ilustración silenciosa en retrospectiva), es que la historia secreta se cuenta con ilustraciones que se intercalan, a doble página, sin texto, allí donde narrativamente están los puntos de sutura entre las dos historias. Ilustración y escritura (que van de la mano durante todo el relato, o mejor dicho: durante los dos relatos y la historia única) se fusionan al final, cuando se nos revela el secreto de las cartas repartidas por el pájaro-cartero, y así de dilucidan, en un solo movimiento, y con un toque de humor (que está presente en todo el relato, porque se sabe que es un buen antídoto frente al miedo), las dos historias, que no dejan de ser una y la misma.

La escritura de Meritxell Martí fluye en el diálogo y tensiona la narración, y las ilustraciones de Xavier Salomó refuerzan ese juego de suspenso con una economía gráfica que, a la vez de alimentar lo sofisticado del juego narrativo, aligera el relato, pero sin dejarnos perder detalle y sin disminuir en nada el suspenso que genera la lectura. Escritora e ilustrador hacen un tándem genial, sin dudas, para acometer un libro que fue publicado en 2008 y ya va por la cuarta edición (en catalán, hay otra en castellano), confirmando así que la buena literatura se abre camino cuando está bien tratada y cuando aborda asuntos intensos y básicos de la infancia que, tal como empecé esta nota, dan cuenta de experiencias arcaicas nunca del todo domeñadas.

UNA NIT BESTIAL (2008, 4ª. Edición, 2015)
Meritxell Martí, texto.
Xavier Salomó, ilustración.
Editorial Cruïlla (SM). Colecció El Vaixell de Vapor Blanc, Primers Lectors.
Català (Hay edición en castellano: Una noche bestial.)