Poesía de viento tomar: un libro de Karmelo C. Iribarren para niños

La poesía de Karmelo C. Iribarren se caracteriza por la limpieza de todo elemento retórico y por la austeridad lírica. Es una poesía que llega al ánimo del lector por la sencillez con que va directo a los sentimientos más elementales: la tristeza, el pudor, la alegría contenida, el amor (romántico y a la vez escéptico), los deseos arcaicos (como el de volar, por ejemplo), el recato ante la inmensidad misteriosa del mar o de la noche, la vida y la muerte.

Si uno lee su obra reunida, Seguro que esta historia te suena. Poesía completa (1985-2012), podría llegar a dudar de la capacidad de Iribarren para escribir un libro de poemas para niños. No porque los niños, o adolescentes, no se fueran a deleitar con su “realismo sucio” (que así se lo ha dado en clasificar por parte de la crítica), sino porque el campo de la LIJ no parece muy abierto a la recepción de este tipo de poesía en la que la forma no viene dada por el ritmo, la rima, las reiteraciones, y donde los contenidos no son básicamente los de la naturaleza, las alegrías mundanas del juego, el-mundo-a-la-mano-del-niño, sino más bien la vida cotidiana de las ciudades, lo agobiante de las rutinas, los vaivenes del amor y el desamor adulto, el desencanto postmoderno, los bares, las borracheras, el sexo, la soledad, la noche a oscuras…

Pero Iribarren, o mejor dicho, su poesía, tiene un don: sabe escabullirse. Sabe no dejarse encasillar. Sabe soltarse al viento, y permitir que sus versos sean arrastrados por ese movimiento intenso de las masas de aire más frío o más caliente. Y entonces va y se lanza con este libro destinado al campo de la LIJ: Versos que el viento arrastra.

"Versos que el viento arrstra", poesía de Karmelo C. Iribarren, ilustraciones de Cristina Müller. Ediciones de El Jinete Azul, España, 2010.

“Versos que el viento arrastra”, poesía de Karmelo C. Iribarren, ilustraciones de Cristina Müller. Ediciones de El Jinete Azul, España, 2010.

Claro que el libro está muy bien editado, con unas ilustraciones conceptuales, confeccionadas con collages, donde la ilustradora, Cristina Müller, acepta el juego de dejarse arrastrar por el viento y no calcar en su trabajo lo que el poema dice o insinúa, sino que se despega de la letra y vuela con un juego paralelo, donde podríamos llegar a “leer” cada uno de sus trabajos como un “poema visual“.

En su conjunto, el libro de poesía está estructurado por un poema prólogo, titulado “Los libros”, donde se anuncia que:

Los libros
no son para mirarlos,
son para tocarlos,
abrirlos,
y leerlos,
que es como entrar en ellos.

Prueba y verás.

Te recuerdan
a cuando viajas
a una ciudad diferente,
y todo te parece nuevo,
sorprendente,
y hasta un poco
misterioso.

Y esa invitación te lleva luego a las otras cuatro secciones del conjunto, respectivamente tituladas: “Un día cualquiera”, “Pequeñas impresiones”, “El ritmo del viento” y “Poemas misteriosos”. En cada una de estas secciones se encuentra poemas breves donde es más lo que se insinúa a partir de una mirada y una invocación cómplice hacia el lector que lo que el texto hace explícito:

Esta mañana, en el parque

Era para no perdérselos,

el abuelo
y el nieto,

los dos
con pantalón corto
y gorra,

sentados
en un banco,

a la sombra,

contando palomas.

Y así, con esta sencillez poética, con el despojo de ornamentos que lo caracteriza, Iribarren no traiciona, en su libro de poesía para niños, lo que ensaya con mucha calidad, y una extraña y desgarrada calidez, en el conjunto de su obra. Es solo que aquí el poeta pareciera saltar por sobre el juego rígido de lo apropiado para las edades, e igualar, en un mismo movimiento, a la infancia y a la tercera edad, dejando afuera, entre paréntesis, elidido, el desencanto más feroz de la vida adulta.

Un poema con su respectiva ilustración: vista interior del libro.

Un poema con su respectiva ilustración: vista interior del libro.

Uno podría reprochar al autor que no incluyera los poemas de este excelente libro en su obra completa. ¿Prejuicios personales? ¿Decisiones editoriales? Vaya uno a saber. En todo caso, lo único que justificaría esa decisión sería el hecho de que no quisiera desprender los textos de cada una de las ilustraciones que tan bien hacen aquí su juego de espejos entre palabras y materiales visuales. Porque se diga lo que se diga, este libro no deja de encajar perfectamente en el conjunto de la obra del poeta vasco, tal como encajan esos momentos de quietud de las ramas del árbol en medio del vendaval.

……………….

“Versos que el viento arrstra”, poesía de Karmelo C. Iribarren, ilustraciones de Cristina Müller. Ediciones de El Jinete Azul, España, 2010.

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