“Todo sobre un wafle”: novela de Polly Horvath

Esta novela de Polly Horvath es uno de esos libros que cuando lo lees no te deja indiferente.

La historia está contada en primera persona. La narradora es una niña de 11 años, Primrose Squarp, que vive en Coal Harbour, en la Columbia Británica, al sur oeste de Canadá, sobre el Pacífico, cerca de Vancouver. En el primer párrafo de la novela se describe a sí misma rápidamente. Da una información que es muy importante para el desenlace: ella nunca ha vivido en otro lugar. Y también da una descripción sucinta de su aspecto: dice que su cabello “es del color de las zanahorias en glaseado de albaricoque”, su piel es blanca y clara “donde no hay pecas”, y sus ojos son “como tormentas de verano”.

Lo del color de su cabello da lugar a un paréntesis que anuncia que se transcribirá a continuación esa receta de zanahorias en glaseado (cuestión que analizaré más adelante: la transcripción de las recetas). Lo del color de sus ojos va asociado con el segundo párrafo de la novela, donde la protagonista nos cuenta cómo empieza su historia, esta historia:

Un día de junio, un tifón del mar hizo que la lluvia cayera en forma casi perpendicular sobre nuestra casa. El bote de pesca de mi padre tardaba en llegar, y mi madre, que no es de las personas que se sientan a morderse las uñas, se puso su impermeable amarillo y su sombrero, me llevó a casa de la señorita Perfidia y le dijo, “Señorita Perfidia, John está allí afuera en algún lugar, y no sé si su bote podrá llegar a la playa, así que saldré en nuestro bote de vela a buscarlo”. Pues bien, creo que una persona racional hubiera podido decirle a mi mamá que si un bote de pesca grande no podía entrar al puerto con ese oleaje, nuestro pequeño bote de vela ciertamente no lo haría. Pero la señorita Perfidia no era de las personas que pierden el tiempo en chácharas ociosas. Sólo asintió. Y aquello fue lo último que supe de mi madre.

Todo sobre un wafle, de Polly Horvath

Tapa del libro “Todo sobre un wafle”, de Polly Horvath (2001)

De este modo, la novela propone el conflicto central de su entramado: ¿recuperará la niña a sus padres? Ella tiene la corazonada de que sus padres están vivos y de que regresarán. No tiene elementos para confirmar esa certeza interior. El transcurso del tiempo (días, semanas, meses) debería jugarle en contra, aunque ella afirma de manera categórica:

Parecían pensar que, a medida que pasaba el tiempo, admitiría que mis padres no regresarían. Pero el tiempo no tenía nada que ver con ello.

(p. 45)

Y desde ese saber intuitivo, el de que sus padres están vivos y regresarán, Primrose comienza a relacionarse con sus pares y con los adultos en una nueva dimensión vital. Su certeza hace que no se sienta mal por la pérdida de sus padres, lo cual extrañará a quienes la rodean. A los distintos adultos con los que le toca interactuar, la niña les pregunta sucesivamente: “¿Alguna vez ha creído usted en algo contrario a la evidencia?”.

Esa no es una pregunta menor ni inocente. No es una pregunta “normal” para una niña de 11 años. Es una pregunta realizada desde un lugar desencajado y que desencaja a los interlocutores, quienes tratan de aferrarse de distintas maneras a sus seguridades inmediatas, más o menos agradables según como son los personajes, y tratan de echar una mano en lo que pueden y creen que deben, más allá de los errores que eso pueda llevar aparejado. Es una pregunta que, por ser formulada desde ese lugar, el lugar de esa ausencia, el lugar de esa fractura, permite ver a los distintos personajes en sus distintas fortalezas y debilidades emocionales y en sus distintas incapacidades (personales y socialmente estructuradas) para lidiar con una niña que atraviesa tales circunstancias.

Porque lo que a Primrose le sucede, en definitiva, es que su vida queda completamente trastocada por el hecho de la desaparición de sus padres y por el hecho de mantenerse firme en su certeza, sin fundamentos, de que ellos regresarán. Su vida se problematiza radicalmente desde su exterior y también desde su interior, y queda suspendida y repartida entre la gente que comienza a hacerse cargo de ella y de sus cosas:

Entonces mi ropa y mis cosas estaban en tres casas diferentes… Esto hizo aún más profundo el estado curioso, desprendido e irreal en el que me encontraba. Ya no vivo en ninguna parte, me dije a mí misma durante uno de mis paseos al muelle a esperar a mis padres. No pertenezco al cuerpo de la vida. Estoy suspendida en sus límites. Floto.

(p.19)

La desaparición de sus padres la lleva a vivir en distintos lugares y con distintas personas mayores. Todo ello regulado por la asistenta social, la consejera Honeycut, que trata de aportar una cuota de realismo alertando a la niña de que sus padres están muertos. Una cuota de realismo de la que la niña no tardará en desconfiar, haciéndola blanco de una ironía finísima:

Tuve la sensación de que la señora Honeycut no sabía ni siquiera de qué problemas estaba hablando -que sólo le agradaba usar la palabra “problemas” y que la usaría cada vez que pudiera deslizarla en la conversación. Algunas personas se aficionan a ciertas palabras. A mí me agradaba solarium, aun cuando resultaba un poco difícil de usar.

(p.108)

Todos los personajes que van apareciendo alrededor de la niña presentan sus curiosidades y sus aspectos más o menos desagradables, y así se van construyendo, en función de esa interacción desencajada de la que hablé antes, tanto los personajes secundarios como el personaje central, el de Primrose, el de la narradora.

