¡Ellen Duthie me sacó de las casillas!

El viernes pasado, por la mañana, asistí a la conferencia que dio Ellen Duthie para la apertura de las IV Jornadas de Laboratorios de Lectura que organiza la biblioteca Roca Umbert, de Granollers.

El título de las jornadas era “¿Cuál es la pregunta?”, y como bien explicó la coordinadora de las jornadas, Glòria Gorchs, bibliotecaria del área infantil de la Biblioteca Roca Umbert, el programa iba destinado a abordar el asunto del rol de los mediadores de lectura.

quina es la pregunta

¿Cuál es la pregunta? Glòria Gorchs inaugura las IV Jornadas

La etiqueta #brulab16 se corresponde con el nombre de la biblioteca y con esa experiencia genial de los “laboratorios de lectura”, conducidos por un núcleo de las bibliotecarias de LIJ de Catalunya, quienes organizaron las primeras jornadas en 2012, las segundas jornadas en 2013, las terceras jornadas en 2014 y, por motivos desgraciadamente presupuestales, se vieron obligadas a convertir en bienales estos encuentros tan enriquecedores para el gremio, haciéndonos esperar hasta este año para una nueva edición. Como un dato anecdótico pero muy elocuente sobre la necesidad de este tipo de jornadas, algo sobre lo que las autoridades deberían tomar nota, quiero destacar que el cupo de participantes es reducido (unas 80 personas), y que apenas una hora después de abrir las inscripciones por la web, ya estaba completo. La organización de las jornadas es impecable. Un cuidado en la programación y en cada uno de los detalles hacen que las instancias de encuentro se vivan como una fiesta: una fiesta de la reflexión crítica sobre el trabajo diario en torno de la LIJ.

Como las jornadas van dirigidas básicamente a bibliotecarias (me encantaría jugar con eso de marcar el género poniendo as/os, pero desgraciadamente, los hombres, en esta oportunidad, brillaban por su ínfima presencia), y como el temario de estas Cuartas Jornadas iba enfilado hacia el asunto de la mediación, asistí a la conferencia con la cabeza ubicada en esas casillas: las de los roles de mediación de lectura con niños y jóvenes. Y como el tema era el de las preguntas, el carácter de las preguntas, iba muy dispuesto a escuchar esa conferencia inicial (desgraciadamente, fue a la única actividad de las jornadas a la que pude asistir) con la perspectiva de repasar todas las ideas que Ellen Duthie viene desarrollando, teórica y prácticamente, en torno del proyecto de Filosofía Visual con Niños, Wonder Ponder.

ellen en acción

Ellen Duthie en acción

Si las jornadas preguntaban por cuál es la pregunta, era de esperarse que Ellen Duthie, en su conferencia titulada “Contar y pensar. El diálogo filosófico con niños a partir de la literatura infantil”, se explayara en comentar la lógica dialógica que encierra su trabajo con Wonder Ponder y también su propia experiencia como mediadora de lectura en torno al trabajo de años de combinar literatura para niños y filosofía, tal como lo describe en sus blogs “Filosofía de cuento” y “Filosofía a la de tres”. Lo hizo, claro que sí. Pero hizo algo más, y eso, ese algo más que hizo, me sacó de las casillas.

En determinado momento, Ellen interrumpió su conferencia y leyó un cuento: “Silvestre y la piedrecita mágica”, de William Steig (New York, 1907 – Boston, 2003), cuento con el que su autor ganó la prestigiosa Medalla Caldecott, pero que actualmente, y en el mundo hispanohablante, es conocido por ser el creador de “¡Shrek!”.

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Silvestre y la Piedrecita Mágica, un cuento de William Steig

El de Silvestre es un cuento muy sencillo, que tiene muchos parentescos con las fábulas clásicas. Silvestre es un burrito que gusta de coleccionar piedras. Un día encuentra una piedra muy extraña y descubre que, cuando la tiene en la mano, se cumple lo que desea. Luego de experimentar un par de veces, queda convencido de que la piedra tiene poderes. Se dispone a regresar a su casa para contar a sus padres el descubrimiento, pero entonces lo intercepta un león muy hambriento. Paralizado de miedo, al burrito no se le ocurre desear otra cosa convertirse en una piedra. De entre todas las posibilidades que el narrador enumera, esa, justo esa, es la que Silvestre elige para salvar la amenaza. Y eso es lo que ocurre: el burrito se convierte en una roca. La piedrecita mágica queda a su costado, sin contacto. Cuando no regresa a casa, muy preocupados, sus padres lo buscan sin éxito. Pasan las estaciones alrededor de la roca. El burro está ahí, viéndolo y sintiéndolo todo, hasta que un día, sus padres, de picnic en el campo, se ubican a comer justo encima de la piedra. Una sucesión de casualidades permite el reencuentro. Al final, la familia vuelve a estar unida y la piedra mágica terminará guardada en un cajón.

