Primeras lecturas: «Un cor màgic»

Lo confieso: nunca antes había leído un libro completo escrito en catalán, no conozco ese idioma, no lo hablo, apenas puedo leerlo sin recurrir al traductor que tengo en las aplicaciones de Google. Así que esta, la lectura de Un cor màgic, escrito por Stel·la e ilustrado por Laura Di Francesco, es, en una forma muy especial para mí, una primera lectura.

«Un cor màgic», de Stel·la y Laura Di Francesco. Sd·edicions, 2010, Barcelona, España.

«Un cor màgic», de Stel·la y Laura Di Francesco. Sd·edicions, 2010, Barcelona, España.

Esta idea, la idea de estar haciendo una primera lectura, me lleva a consultar lo que podrían significar un par de conceptos que están íntimamente relacionados: los de «primeras lecturas» y «primeros lectores». Y también me lleva a pensar en qué sentido este libro, que tanto me ha gustado, puede ser una primera lectura para unos primeros lectores.

¿A partir de qué forma de desarrollo de la subjetividad podemos considerar que un libro es literario para quien lee? Pienso, especulo, que será desde el momento en que el niño logra diferenciar que la realidad encerrada entre las páginas de un libro (o las palabras de un texto materializadas en el soporte de turno) es otra, y es distinta, a la realidad inmediata en la que se halla en persona; y también desde el momento en el que logra suspender el peso de la realidad inmediata para adentrarse en la realidad que le ofrece esa lectura, de manera tal que ya no piense siquiera en la distinción entre las dos realidades. Todo esto implica una capacidad de abstracción que se desarrolla lenta y progresivamente en la psiquis de niños y niñas.

Estas consideraciones me llevan a pensar en los «primeros libros», esos que se ofrecen a los bebés, más como juguetes que otra cosa. No está mal eso. Así como a menudo se ofrecen a los pequeños los autitos de colección para jugar, y con ello, de algún modo, se los va introduciendo en el mundo del tránsito y de la mecánica automotriz, el «libro juguete» bien puede ser una forma de ir introduciendo al niño en la mecánica de la lectura y en el mundo de la literatura, dándole así un vehículo para iniciar su «camino lector». Yo no desaprovecharía eso.

De todos modos, dudaría a la hora de calificar como literatura a esos libros para bebés. Si bien decodificamos signos de la realidad en todo momento y los interpretamos de un modo u otro desde muy temprano en la vida, no extendería la metáfora de la lectura mucho más allá de la idea de que «se puede leer antes de saber leer» (como dice Pedro Cerrillo). Esos «libros juguete» (algunos álbumes, pictogramas, libros táctiles, libros acolchonados e impermeables, etc.) que se ofrecen a los más pequeños pueden fomentar desde temprana edad el hábito lector, pero difícilmente sean luego recordados por el niño como «lecturas» o como libros leídos. La lectura conjunta del pequeño con un mediador adulto (lectura de cuentos, de poemas, de oraciones, de rimas, de adivinanzas, de juegos de preguntas y respuestas, etc.) puede darle al niño o a la niña una idea más clara de lo que es leer, incluso cuando todavía no saben cómo hacerlo de forma autónoma.

Y aquí entro en otro punto: los «primeros libros» bien pueden ser aquellos que, sea cual sea la edad de la persona, son recordados como tales en función de la historia que narran, del relato que ilustran o de los textos que cuentan o cantan: cuestiones que, por cierto, ya no son ajenas a la literatura. Pienso en cómo recuerdo, aún hoy, mi trato con algunos libros ilustrados con los que interactué en mi primera infancia: libros con grandes ilustraciones que portaban un hilo narrativo muy elemental, esos que perfectamente podrían ser considerados por mí como mis «primeros libros».

En este sentido, me gusta pensar que el libro Un cor màgic (Un corazón mágico) bien puede ser un primer libro para muchos niños y niñas: por lo cuidado de su edición, por la sensible belleza de sus ilustraciones, por la sencilla forma de «contar» al niño una metáfora tan humana y tan extendida como lo es la de que sentimos con el corazón, que sentimos y deseamos distintas cosas desde el corazón, y que esos sentimientos y deseos están íntimamente relacionados con nuestra capacidad de imaginar y de soñar mundos que pueden ser transformados por nosotros, así como el corazón mágico que está presente en todo el libro se va transformando, de acuerdo con los deseos de la pequeña coneja que protagoniza el libro, y puede ser una esponja, un espejo, un globo o una flor.

Interior a doble página de «Un cor màgic»

Interior a doble página de «Un cor màgic»

Pero además, me gusta pensar que Un cor màgic puede ser un primer libro para niños y niñas dado el desafío que lanza al lector toda vez que la lectura termina con una pregunta directa: «¿qué sueña ser tu corazón?».

Sí, me gusta pensar que libros así están disponibles para que, al inicio del camino lector, el niño y la niña que se encuentren con ellos los disfrutarán con placer y los guardarán en su memoria para, en cualquier momento de su vida, poder, una y otra vez, pensar que cuentan con la fuerza de la magia encerrada en sus corazones y disponen de ella para imaginar y soñar otros mundos, justo aquellos mundos que les provocan sus más auténticos deseos humanos.

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