Diversidad sexual, matrimonio igualitario, grillas de valores y… ¿literatura infantil?

La reciente publicación y puesta en circulación de un librito titulado “Nicolás tiene 2 Papás” nos pide volver a entrar en la discusión de algunas cuestiones relacionadas con la literatura infantil que parecen de nunca acabar. El uso de la primera persona del plural, aquí, no es mayestático, pues hoy, y a partir de un intercambio que nos planteamos sobre el tema, aparecen otras dos notas sobre este asunto: una en el blog Anatarambana Literatura Infantil y otra en el blog Donde Viven los Libros.

El librito en cuestión (se lo puede leer entero en la web), plantea, desde el punto de vista de un niño en edad escolar, cómo es su vida en una familia integrada por una pareja homosexual, de la que él, Nicolás, es el hijo. En la tapa del libro, el niño, Nicolás, aparece sonriendo, de pie, tomado de la mano de dos hombres. En la portadilla, nomás abrir el libro, vemos lo que sin lugar a dudas es una declaración de principios: “Todas las familias merecen respeto, protección e igualdad de derechos”. Y de inmediato arranca lo que vendría a ser una especie de redacción escolar, en la cual Nicolás nos informa que vive con sus dos papás. La redacción hace un repaso general, y a grandes rasgos, de lo maravillosa que es su vida: Nicolás juega con sus dos padres, va al estadio a ver fútbol con uno de ellos y al museo con el otro, los fines de semana se encuentra con su madre, que es muy buena amiga de sus dos papás, pasean todos juntos, almuerzan juntos, durante la semana va a al colegio, donde tiene muchos amigos y amigas, y donde puede, sin ninguna dificultad, ilustrar su realidad familiar para que la conozca la maestra y explicar esa realidad familiar a su mejor amiga, Florencia, con quien argumenta que su familia no tienen nada extraordinario, pues todas las familias son distintas. Nicolás no tiene ningún problema en el vínculo con su amiga. Además, la familia de él y la de Florencia se relacionan en plena armonía. En la última página del libro, tal como se le exige a las redacciones escolares, Nicolás termina la descripción de su maravillosa vida con una reflexión general que reafirma, con énfasis, la declaración de principios del inicio. Dice Nicolás: “Yo pienso que las familias están compuestas por la gente que nos quiere y que queremos. En mi casa hay mucho amor y respeto. Somos una linda familia y no la cambiaría por nada”. La contratapa del libro, para colmo de originalidad, es la misma ilustración que hay en portada, pero vista de atrás.

"Nicolás tiene 2 Papás", edición de MOVILH, Chile, 2014.

“Nicolás tiene 2 Papás”, edición de MOVILH, Chile, 2014.

He leído, como noticia que acompaña la difusión de este librito, que: “…fue producido por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual y tiene el apoyo de diversas instituciones chilenas, además del financiamiento de la Embajada de la Unión Europea”. El librito será publicado en papel y repartido en escuelas, cosa que me parece muy oportuna para fomentar el debate de estos asuntos entre niños, o para introducir el tema allí donde, por desgracia, la educación sexual es una gran carencia.

Tómese nota de que en toda mi descripción del libro me negué, cuidadosamente, a utilizar la palabra “cuento”. Lo hice así porque además de estar convencido de que no es un cuento, estoy muy convencido de que tampoco es literatura infantil.

Y aquí es donde entra el asunto que me preocupan al escribir esta nota. ¿Por qué se sigue utilizando el prestigio de la Literatura Infantil para hacer este tipo de campañas cívicas y educativas? ¿Qué es lo que está sucediendo, en el campo de la literatura infantil, que habilita a que un librito como este, carente de cualquier función poética, pueda llegar a ser confundido con una pieza de literatura infantil?

