Matador: un pensamiento sobre lo incorrecto

En una entrevista de 1975, el argentino Juan Filloy hablaba de la necesidad de los escritores de llevar un manicomio adentro.

Él creía que si un escritor solo tiene en su cabeza a una población de personas correctas, una ciudadanía pulcra y ejemplar, su escritura sería monótona e insoportable, porque “la vida correcta es lo más estúpido que hay”.

Desgraciadamente, esta prédica no tiene hoy día mucha andadura en la LIJ. Pedimos corrección, pulcritud, ejemplaridad a cada página. Libros que abordan aspectos de la crueldad de la infancia o caracteres anormales no prosperan con facilidad, si es que llegan a prosperar.

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Nos cuesta tanto aceptar lo que propone un libro como este MATADOR: aceptar eso de que en la infancia, a veces, hacemos cosas equivocadas, incluso crueles, muy crueles. Y que confesarlas nos da mucha vergüenza. Y que esa vergüenza —justamente, esa vergüenza— nos lleva a cometer otros errores, peores errores, crueldades aún más crueles.

Y sin embargo, es cuando recogemos ese guante que nos lanza la anormalidad, la incorrección, lo díscolo, lo perturbador, lo desaliñado, justamente, en ese momento, es cuando tenemos una buena historia, fuerte, potente, removedora, sorprendente y que nos deja pensando mucho tiempo. Pensando, incluso, en el sustento a largo plazo de la maldad y de la bondad.

MATADOR, del escritor brasilero Wander Piroli (1931-2006) y del ilustrador Odilon Moraes. Editorial Babel, Colombia, 2015.

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