¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de los ilustradores?

Hace un tiempo le dije a una amiga, que está inserta en el mundo de los libros, que estaba por escribir una entrada para mi blog con el título que lleva esta que ahora publico. Ella se sonrío y me dijo: no lo hagas, no cargues contra los ilustradores. Y eso, viniendo de ella, era toda una advertencia.

Como suelo evitar meterme en problemas y como no era mi intención cargar contra nadie en particular, dejé el asunto detenido. Pero hoy, luego de leer la entrada que publicó Ana Garralón en su blog, titulada “¡Urgente! Se buscan escritores de literatura infantil“, tomé coraje y aquí me leen.

Ana Garralón observa que en la LIJ actual (fundamentalmente en la dirigida a los niños más pequeños, de prelectores a niños de 8 años) hay una discordancia muy grande entre la calidad de las ilustraciones de los libros (muy buena) y la calidad de los textos literarios que las acompañan (mala en general). Por otra parte, Garralón señala la superabundancia de reediciones de cuentos clásicos, que ella atribuye a una apuesta editorial que sabe que tiene a mano buenos ilustradores pero no cuenta con textos lo suficientemente atractivos para que estos trabajen. Su diagnóstico es fulminante: “hay crisis de escritura”; “los escritores no están a la altura de los tiempos”; para escribir bien hay que saber narrar y los escritores no saben hacerlo; los escritores no logran con sus recursos narrativos cautivar a los lectores pequeños… como se puede apreciar, no es una crítica liviana.

En el resto del artículo, hace una serie de recomendaciones a los escritores, o promitentes escritores, para que se hagan con algunos libros que podrían funcionar como manuales sobre cómo escribir bien o cómo desarrollar una historia. Esta última parte me parece secundaria frente a sus aseveraciones iniciales y no la consideraré aquí. En fin, que prefiero quedarme con el diagnóstico y no con el tratamiento sugerido.

Lo que me interesa, de su artículo, y de la situación planteada, es ese comportamiento del mundo editorial (y de la sociedad en general) respecto de la relación entre textos e imágenes. En el presente, es bastante evidente en los libros destinados a la edad que repasa Garralón, los textos habrían quedado en un lugar secundario frente a las ilustraciones. Sospecho que eso se debe, en gran parte, a las exigencias del mercado: a la hora de vender/comprar un libro, seguramente el vendedor/comprador prioriza la imagen. Y es que en nuestro mundo actual la imagen ha cobrado primacía frente a otras formas de comunicación. El diseño se impone por sobre la función. Un libro bien empacado (cuatro tintas, tapa dura, completamente ilustrado) tendrá más posibilidades de venderse que un libro bien escrito. Lo mismo sucede con los jugos de fruta, claro: el sabor no vende primero, sino el packaging (el embalaje, vamos).

Pero quizás eso no sea todo. Días atrás, Marcos Taracido soltaba en su columna de Libro de Notas una tesis temeraria:

Nuestros padres tenían como único modo de acceso a la cultura (a la burguesa, se entiende, a la cultura intelectual) la lectura; nosotros seguimos teniendo, mientras crecíamos, la lectura como el principal recurso (por prestigio, pero también por tradición heredada y por inercia), aunque buena parte de nuestro tiempo ya lo dedicamos al audiovisual. Nuestros hijos aprenden visualmente y la lectura es ya para ellos un anexo, un lujo, una extravagancia con la que juegan más o menos, pero accesoria…

La lectura, la lectura atenta, la lectura que busca oír la voz de un escritor que cuenta una historia, la lectura que al decir de Gadamer es ese “oir interior el hacerse sonido del lenguaje”, esa disciplina, seguramente se ha desvalorizado como bien cultural y, tal vez, en gran parte, como práctica de apropiación social e individual de la cultura. Sin casi darnos cuenta, en el curso de tres generaciones, la lectura habría pasado de ser el único modo de acceso a la cultura a convertirse en un lujo extravagante. Esta es una tesis temeraria, sin duda, y por lo tanto, una tesis más propensa a señalar una tendencia que una realidad consolidada.

