Juegos de lenguaje: sobre “El idioma secreto”, libro de poesía de María José Ferrada

Creo saber que todo lo que se pueda decir sobre el lenguaje habrá de ser dicho desde el lenguaje mismo, que no hay una posición exterior al lenguaje para hablar sobre el lenguaje. Y si esto que creo es cierto, también podría pensar que todo lo que pueda ser dicho sobre un idioma secreto deberá ser dicho con las palabras de ese mismo idioma secreto.

Sin embargo, esto último no es así. O, al menos, no es del todo así.

El uso de un idioma secreto depende estrechamente del uso del lenguaje común, y este depende de una serie de reglas y de unos registros simbólicos compartidos: un sistema, en definitiva, adecuado para designar con gestos, con palabras, con signos y con proposiciones a la realidad. En este sentido, no es posible la existencia de un lenguaje privado. Y no siendo posible la existencia de un lenguaje privado, entonces podremos tener un idioma secreto, pero este dependerá del conocimiento de otro lenguaje previo, otro idioma común sobre el cual se construirá, se enmarcará y se configurará a su debido tiempo.

¿Cómo hablar, entonces, de este libro de poesía de María José Ferrada, “El idioma secreto“, que consagra, en su voz y en su dicción, el modo de operar de un idioma enigmático, escondido, un idioma compartido de manera privada entre una nieta y su abuela? ¿Cómo hablar de este libro de poesía que versa sobre la profunda y sólida intimidad de un mundo personalísimo, construido en base a objetos tan simples como “ovillos de lana” y “boletas de ferretería”?

"El idioma secreto", de María José Ferrada, con ilustraciones de Zuzanna Celej, editado por Faktoría K de Libros, Kalandraka editora, España, Pontevedra, 2013.

“El idioma secreto”, de María José Ferrada, con ilustraciones de Zuzanna Celej, editado por Faktoría K de Libros, Kalandraka editora, España, Pontevedra, 2013.

Creo que lo mejor será hablar de este libro intentando apropiarme de su idioma no-tan-secreto: el de la prosa poética con la que abre un mundo de sentidos conmovedores. Y es que en un punto, la poesía de este libro resulta absolutamente diáfana: al configurar el idioma secreto va construyendo también el lenguaje poético con el que pone en funcionamiento ese mundo de recuerdos cotidianamente íntimos, recuerdos propios de una forma de vida compartida y transmitida de generación en generación, una forma de vida pretérita que se niega al olvido, así como la voz poética del libro se niega a una retórica ampulosa y vacua. Lo mejor será hablar de este libro, entonces, mostrando el idioma secreto que se configura sobre la base de una prosa poética plena de imágenes y de símbolos de una compleja simplicidad. Una prosa poética que posibilita, además de la identidad compartida entre la niña que habla y la abuela que dona el idioma, la identidad compartida entre el lector que se asoma a estas páginas y el mundo de sentimientos que nos es donado, poema a poema, desde su inicio:

El idioma secreto me lo enseñó mi abuela.
Y es un idioma que nombra las plantas de tomate, la harina, los botones.
Un día me llamó.
Me dijo que antes de que la muerte se la llevara quería entregarme algo.
Mi herencia era una caja de galletas con ovillos de lana y boletas de ferretería.
Ahí dentro estaban las palabras.

El idioma secreto que se establece en la comunión de la abuela y la nieta es también el idioma de las metamorfosis. En ese idioma secreto, las metáforas son iluminadoras:

Había tarros de pintura en los que mi abuela guardaba el trigo.
Trigo que se transformaba en harina y luego en pan.

Había tarros de luz.

El idioma secreto es panteísta, porque cada objeto cobra al ser mencionado la fuerza de una divinidad construida a base iluminaciones muy íntimas:

En las dalias
vivían pequeños dioses,
que florecían al costado de la flor
siempre amarillos, naranjas,
violeta.

Era un secreto que se guardaba con cuidado
como se guarda una estrella en el bolsillo.

Había dioses pequeños en las dalias.
Y yo cada tarde les llevaba
el agua.

El idioma secreto integra y articula muchos idiomas: el de la luz, el de las plantas, el de las flores y las semillas, el de las huertas, el de los pájaros, el de las colmenas, el de los animales del bosque, el del alimento, el de las migas de pan, el de la generosidad que multiplica los peces, el de los insectos, el del frío y los abrigos, el del viento y la lluvia, el que perfuma los recuerdos, el de las despedidas, el de las apariciones, el de las maravillas…

Página interior del libro "El idioma secreto", de María José Ferrada, ilustrado por Zuzanna Celej.

Página interior del libro “El idioma secreto”, de María José Ferrada, ilustrado por Zuzanna Celej.

El idioma secreto pretende nombrar los recuerdos compartidos. En esa pretensión puede asentar —más allá de la experiencia privada, única, identitaria— un idioma común para el lector que se acerca a esta poesía y quiere, en su afán de atrapar el instante, nombrar a la vida que transcurre y se escapa.

No hay un recuerdo igual al otro“, insiste en anunciar la voz poética que rememora. Y sin embargo, hay modos de suspender el devenir del olvido. Los ciclos de las estaciones, la honda sucesión de las palabras y de los silencios, “la marcha de los caracoles al ritmo de los brotes”: bien pueden darnos el ritmo de las poesías en las que florecen las conmemoraciones, los recuerdos únicos, y a la vez comunes, de quienes habitan un mundo humanizado.

El libro termina casi que en el mismo punto en el que empieza: la confesión de que el idioma secreto fue un regalo.

El idioma secreto me lo enseñó mi abuela.
Y es un idioma que nombra las plantas de tomate, la harina, los botones.
Un día me llamó.
Me dijo que antes de que la muerte se la llevara quería entregarme algo.
Mi herencia era una caja de galletas con ovillos de lana y boletas de ferretería.
Ahí dentro estaban las palabras.

Y con ellas
hice mi habitación en el mundo.

Y así, en esa circularidad con la que se cierra este libro de poesía, en esa circularidad con la que se nos da el idioma secreto que este libro alberga, se nos sugiere que tanto la vida, en su estado natural, como el lenguaje, en su estado poético, pueden ser habitados por las generaciones que fueron, que son, que serán.

Más allá de que este libro sea extraordinario en sí mismo, tiene otro mérito que motiva la alegría del lector que aquí lo comenta: en su prosa poética, en la libertad de sus versos, este libro rompe, hasta donde sé, con una cierta tradición de los premios de poesía que suelen entregarse en España, donde el verso rimado y medido suele recoger los laureles con más facilidad. “El idioma secreto” tuvo el gran mérito de ser la obra ganadora del V Premio Internacional Ciudad de Orihuela de Poesía para Niños, editado en 2013 en España, Pontevedra, por Faktoría K de Libros, Kalandraka Editora, con unas bellas ilustraciones de Zuzanna Celej.

Comenta aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s