Los personajes secundarios son, por lo general, adultos: los niños que aparecen en el relato, compañeros de escuela de Primrose, lo hacen sólo a cuenta de mostrar el hostigamiento que la niña recibe de sus pares, portavoces feroces y desaforados del pensamiento y las voces del mundo adulto, de los cuales se aparta espantada.

Un personaje curioso es el de su tío Jack, con quien va a vivir luego de una estadía en la casa de la señorita Perfidia, que también es otro personaje muy curioso en su vejez delirante. Otro personaje, más curioso aún, es el de la señorita Kate Bowzer, dueña del restaurante La Niña del Columpio Rojo, que por momentos parece ser el sustento más firme de la niña. La curiosidad de la señorita Kate Bowzer está en su trabajo: propietaria del restaurante y cocinera, se destaca en su oficio por la peculiaridad de servir todos sus platos sobre un wafle, seña de identidad y de sustento incomparable de Kate, compartido por la niña con reverencia, que facilita, metafóricamente, el título de la novela.

Y aquí conviene señalar una característica estructural de la novela. En cada capítulo, el personaje menciona una comida particular. Luego de esa mención, nos avisa que transcribirá la receta en una libreta de notas que pertenecía a su madre. La transcripción de las recetas se hace también en el libro, al final de cada capítulo.

Estas recetas, intercaladas capítulo a capítulo, incorporan en el relato, por un lado, un elemento de distensión en una trama que se va haciendo cada vez más dramática. Por otro, incorporan también un elemento poético, pues el listado de ingredientes y la forma en que se sugiere la factura de cada comida tienen en sí un valor poético muy potente: son el modo de poner algún orden allí donde todo parece estar flotando en el aire y de este modo son la manera (poética, sí) de afirmar algo comprensible, donde todo parece incomprensible y sin fundamento.

Finalmente, las recetas tiene una significación particular. Se supone que para crecer todo niño debe recibir alimento. Las metáforas de la nutrición suelen ser trasladadas sin más al orden del crecimiento emocional de los niños. Son apropiadas para ello: son un recurso retórico muy válido. En esta dirección, que el propio personaje sea quien se hace cargo de fijar y de ordenar su trayectoria nutritiva nos habla, metafórica e irónicamente, de una niña que de forma autónoma se irá haciendo cargo de su propia experiencia, de recetar su propio devenir y de cocinar su propia formación.

Una niña que llegará a ser quién deba ser luego de asimilar experiencias y aprendizajes como este:

Mi mamá también fumaba, pero supongo que ya ha debido dejar este hábito, una de las ventajas del naufragio. Yo solía perforar los cigarrillos con un alfiler porque había leído en alguna parte que eso impide que el fumador inhale el humo. Lo hacía porque no quería que le diera cáncer de pulmón y muriera pero, cuando descubrió que era yo quien lo hacía (y lo negué tanto tiempo como pude), se enojó mucho y no la conmovió para nada mi preocupación. Y luego sucedió aquello de la tormenta, así que supongo que en realidad no podemos proteger a la gente. O si la protegemos de una cosa, luego viene otra.

(p.72)

Una niña que llegará a ser quien pueda ser (incluso luego de sufrir accidentes y lesiones severas en el transcurso de los seis meses en los que transcurre su historia) luego de asumir sensaciones y emociones como esta:

Más tarde, mientras permanecía acostada en la oscuridad, mirando la única estrella que brillaba por la ventana, con el pie adolorido, ligeramente descompuesta por haber comido demasiados chocolates, y preocupada por la forma como me molestarían en la escuela si corría el rumor de que era suicida, sentí una corriente de alegría. No sabía de dónde provenía esa alegría. No parecía necesitar padres o diez dedos de los pies o las cosas que creemos que necesitamos. Parecía tener una vida propia.

(p. 103)

Una niña que forjará “un sentido de sí misma y de los demás”, incluso allí donde nadie parece tener mucha idea de qué puede llegar a significar eso.

En esta última dirección, esta novela se puede leer también como una novela de aprendizaje e iniciación, una bildungsroman. Una novela que termina, incluso, transmitiendo un saber fuerte por parte de un personaje que, tal como se nos presentaba en el primer párrafo, vivió siempre en el mismo lugar, en ese pueblo canadiense, en Coal Harbour, y que, sin embargo, puede terminar afirmando tajantemente:

Toda mi vida había deseado viajar, pero lo que descubrí aquel año es que las cosas que descubres se convierten en los lugares a los que viajas, y que en ocasiones los encuentras sólo cuando te quedas sola. Otras veces, es la gente que decide permanecer a tu lado la que te da las pistas. Pero las cosas importantes que te sucedan sucederán incluso en el lugar más pequeño, como Coal Harbour.

(p.185)

Agradezco a Natalia Méndez el haberme acercado y facilitado la lectura de esta autora. Todo un descubrimiento, en esta obra, la escritura audaz y firme de Polly Horvath. Alguien a quien seguro volveremos a leer, más allá de las dificultades que pueda significar por estos lares el acceso a sus libros.

Contratapa del libro "Todo sobre un wafle"

Contratapa del libro “Todo sobre un wafle”, de Polly Horvath.

Ficha bibliográfica:

Título: Todo sobre un wafle (novela).

Autora: Polly Horvath

Páginas: 190

Año de publicación: 2001

Traducción: Magdalena Holguín

Ilustraciones: Daniela Violi

Edición: Grupo Editorial Norma, Colombia, 2002

Edad sugerida: A partir de 11 años

4 thoughts on ““Todo sobre un wafle”: novela de Polly Horvath

  1. He buscado como loca este libro desde hace mucho tiempo. La única librería que lo vendía, lo tiene descontinuado desde 2011…
    ¿En dónde puedo conseguirlo?
    Soy de México DF.

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