Migración lectora (ilustración de Catia Chien)

Migración lectora (ilustración de Catia Chien)

No obstante, es cierto que en el curso de cincuenta años, el lenguaje audiovisual ha pasado a ser el dominante frente al lenguaje escrito y al lenguaje literario. Las posibilidades de que un escritor invente una buena historia, la escriba bien, con un lenguaje cuidado y refinado, con una voz definida claramente, con procedimientos estilísticos más o menos innovadores y adecuados a la realidad actual, con una idea precisa (y preciosa) de lo que quiere decir y cómo: esas posibilidades se reducen porque, de última, el entrenamiento para desarrollar ese arte y ese oficio no está socialmente valorado como antaño. Escribir una buena historia, así como escribir buena poesía, es algo que va a contracorriente de estos tiempos en los que no es lo usual ir a contracorriente, o al menos, es algo que no da crédito ni espacio en las industrias culturales, donde lo que da crédito y espacio es, básicamente, lo que se vende. Escribir para que el lector logre “disfrutar de una experiencia inusual en cada libro”, como pide Ana Garralón, se va haciendo cada vez más costoso en lo que refiere a las inversiones personales que debe hacer el escritor (y el editor, claro, el buen editor), y cada vez rinde menos en lo que hace a los beneficios que se puede obtener de ello.

Por ahí, un texto sencillo, escrito sin muchos esfuerzos literarios, forjado sin grandes aspiraciones, que llegado el caso consiga hacerse de unas “bonitas ilustraciones”, pues ya es suficiente, y seguro que es más fácil de colocar en el mercado editorial, así que ¿para qué tanto desgaste? Si la literatura para niños va a quedar en manos de los ilustradores, que se hagan cargo y punto. “Escribí algo más fácil”, me han sugerido más de una vez. “Jamás vas a ser un best seller”, me llegaron a advertir en otras tantas ocasiones. No son mensajes alentadores.

Así y todo, hay que señalar que los ilustradores no trabajan en el vacío. Ellos también necesitan buena poesía y buena narrativa para poder desplegar una buena obra. Y si esta no se cultiva: ¿será que vamos camino a un cuello de botella donde ya no se podrán escribir (y publicar) más que adaptaciones de adaptaciones de adaptaciones de textos del folclore del siglo XVIII o anterior?

Voy a traer aquí una anécdota que considero que pone de manifiesto lo del cuello de botella ese, a la vez que aporta una revisión sobre lo que antes fue dicho no sin cierta ironía.

En el Primer Encuentro de Escritores e Ilustradores de la Región, que tuvo lugar en Montevideo hace cuestión de un mes, estuvo presente Istvansch. Considero que su intervención en el encuentro fue muy buena, pero que derivó en eso que en filosofía se nombra como una “contradicción preformativa“: lo que dice el discurso niega lo que se está intentando sostener en el mismo discurso (o dicho de manera más técnica: “un acto de habla que en su propia actuación produce un significado que reduce aquél otro acto que intenta realizar”, tal como lo explicita Judith Butler).

Istvansch hizo una defensa muy informada y bien argumentada sobre la importancia de la ilustración en los libros para niños. Su ponencia apuntaba a reforzar la idea de que en un libro ilustrado, los ilustradores también son autores. Una discusión que en Argentina se dio hace veinte años, pero que aquí en Uruguay los ilustradores han tenido que promover con fuerza en los últimos tiempos para defender su lugar en la industria editorial.

Estoy bien convencido de que los ilustradores son autores: no es a mí a quien deben aclararle eso. La campaña que en esa dirección llevan adelante los Iluyos (ilustradores de literatura infantil uruguaya) me parece pertinente (si bien, lo dije en algún momento, me molesta hacer del símbolo del Copyright, ©, una bandera: cuestión que en todo caso refiere al tema de la propiedad intelectual, que ahora no viene al caso, y no al rol creativo del ilustrador).