Antes de responder a esto, quiero hacer algunas aclaraciones, porque ya estoy temiendo que mi crítica, de carácter literario, pueda ser tomada como la reacción homofóbica hacia una campaña de promoción de derechos contra la que no tengo absolutamente nada en contra. Es más, si alguien me dijera que este librito, el de “Nicolás y sus 2 Papás”, es un folleto, un libelo, un panfleto (y conste que yo me niego a utilizar el término panfleto en sentido despectivo), producido por un movimiento LGTB para promover sus derechos, fomentar su reconocimiento social, poner en debate su situación de discriminación o denunciar la violencia a la que a menudo se somete a las personas de orientaciones sexuales no convencionales, como mucho, en términos críticos, intentaría advertir que si pintan un mundo tan maravilloso, como lo es el que describe Nicolás, más de uno podría llegar a confundirse y pensar que no existe tal cosa como la discriminación, la violencia y ni un atisbo de conflictos en el ámbito de la vida de las parejas homosexuales. Todos sabemos que, desgraciadamente, eso no es así. Que a pesar de los grandes avances que en materia de derechos se han dado en distintos países, las y los homosexuales la siguen teniendo difícil en nuestras sociedades, y el respeto por la diversidad de orientaciones sexuales queda reducida, a menudo, a un manojo de lindas intenciones legales. Pero todo esto, insisto, sería una discusión de carácter político-social; no una valoración literaria del librito en cuestión. Porque como sostengo, ese librito no es una pieza de literatura infantil.

Si vamos al caso, además, el librito de “Nicolás y sus 2 Papás” tampoco es nada novedoso. En la misma dirección proselitista se pueden leer online una serie de libros de características semejantes. La editorial Bajo el arcoíris tiene una nutrida colección a disposición del público. Y el año pasado, en Argentina, también se publicó un libro similar: “Anita y sus dos mamás”. Se puede discutir si estos esfuerzos le aportan algo a la causa, qué y cuánto, pero, de nuevo, creo que esa es una discusión interna del movimiento, una discusión estratégica o táctica, y no una discusión literaria.

Si investigamos sobre las distintas obras de LIJ que han abordado este tema, podremos enterarnos de que, desde los años 80, e incluso antes, hasta la fecha, han aparecido obras que plantean, estas sí, como literatura infantil, y a menudo como muy buena literatura infantil, el asunto de cómo vive un niño sus conflictos respecto de las diversas orientaciones de sexo-género propias, o respecto de las orientaciones sexuales y vinculares de sus progenitores, familiares o amigos. Una nota de prensa aparecida en el suplemento cultural del diario español El País (nota que ya tiene un par de años) hacía un buen repaso de la bibliografía disponible sobre el asunto. Y es que, sin exagerar, los temas de la homosexualidad y de la diversidad de sexo-género son menos tabú en la LIJ que el tema del sexo en sí. Como dice un colega, muy categórico: “en la LIJ puede haber parejas homosexuales y de todo tipo, pero lo único que no se puede es follar. Si se folla, no es LIJ”.

Claro que cuando hablamos de Literatura Infantil es bueno considerar, más allá del tema, cómo es su tratamiento. En ese sentido, recomiendo leer cómo termina una reseña de un libro cubano, “Ito”, de Luis Cabrera, que fuera publicada en el blog de Cuatrogatos, y que es un libro que aborda esta problemáticas de sexo-género. Allí, Antonio Orlando Rodríguez dice:

En manos de un autor de menor talento, estos personajes y conflictos hubieran podido quedar plasmados en un relato melodramático y lacrimógeno o en un panfleto a favor de la tolerancia y el respeto a las diferencias, bien intencionado, pero de escaso vuelo artístico. Por fortuna, el resultado fue un texto sobrio, de inteligente construcción y gran poder comunicativo.