A partir de la lectura del cuento, Ellen comenzó a reflexionar sobre el tipo de preguntas filosóficas que pueden desprenderse de cuentos así de sencillos. Y entonces sucedió. Ella habló de las preguntas y de quién y de cómo las hace: ¿el lector? ¿el mediador? ¿el autor?

Todos, y ninguno, tal vez. Porque el asunto es que el texto, al ser leído, provoque algo que está más allá de sus objetivos, más allá de cualquier “trabajo” con él. Puso un ejemplo de cómo leyó ese cuento de Steig a un grupo de niños. Las preguntas que se disparaban iban por el lado de cómo podía uno sentirse al estar convertido en una roca. Pero esa pregunta, ¿quién la habría de formular?

En ese punto, mientras la escuchaba a Ellen, yo ya había salido de la casilla del mediador y me encontraba de lleno en la casilla del escritor. Pensaba para mí en algo que sugería la conferencia: ¿cuál es el orden de las preguntas que hacemos los escritores en nuestros textos?

¿Y qué era lo que iba pensando? Cuando escribimos desde el oficio, sabemos que las preguntas están relacionadas con el suspenso. Una pregunta bien hecha en un texto genera suspenso, lo que en términos instrumentales no es otra cosa que escribir de manera tal que la respuesta a la pregunta se difiera, párrafo a párrafo, página a página, capítulo a capítulo, y genere en el lector un cúmulo de expectativas que sostienen su lectura en pos de llegar a saber cómo se resuelve el asunto.

Pero ese orden del juego de preguntas y respuestas, ese orden de oficio, instrumental, un escritor lo puede lograr de diferentes maneras. Una de esas formas, claro está, es hacer las preguntas de manera explícita. Se hace la pregunta, se la escribe, pero no se la responde de inmediato.

Un paso más allá, el juego consiste en que el escritor no haga la pregunta de manera explícita: se entiende que él no ha de hacer más que sugerirla. El escritor sugerente sabe que está trabajando para motivar al lector a que se formule la pregunta que, ahora de manera implícita, está en su texto, velada.

Y aún un paso más allá, el escritor ni siquiera sugiere la pregunta, sino que su historia, su modo de contarla, propone una lógica de situaciones que al ser abordadas por un lector abre el texto a una cantidad de preguntas que el escritor ni formuló ni sugirió, pero que están tramadas en el texto ofrecido a la lectura.

“¿Cómo te sentirías siendo una piedra? ¿Te sentirías angustiado y desearías salir de esa situación?”, preguntó Ellen en un momento, luego de leer el cuento. Y esta podría ser una de las preguntas que se desprende de la lectura del cuento de “Silvestre y la piedrecita mágica”, pero la pregunta no está formulada en el texto, y pienso que tampoco está sugerida en el texto, y quizás, quizás, ni siquiera es seguro que llegue a ser formulada explícitamente por el lector que lo lee o el niño a quien le leen el cuento, y sin embargo, esa pregunta sostiene la escritura y la lectura del cuento como un hilo invisible, haciendo de esa historia, que en principio parece muy sencilla, una obra genial que desata un diálogo reflexivo invisible entre autor, mediador y lector.

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Instalación en los pasillos de la Biblioteca Roca Umbert

¿Cuál es la pregunta? era el título de las Jornadas del #brulab16 a donde asistí, en principio, como mediador, y de donde me fui, como escritor, pensando en esa idea fuerte: que en la buena literatura para niños, la pregunta no la hace el texto, sino que la ha de hacer el propio lector en el marco de un diálogo profundo, de orden casi filosófico, con el texto y con el entorno de mediación lectora. El texto, ni siquiera sugiere la pregunta. El texto solo narra una situación desde la cual la pregunta puede (o no puede) brotar.

No sé si la conferencia de Ellen Duthie apuntaba a este tipo de reflexión, pero cuando me sacó de las casillas, su dardo me pegó ahí.

 

 

3 thoughts on “¡Ellen Duthie me sacó de las casillas!

  1. Y tanto que apuntaba en este tipo de reflexión, Germán. Quiero seguir pensando sobre esto… después de mis vacaciones. Un abrazo grande y alegro de haberte desencasillado un ratito.

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