Virginia Brown: contar como jugar y reír

Princesas había muchas, mas nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo que le parecía sospechoso.
Hans Christian Andersen, La princesa del guisante

En la escala jerárquica de la nobleza monárquica no se admite la imitación. El rey es uno y su descendencia debe asegurarse como parte del original: de ahí la búsqueda de una princesa que no deje lugar a dudas. Esa rigidez se extiende a todo lo que refiere al poder monárquico, que en su momento supo ser poder absoluto. Esa rigidez está en la base de los rituales regios, de los protocolos, de la severidad con la que se revestía el poder cuando era uno e indivisible. Entonces, el poder del rey era inimitable, salvo como burla: de la distancia entre el original y su copia nace la risa. La escritora uruguaya Virginia Brown lo sabe.

Intentaré hacer un repaso de su labor como escritora, concentrándome en alguno de sus libros, que hasta el momento, en lo que refiere a su obra para niños, se basan en cuentos breves dirigidos a los primeros lectores, los más pequeños. Empiezo con el libro Muchas princesas, por entender que allí se puede ver cómo trabaja Brown ese juego de contar, o ese cuento de jugar y reír.

Muchas princesas de Virginia Brown

Muchas princesas, de Virginia Brown, ilustrado por Mauricio Marra.

En cada página frontal de este libro, de modo disimulado, como por fuera de la escena, aparece un personaje, un sapo coronado, que va presentando a las distintas princesas del cuento a partir de sus características más destacadas. Las princesas se corresponden con personajes de cuentos tradicionales. Así empezamos con la princesa del cuento La sirenita de Hans Christian Andersen, sigue luego la referencia a Las doce princesas bailarinas de los hermanos Grimm, La princesa y el guisante, también de Andersen, La bella durmiente en versión de Perrault o de los hermanos Grimm, La Blancanieves, de los hermanos Grimm, y otras princesas que, sin corresponder a un cuento específico, bien pueden pertenecer a cualquier cuento de hadas.

Interior de Muchas princesas (pagina frontal).

Relatado en verso, como si fuera el recitado del sapo, en la página frontal se enseñan las características de la princesa. El recitado culmina con unos puntos suspensivos que nos invitan a dar vuelta la página. Al proceder así, encontramos un calificativo terminado en ada/ado, que nos devela una característica de la princesa que no es la tradicionalmente esper(h)ada.

Y es que para la autora, casi que por regla, se trata, siempre, de llegar a una conclusión irreverente respecto de la princesa tradicional. En este sentido, Virginia Brown pone en juego un mecanismo literario que trasciende desde el texto que leemos a otro texto clásico en el cual está inspirado el primero. El texto que finalmente nos queda servido es una versión transformada y, casi que naturalmente, es una versión transformada en un cuento de humor, en un texto lúdico; vale decir, un texto que juega mientras uno lo lee o que se lee como un juego de irreverente resultado, una parodia, una imitación, con gracia y sorpresa incluida.

Interior de Muchas princesas

Muchas princesas (reverso de la página ).

Seguramente, el humor de Virginia Brown hace honor a su ascendencia inglesa. Lugar común, o mito, se identifica al humor inglés con ese tipo de humor basado en la ironía: refinado en sus modos, con un cuidado uso del lenguaje, que no desconoce las normas culturales y que, por eso mismo, puede ser más aguzado que la charada fácil o la broma burda. Porque sabe todos los cuentos de princesas, puede imitarlos, pero siempre forzando esa distancia en la cual se inserta la risa. Y es que, después de tantas princesas, después de que sabemos que lo absoluto del poder ya no puede encarnar en un solo héroe: ¿cómo podría contarse hoy una historia original que recupere aquella imaginería? La apuesta por el humor y la ironía es un acierto aquí.

Hay una hormiga en el baño

Hay una hormiga en el baño, de Virginia Brown con ilustraciones de Perica.

