Un día analógico: entrevista en La Diaria

A raíz de la nota que publiqué aquí sobre la situación de la LIJ actual, sobre el vínculo entre ilustradores y escritores y sobre otros temas relacionados, el periodista de la sección cultura de La diaria, José Gabriel Lagos, me entrevistó para ese periódico. Esta es la nota que salió publicada el lunes 30 de julio.

Entrevista en La diaria

Entrevista publicada en La diaria el 30 de julio de 2012

Lo que no entra por los ojos

El escritor Germán Machado cuestiona el rumbo de la literatura infantil y juvenil.

A principios de mes publicó en su blog un post titulado “¿Vamos los escritores a dejar la literatura infantil en manos de los ilustradores?”, que desató un atendible debate entre autores locales. Germán Machado (Montevideo, 1966) ha escrito poesía (Artes adivinatorias, Hendiduras, Hemograma completo), narrativa (El devorador de paisajes) y, por supuesto, literatura para niños, tanto en narrativa (El secreto de los Greenwall, Zipisquillas, Tamanduá killer) como en poesía (Ver llover, Garabatos y ringorrangos, La octava cerradura), que publicó en nuestro país, España y Argentina. El escritor accedió a dialogar con la diaria sobre lo que vertió en su blog.

-En tu post afirmás que lo visual estaría primando sobre lo textual en la literatura infantil por dos caminos: por un lado, las editoriales buscan entrarles más fácilmente a sus compradores a través de los ojos; por otro lado, estamos en una cultura en la que desde hace décadas prima lo audiovisual. ¿Te parece que el fenómeno está especialmente acentuado en nuestro medio?

-Mi post, en lo que refiere a los aspectos editoriales, considera una situación más global, que incluye básicamente a España y a Argentina, que son los medios que más conozco, además del uruguayo. En cuanto al predominio de lo audiovisual, es un fenómeno global. Las nuevas generaciones codifican y decodifican con más facilidad el lenguaje audiovisual que el escrito o el literario. En nuestro medio, en lo que refiere a los libros de literatura infantil y juvenil, hay dos situaciones paralelas: la de los libros que se hacen acá y la de los libros que se importan. En la de los libros que se hacen acá, cada vez se pone más cuidado en el aspecto visual (diseño e ilustraciones). Esa tendencia ya estaba presente en el resto del mundo, que es de donde nos venían los mejores libros ilustrados: de España, Argentina, México, Venezuela. Pero si vamos al punto específico de los libros para más chicos, considero que en Uruguay, y a nuestra escala, se da algo de lo que sucede en otros países. Pienso en el caso de una autora como Susana Olaondo, que debe de ser una de las que tienen mayor presencia en el mercado de literatura infantil y juvenil local, y que atiende a esa edad, la de los prelectores, menores de siete u ocho años. Ella prefiere identificarse como ilustradora antes que como escritora. Para ella el lenguaje visual tiene más importancia que el escrito. Lo digo sin hacer ningún juicio sobre la calidad de sus textos. La apuesta por sus libros fue fuerte de parte de su editorial. Su obra tuvo y tiene muy buena acogida en el público. Si voy a ponerme a criticar la calidad de los textos en la oferta de libros ilustrados, prefiero considerar los libros de autores extranjeros, que son bestsellers globales, que dibujan muy bien -aunque a veces respondiendo a muchos clichés-, incluyen ilustraciones muy vistosas, dispuestas en unos libros muy costosos, grandes, sofisticados, con mucho diseño de imagen, presentes en tres o cuatro formatos distintos, pero que se meten a escritores y lo que escriben es muy malo o, en el mejor de los casos, es completamente prescindible. Por suerte, también hay muy buenas propuestas de libros que vienen del exterior, de autores actuales que escriben e ilustran sus libros y hacen maravillas: pienso en Isol, en María Wernicke, en Roger Mello.

-¿Creés que el fenómeno también se da en la literatura juvenil o es más propio de los libros para niños pequeños?