Pero Istvansch, que a su modo vino a apoyar esa campaña y a aportar la experiencia argentina sobre el punto, no es solo un ilustrador de libros para niños. Es mucho más: es un escritor, es un diseñador, es un editor, es un meticuloso lector y es una persona que sabe muy bien la importancia que el texto tiene en un libro ilustrado. A tal punto lo sabe, que terminó su participación en dicho Encuentro, por cierto muy histriónica y muy amigable, haciendo lectura (y mostrando) un libro-álbum de su autoría, ¿Has visto?, en el cual el texto es la clave para su construcción como obra literaria.

¿Has visto? de Istvansch

Tapa del libro ¿Has Visto? de Istvansch, Editorial Del Eclipse, Argentina, 2006.

En cada doble página de ese libro se veía un fondo de color (rojo, verde, amarillo, etc.) sin ningún añadido gráfico (ningún dibujo: solo el texto, la letra). De hecho, si descontamos el cuadro de color pleno, no había ilustraciones en ese “libro ilustrado” (lo cual resulta una atractiva paradoja). Y el texto apuntaba a señalar todo lo que podía llegar a verse oculto detrás de ese fondo de color plano: muchas cosas, muchas situaciones. El texto interactuaba con el fondo de color en un juego en el que la ausencia de imágenes hacía una apuesta fuerte a la imaginación del lector: imaginación desatada, pura y exclusivamente, por lo leído (oído) en el texto. Ese libro, de última, más que una reivindicación de la ilustración, era una reivindicación del poder literario de un texto que, tematizando la cuestión de la ilustración ausente/presente, apunta directamente al oído de la imaginación y no a la vista: y supongo que fue escrito, diseñado, y montado a tales efectos.

La anécdota viene a cuento para afirmar que sin buena literatura, sin buenas historias, sin buenas ideas, sin editores que atiendan a la calidad literaria de los libros, seguramente la LIJ terminará en manos de los ilustradores (en el mejor de los casos), tal como parece diagnosticarlo Ana Garralón. Seguro que no estará en malas manos, si vemos la calidad del trabajo que desarrollan hoy día. Pero lo que sí sucederá, aunque no lo queramos, es que la literatura para niños será cada vez menos literaria.

Me consta que en Uruguay (como en Argentina, en Brasil y en casi todas partes) hay escritores de literatura infantil, de buena literatura infantil, que están preocupados con que esto último no suceda. Y es que los escritores no podemos desentendernos así como así de esta situación, aunque implique un esfuerzo extra, y aunque ese esfuerzo “no garpe”, como dice un editor porteño amigo.

51 thoughts on “¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de los ilustradores?

  1. Buenisimo!!! Tenemos un gran desafio por delante, aunque sigo pensando que hay muchas ideas, buenas historias y muy buenos escritores. No deberiamos tambien culpar a las pretenciones de los ilustradores?
    Saludos desde Chile.

  2. Yo creo que la literatura para niños ES cada vez menos literaria. Tengo una hija de 2 años y medio y me cuesta horrores encontrar libros para su edad medianamente bien escritos -y no me refiero a grandes historias, eh, con un texto bien escrito me conformo… pero la mayoría de los cuentos están mal escritos, las oraciones son feas y desarticuladas, no tienen ningún atractivo ni para ella ni para mí. Soy consciente de lo difícil que es escribir bien un cuento para chicos tan chicos, donde la historia no puede ser compleja ni extensa sino simple y atractiva a la vez, pero para eso estan los escritores, no?

    Al no haber buenos textos, lo que termina sucediendo es que le compro a mi hija los libros por las ilustraciones, que sí hay muy buenas y que ella disfruta muchísimo -por lo general suele armar relatos a partir de las imágenes. En vista de esto, me parece injusto que por lo general los libros pongan el nombre del escritor mas grande que el nombre del ilustrador, cuando hoy yo creo que ya no es así.