Ese humor está presente en los otros libros de la autora que consultamos para esta nota. Ya sea que ponga en juego el mecanismo retórico de la transtextualidad, como es el caso en el libro Cuando el temible tigre, donde la referencia a la Caperucita Roja es patente, o que no lo haga, y deje correr una historia sencilla, basada en algo cotidiano, como es la lucha de una madre para que su hija tome el baño del día, tal como se nos cuenta en Hay una hormiga en el baño: Brown echa mano al humor y al juego, y sus textos no dejan de hacer piruetas y bufas mientras son leídos.

Cuando el temible tigre

Cuando el temible tigre, de Virginia Brown con ilustraciones de Matías Acosta.

Y los juegos con el lenguaje, con sus dobles sentidos, como puede ser el caso de la palabra “rico”, que alude a una condición económica o al sabor de una comida, no son ajenos también a la sorpresa que depara el relato, como en el caso de Así reinaba el rey reinante,  donde una vez más, la transtextualidad apuesta a la parodia y juega con las tradicionales aventuras y desventuras de un rey que desea ser “el hombre más rico del mundo”.

Así reinaba el rey reinante

Así reinaba el rey reinante, de Virginia Brown con ilustraciones de Valentina Echeverría.

En todos los libros se cuida de manera muy especial la ilustración. En el caso de Hay una hormiga en el baño, por ejemplo, las ilustraciones de Perica encierran el juego de descubrir dónde está escondido en cada caso uno de los animales que, imaginados por la niña o no, vienen a interrumpir la entrada bajo la ducha. En el caso de Cuando el temible tigre, las ilustraciones de Matías Acosta apuestan a un juego de suspenso que solo podrá desbaratarse al final. Y un lugar destacadísimo tiene el trabajo de Valentina Echeverría en la ilustración del cuento Así reinaba el rey reinante, donde la interacción entre la ilustración y el relato funciona como un mecanismo de relojería.

Dijimos que Virginia Brown es una autora que viene publicando cuentos para primeros lectores a un ritmo sostenido (acaba de publicarse, en este 2012, el libro Una tarde de verano el elefante en la colección Contámelo otra vez, de la editorial Alfaguara, donde reincide en la dupla con Valentina Echeverría), no obstante su afición a este género, y a esta altura casi que su especialización en él, me consta que Virginia Brown está por publicar una novela para lectores más entrenados, niños a partir de 8 o 9 años, donde vuelve a apostar a su virtuosismo: contar una historia como jugar y reír; y me consta que eso le sale muy bien también en el relato largo. Sus primeros lectores ya pueden ponerse a esperar esa publicación.

Libros de Virginia Brown revisados para esta nota:

Muchas princesas
Ed. Alfaguara Infantil (Colección Contámelo otra vez)
Montevideo, 2007
Ilustraciones de Mauricio Marra


Hay una hormiga en el baño
Ed. SM (Colección Los piratas de El barco de vapor)
Buenos Aires, 2009
Ilustraciones de Perica


Así reinaba el rey reinante
Ed. Alfaguara Infantil (Colección Contámelo otra vez)
Montevideo, 2010
Ilustraciones de Valentina Echeverría


Cuando el temible tigre
Ediciones de la Banda Oriental (Colección ¡A volar! Libros de La mochila)
Montevideo, 2011
Ilustraciones de Matías Acosta

5 thoughts on “Virginia Brown: contar como jugar y reír

  1. ¡Bien, Germán! Nos hace mucha falta este tipo de miradas sobre nuestra LIJ, que van más allá -mucho más allá- del tema que trata o el supuesto mensaje que deja una obra. Hace falta que se destaque la originalidad del enfoque de un viejo tema, la maestría con que una autora saca partido del lenguaje y de diversos recursos literarios (que a veces se creen patrimonio de la literatura paar adultos), la capacidad de jugar respetando al niño y sin “aniñarse”, el virtuosismo de la ilustración, el diseño y el adecuado ensamblaje de todo lo que hace a un buen libro. Felicitaciones, gracias otra vez, y ¡que no sea la última vez!

  2. ¡Gracias Germán! Y gracias por destacar tan especialmente la tarea de los ilustradores que han puesto tanto talento en este recorrido. Un abrazo, Virginia

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