-En Uruguay la literatura juvenil es un fenómeno incipiente y casi que no existe. No debe de haber más de cuatro o cinco novelas escritas para la franja de edad que va del fin de la primera adolescencia al inicio de la juventud (13 a 17 años), que es, además, la franja de edad en la que se pierden más lectores de literatura. Esas novelas no requieren ilustraciones. Otro asunto es el de las historietas, que tienen desde siempre mucho éxito entre adolescentes y jóvenes, justamente, por el predominio de la imagen. Ahora ha surgido la oferta de las novelas gráficas, que por lo general son adaptaciones de cuentos de autores clásicos ilustrados o adaptaciones de novelas clásicas. Me parece que está muy bien eso cuando se lo hace con cuidado. Pero aquí, de nuevo, pienso que la cuestión es hacer buena literatura. Un autor como Camilo Baráibar escribió la que para mí es una novela prototípica de lo que sería la literatura juvenil uruguaya: Médanos. Muy buena literatura. Sin embargo, tuvo dificultades para seguir trabajando en esa línea. Y es que el problema ahí es otro, no tanto el de la imagen sino el de los mediadores y el de las apuestas editoriales. Como la literatura juvenil no ha prendido, tampoco hay escritores haciéndola con rigor. En cuanto se vea que hay allí un terreno fértil, cuando las editoriales apuesten más en esa dirección, surgirán escritores para cubrir ese campo. Esperemos que con la misma calidad que tiene la novela de Baráibar.

-El año pasado decías en estas páginas que te llamaba la atención la falta de libros de poesía para niños y de libros-álbum.

-Por suerte han cambiado algunas cosas en lo que refiere al libro-álbum. Hubo una apuesta por parte de editoriales locales, como Banda Oriental, que sacó una colección con cinco títulos, o Fin de Siglo, con un par de libros, la aparición de Criatura Editora, con algunos títulos, y se mantuvo el trabajo de las editoriales extranjeras con sede aquí, a pesar de la crisis en las casas matrices. De todos modos, sigue habiendo un déficit en la elaboración de propuestas de calidad en lo que refiere a libros que articulen texto e imagen. Se hacen cosas buenas, pero pocas. Con la poesía la situación es diferente. Está generalizada la idea de que no vende y está generalizada la idea de que la poesía no gusta a los niños: hay algo de verdad en ambas ideas, pero allí lo que falta es un trabajo muy grande de mediación. Mientras los adultos no lean poesía, los niños no la leerán y las editoriales no la editarán, o la editarán muy poco. No obstante, en mi experiencia personal, cuando un mediador preparado acerca la poesía a los niños, ésta les gusta. Y en todo caso, lo que me interesa hoy día es que se hagan buenos libros, más allá de este género o de aquel otro. Libros bien escritos, bien ilustrados, bien diseñados, bien editados y que se difundan bien para que sean bien leídos. Un libro de poesía para niños hecho así tendrá buena acogida.

-Decís también en tu post que la literatura para niños corre el riesgo de quedar en manos de los ilustradores, lo que la volvería “menos literaria”. ¿Qué te parece que se puede hacer desde afuera de la industria editorial para evitarlo?

-El título de ese post fue una provocación. Escribí el artículo para continuar un debate a propósito de un artículo de la española Ana Garralón que demandaba escritores que escribieran bien, dado que los textos publicados no están a la altura del trabajo de los ilustradores. Mi entrada en el blog termina diciendo que aquí tenemos un grupo de escritores de literatura infantil y juvenil preocupados por hacer buenos libros. Y, por cierto, los escritores no estamos en conflicto con los ilustradores. De hecho, la mayoría de los comentarios en mi blog son de ilustradores uruguayos. Todos muy respetuosos, sabedores de que los problemas mayores de los autores están en las etapas anteriores o posteriores a la de la creación. Pero es cierto que corremos el riesgo de que la literatura pierda calidad. Eso es patente. El acto creativo de leer tiene muchos competidores a la hora del ocio. Para evitar la pérdida de calidad literaria en los libros para niños y jóvenes, los creadores y los editores deben cuidar el trabajo y hacerlo a conciencia, con buenas ideas, con honestidad, preocupados por la obra, por el lenguaje, por los destinatarios. Hacer eso lo mejor posible. Desde afuera, lo que se necesita es formar buenos lectores y en todos los niveles: buenos lectores entre los padres que eligen libros para los chicos, buenos lectores entre los maestros, profesores y bibliotecarios que eligen libros para ofrecer a los estudiantes, buenos lectores en los medios de comunicación y buenos lectores entre los niños. Hay un trabajo de formación que en Uruguay no se está haciendo. La literatura infantil y juvenil no tiene presencia en la universidad y apenas la tiene en los ámbitos de formación docente. No tenemos revistas especializadas. Apenas tenemos ámbitos de intercambio y debate entre creadores y productores, y entre creadores y mediadores. En la última Feria del Libro Infantil y Juvenil se hizo, después de casi una década, un encuentro regional y no fue mucha la gente que se acercó. Quizá sea un primer paso. Pero lo cierto es que nos falta mucho en esa dirección. No es casualidad que la discusión que se generó ahora, y que continúa, haya sucedido en internet. Fue un intercambio entre gente de la literatura infantil y juvenil de España, de Argentina, de México y de otros países hispanohablantes, donde se ven más acuciantes algunos problemas que aquí no se perciben con tanta claridad. Así y todo, la entrada de mi blog tuvo más de 1.600 visitas en 20 días. Y si bien más de la mitad de esas visitas provino de Argentina y de España, me alegra saber que el blog convocó a un buen número de lectores uruguayos preocupados en estos temas. El asunto está arriba de la mesa: ahora hay que ver cómo seguir.