Digamos que la LIJ puede abordar cualquier tema (ya dijimos cuál es la excepción a la regla), pero el asunto clave es cómo lo aborda. En ese sentido, y en relación con los conflictos de sexo-género, podría comparar aquí tres títulos diferentes entre sí. En un extremo, fuera del terreno de la LIJ, este librito de “Nicolás y sus 2 papás”. Desde el título, forzosamente rimado, ya nos avisa cuál es su vínculo, nulo, con la literatura.

"El niño perfecto" (SD ediciones, Barcelona, 2012).

“El niño perfecto” (SD ediciones, Barcelona, 2012).

En el otro extremo, un libro de muy buena factura, inquietante, perturbador, extremadamente conflictivo, con un impecable cuidado en el pulso narrativo y con unas ilustraciones de excelente factura: “El niño perfecto”, ilustrado por Bernat Cormand y escrito por Alex González y Bernat Cormand. Este es un libro que no deja indiferente a nadie que lo lea. Un libro que no plantea las cosas de manera llana, sino que va a cuestiones complejas. Un libro que exige pensar y repensar sobre el conflicto que emerge de manera explosiva al final, conflicto cuyo tratamiento es artística y literariamente auténtico.

Entremedio de esos dos libros, nos encontramos con “El vestido de mamá”, de Dani Umpi, ilustrado por Rodrigo Moraes, que como bien señaló Gabriel Lagos en una reseña, queda a medio camino entre el juego de las metáforas y la “bajada de línea” panfletaria.

"El vestido de mamá", Criatura Ediciones, Uruguay, 2011.

“El vestido de mamá”, Criatura Ediciones, Uruguay, 2011.

Ya puedo imaginar, respecto de lo que vengo escribiendo, las molestias que podría ocasionar mi crítica entre los activistas de los movimientos LGTB. Puedo imaginar que me recriminarán por plantear todo este asunto de la literatura respecto de este libro, y por no hacerlo respecto de otros. A mi favor, quiero decir que sí me ocupé de cómo se construyen y reafirman elementos sexistas, incluso, en la gran literatura infantil, la que ha perdurado, con una calidad literaria envidiable, durante siglos: lo hice nada menos que en el análisis de “Hansel y Gretel. Puedo imaginar que me recriminarán, también, que critique este librito mientras se dejan pasar otros muchos libritos que, bajo la etiqueta de la LIJ, y siendo tan poco literarios como este, entran a las escuelas o van a las bibliotecas bendecidos como literatura y cargados de valores sexistas, machistas y discriminatorios. No les faltaría razón respecto de esto último: hay libritos, muchos, que circulan como LIJ en las aulas, pero que son pobres panfletos más o menos discriminatorios y sexistas. Estaría muy bien señalarlos, uno detrás de otro.

Y a esto último es, en definitiva, a lo que me quería referir desde el principio de esta nota. ¿Por qué se le da crédito de literatura infantil a ciertos libros solo para fomentar valores? ¿Por qué se confunde literatura y educación moral y cívica (o educación religiosa, como en el caso de la colección de libritos “Con Francisco a mi lado que publica el diario argentino Clarín)? ¿Quién abrió las puertas a esta confusión?

Basta con tomar un catálogo de una editorial cualquiera, una de esas editoriales grandes que promocionan sus libros en las escuelas, para encontrarnos, junto a cada reseña de un título, o en el listado resumen del final, una serie de indicaciones respecto de los “valores” que trata cada título. El arco de los valores puede ir desde la amistad hasta la solidaridad, pasando por la ecología. En estricto orden alfabético: Amistad, Amor, Aprendizaje, Autoconocimiento, Autonomía, Comunicación, Creatividad, Desarrollo personal, Diversidad, Ecología, Educación para la convivencia, Familia, Identidad, Imaginación, Libertad, Paz, Respeto, Solidaridad…

Por alguna razón, que nos guste o no nos guste está vinculada con el entrelazamiento mercantil entre industria editorial y Escuela, uno de los principales clientes de aquella en materia de LIJ, la demanda de libros-que-permitan-trabajar-sobre-valores-en-las-aulas ha condicionado un tipo de abordaje y consideración de la LIJ en la que la “utilidad” del libro no se considera tanto por su calidad literaria como por la calidad (cuantificada y grillada) de los valores que aborda (o que roza). De ahí que en los últimos años se haya vuelto a dimensionar ese aspecto didáctico o pedagógico de la LIJ en detrimento del carácter creativo y recreativo, cuestionador y reflexivo, con el que se la intentó de investir, en su calidad de literatura a secas, en las décadas que fueron desde finales de los sesenta hasta finales de los noventa.