9 thoughts on “Un día analógico: entrevista en La Diaria

  1. Hola Germán! Soy Poly, el ilustrador que no habla! ¿Te acordás? Yo si recuerdo el papelón en aquella entrega de los premios de Alija 2010, cuando por ser el primero en pasar en la ceremonia me dió un ataque de vergüenza… también recuerdo que me senté a tu lado y que te había llamado la atención lo único que me salió decir: Soy dibujante, no me salen palabras, gracias a todos!! Allí, además de demostrar que soy un perfecto idiota, me perdí la oportunidad no solo de agradecer a un montón de gente que labura día a día y seriamente en LIJ.

    Hace unos días atrás pude cruzarme con tu post anterior, descubrir tu blog y no pude dejar de engancharme con mucho interés en la lectura del mismo, buenísimo!. En su momento me pareció que con tantas respuestas repetiría cualquier cosa que se hubiera dicho, pero aprovecho esta oportunidad para agradecerte que compartieras tus pensamientos y ¿porqué no? Compartir mi experiencia, mi perspectiva como ilustrador.

    Y lo que decía con respecto a mi episodio con las palabras viene al caso porque uno aprende de todo, y a partir de ese hecho me han pasado muchas cosas en la cabeza respecto a mi función como ilustrador. Es más… no es casual que después de aquel libro premiado por su ilustración y en el que había sido también su autor y escritor, tuviera un período donde… no me salieran los dibujos!
    Como te decía coincido mucho con lo que decís en tu post, entiendo tu postura y como lo reafirmas en la nota, se trata de una visión en la que todos debemos hacer un esfuerzo por mejorar la literatura, no importa si es infantil, juvenil o adulta! Porque si no existe buena lectura infantil, nos espera un futuro sin buenos lectores adultos.
    Justamente, volviendo al tema en el que tuve una etapa donde no me salía dibujar creo que tiene que ver con una búsqueda que venía realizando desde hace tiempo: ¿Qué quiero ilustrar?¿Qué quiero contar con mi trabajo? Y realmente he descubierto que si uno quiere crecer como ilustrador (y esto es absolutamente en mi caso), debe esforzarse por relacionarse mucho más con las palabras, con las historias, buenas historias y bien escritas! Y la verdad que es cada vez más difícil encontrarlas.
    Yo puedo decir que no soy un gran lector! Que de niño en mi casa no habían libros cerca y que descubrí de mucho más grande el placer de la lectura. Hoy mi trabajo me lleva a leer mucho pero por trabajo, me gustaría hacerlo más por placer (hacia allí voy) porque siento que en ello se juegan mis posibilidades de ser mejor contador de historias, mejor ilustrador(que es lo que quiero ser).
    No es que quiera escribir, en ello reconozco mis limitaciones, simplemente quiero aprender más de las palabras porque es la manera más directa con la que nos comunicamos con otros, ellas encierran múltiples miradas que darán a las imágenes múltiples propósitos, estoy convencido que palabra e imagen pueden nutrirse de manera recíproca y que de eso se trata la belleza que encuentro en un libro álbum por ejemplo. Pero nunca una cosa reemplazaría a otra, ninguna es mejor que la otra pero sí ambas pueden cobrar otro valor con cada una de ellas a su lado!

    En mis principios como ilustrador infantil, y lleno de prejuicios, (comencé a eso de los 30 años) mi dibujo bonito y atractivo servía muchísimo a las editoriales para garantizar que sus libros se vendieran, la mayoría de las veces a pesar de sus malos textos.
    Si vamos a ser sinceros, esta postura de las editoriales se ha reforzado con las crisis (no solo las económicas, las intelectuales también)que ha provocado que muchos dibujantes se animen a escribir y en la mayoría de los casos donde no estaban preparados para hacerlo. Por ende, comienzan a abundar malos escritores, malos dibujantes y los buenos libros son los menos, dejando de esta manera al lector frente a obras en las que no pueden interactuar, participar, reciben el material masticado y de fácil consumición.
    A medida que fui creciendo y entendiendo lo que significa trabajar en LIJ fui descubriendo que nunca podría evolucionar sin buenas historias con las que yo pudiera dar el siguiente paso, paso que a su vez los lectores también podrían acompañar y esto aquí es lo más importante. Porque sin buenos lectores, sin un público que nos exija crecer se convierte en un mercado que nos termina limitando creativamente, tanto a nosotros como a ellos mismos. Por eso a la fabulosa pregunta de aquel post: “¿Vamos los escritores a dejar la literatura infantil en manos de los ilustradores?” , formularía otra: “¿Vamos los trabajadores de la Literatura a dejar que sean los lectores los que abandonen el placer de leer, escuchar y mirar una buena historia?”

    Sin duda alguna hay mucho por trabajar, mientras tanto por mi parte pretendo seguir aprendiendo de los demás y aportar con algo de lo que pueda compartir.
    Sería bueno que escritores, narradores, ilustradores, diseñadores, editores, formadores y mediadores de la Literatura (además de crecer por su lado, seguir explorando nuevos caminos) se interesaran un poquito más por conocer el trabajo del otro, esto daría por resultado mejores libros y por lo tanto lectores que quieran más. Que es lo que buscamos todos, ¿no?
    Me parece genial este espacio que has generado, te felicito!
    Un abrazo grande!

    • Me acuerdo perfecto de la anécdota de la entrega de premios. No sé si te acordás vos que cuando bajaste te dije: “eso viene muy bien, porque yo ahora subo y digo que los escritores nos expresamos escribiendo y no tenemos que saber discursear”. Lindo recuerdo. Y de tu comentario, qué decir. Me parece que desde adentro de la realidad del ilustrador de LIJ expresas una cantidad de cosas, y con una calidad y profundidad, que supera mucho de lo que veníamos diciendo por aquí (y lo que andaban diciendo por allá). Y claro que me quedo con tu pregunta y no con la mía, que ya lo dije, era pura provocación. Gracias por pasar por acá y por dejar tu comentario. Es un gusto que este espacio crezca con aportes como el tuyo, de verdad. Abrazo.

  2. Germán, me puse muy feliz de ver una entrevista a un autor de LIJ en un periódico local! Porque si hay algo olvidado es eso la literatura infantil y los escritores que ni saben quiénes son. Respecto al contenido, me hizo reflexionar mucho y como soy una señora mayor, me gusta pensar, reflexionar y andar complicándome con esas cosas. Fijate si seré antigua que me gusta leer el diario en formato papel, me gusta pasar las páginas, ensuciarme con tinta.

  3. Buenísimos tus planteos para hacer pensar y agitar un poco en torno a tantos tema que hay que hablar, Germán. (Lo que no creo que convenga es dejar que el debate derive hacia los matices en las clasificaciones por edades. Con todo lo que hay para hablar, este es un tema muy menor).

  4. Pingback: Ni sermones ni milagros: redes (o de cómo dejar de estar en contra de la literatura juvenil). | Garabatos y Ringorrangos

  5. Pingback: Y al final, en 2012 la literatura infantil se nos fue de las manos | Garabatos y Ringorrangos

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