Desgraciadamente, esta reversión que se ha operado por razones comerciales termina por condicionar al mundo editorial, a la escritura profesional de LIJ y, también, claro, al modo en que los lectores se acercan (o se alejan) de las lecturas literarias. Porque guste o no, el librito del que nos ocupamos hoy, y otros tantos que se presentan como de LIJ, solo pueden acreditar su rol didáctico como mérito para ser tomados como tales: de literatura, nada.

9 thoughts on “Diversidad sexual, matrimonio igualitario, grillas de valores y… ¿literatura infantil?

    • No conocía el libro, pero leo en la reseña esto: “Podría parecer entonces que Las cosas que le gustan a Fran es un cuento sobre nuevas familias, pero no. Se trata de un relato lleno de poesía y sentido del humor…”. Si es así, no tendría nada que ver con este que estamos comentando, al menos no en lo que respecta a la literatura. Saludos y gracias por el aporte.

  1. No conozco el libro en cuestión, pero estoy muy de acuerdo en que en general se espera de la literatura infantil que enseñe algo, que transmita valores, dejando completamente de lado en muchas ocasiones la calidad artística de las obras. Es cierto que en este caso parece una historia vacía y poco creíble (y no digo que los cuentos deban ser creíbles, pero en este caso es lo que una espera…), pero si no fuera así, probablemente podría ser un libro útil para tratar el tema con los niños, a pesar de no ser literatura…
    Yo soy la primera que, como maestra, suelo buscar el trasfondo de cada libro, lo que puede enseñar a mis alumnos, los valores que transmite… sin embargo soy consciente de que de esta manera se nos cuelan obras de dudosa calidad artística a las que llamamos literatura sin serlo. Gracias por recordarlo y mantenernos alerta.

    • Hola, Seño Punk. Gracias por tu comentario. El libro lo puedes leer en el link. Está entero en la web. En cuanto a tratar temas con los niños, apuesto todo a la conversación. Hay que recuperar la conversación, ese “arte moribundo”, como dice Raymond Carver (http://losversosdedavid.wordpress.com/2013/07/05/el-vendedor-del-libro-del-mundo/). Luego, sí, los libros pueden colaborar en eso, pero hay lecturas literarias que mejor no forzarlas, mejor dejar que el niño las procese por su cuenta. Si luego disparan una conversación en la dirección de un tema específico, mejor. Si no, mejor es no matar lo literario metiéndolo en un casillero moral, o religioso. Y bueno, sí, un panfleto, un manual, un póster, una lámina, pueden colaborar para motivar una conversación, pero ese es otro tema: pedagógico, no literario. Es la idea. Gracias de nuevo. Saludos.

  2. Leí el librito y… de verdad, de literatura , nada. La literatura infantil no debe ser usada para transmitir valores. la literatura infantil tiene y debe movilizar, romper estructuras, dejarnos con más preguntas que respuestas y, todo esto, con lenguaje poético. para los derechos de los y las homosexuales están las leyes (con las que estoy completamente de acuerdo), los folletos informativos… Pero si además, hay literatura sobre este tema, cuánto mejor !!!! Hay libros que son verdaderas obras literarias (“La historia de Julia la niña que tenía sombra de varón” del belga Christian Bruell ), una maravilla de libro y sobre el cual estoy trabajando en una investigación. Felicitaciones por el artículo !!!

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