    Y José Arce, las pretensiones de los ilustradores rara vez tienen lugar en el mundo editorial, son generalmente los escritores y los editores los que aprueban las ilustraciones y no el ilustrador el que aprueba los textos…

    • Para mí un libro infantil mal escrito y maravillosamente ilustrado es igual de inválido que uno extraordinariamente escrito pero burdamente ilustrado. No es necesario detenernos en ejemplos de uno y otro tipo. Y luego están los malos de solemnidad, con mala literatura y mala ilustración. Esos hay que quemarlos, sin contemplaciones. Pero el malo de la película yo creo que queda claro: ¿vamos a dejar la literatura infantil en manos de los (malos) editores?
      Un abrazo transatlántico.

  3. Muy interesante el artículo. Particularmente como madre a la hora de comprar libros necesito que las dos cosas sean de calidad . Obviamente que al mirar la tapa me atrapa primero la ilustración, pero si el texto no tiene calidad ese libro se queda en el estante.
    Pienso que hay una excesiva preocupación en que los textos par niños estén vinculados a la educación , que deje una “enseñanza” condimentada con expresiones politicamente correctas. Se esta dejando de lado la creatividad y la imaginación por sí mismas.

  4. El artículo de Germán y vuestros comentarios me hicieron ver al malo de la película: ¿van los buenos lectores, escritores e lustradores a dejar la literatura infantil en manos de los malos editores? Los lectores, con el apoyo de los mediadores (familia, bibliotecarios, libreros, blogueros…), tienen la opción de desterrar a estos malos, o a algunos de sus productos, para no ponernos muy agresivos. Los escritores e ilustradores, que vayan de la mano en calidad (también cuando son la misma persona), y si no, que la suelten.
    Un abrazo transatlántico.

  5. Bien, pero, Germán: “esas posibilidades se reducen porque, de última, el entrenamiento para desarrollar ese arte y ese oficio no está socialmente valorado *como antaño*. Escribir una buena historia, así como escribir buena poesía, es algo que va a contracorriente *de estos tiempos* … Escribir para que el lector logre “disfrutar de una experiencia inusual en cada libro”, como pide Ana Garralón, *se va haciendo cada vez más costoso* en lo que refiere a las inversiones personales que debe hacer el escritor (y el editor, claro, el buen editor), y cada vez rinde menos en lo que hace a los beneficios que se puede obtener de ello”. Para no adscribir tu artículo (muy jugoso, pero no voy a eso) al bonito y útil tópico de la Edad de Oro perdida, te pregunto, muy en concreto: ¿*Cuándo* ha sido de otro modo? ¿En qué etapas de nuestra historia cultural hemos tenido una situación mejor que la actual? Porque yo no lo veo. En todas las épocas ha habido paja y en ninguna tanta calidad como ahora. Que Dickens fuera un superventas y aún lo sea no niega que, en general, los superventas de la historia han sido paja. Creo yo. Así que dime: ¿de dónde venimos que fuera en efecto mejor? Te aprieto, te aprieto, pero igual con un abrazo, no creas. :-)

    • Hola, Gonzalo: No sé si podría decir que hubo una época mejor, así en términos generales. Tengo la idea de que no hace tanto, el autor se exigía a sí mismo mucho más, exigía a los otros autores mucho más y también le exigían más en el medio intelectual. Luego, eso retornaba en reconocimientos, no ya a su imagen, sino a su hacer. Y todo ello repercutía en los tiempos, los esfuerzos y las calidades puestas en el trabajo. Hubo un período, pongámosle que entre finales del siglo XIX y mediados del XX en que un escritor esforzado en su trabajo y con calidad en los resultados tenía mejores retornos. A eso me refería en la primera parte del artículo, donde fui más irónico. De todos modos, lo digo luego, hay en todos lados gente que está preocupada por hacer las cosas bien, y así las hace. Y es un gusto para mí que me aprietes así, y no me dejes pasar con un “me gusta” facilongo. Para eso estamos. Gran abrazo.

      • Pero es que me hablas de una época donde la literatura infantil apenas existía, ¿no? Ciertamente, no sé en el caso de tu país, ahí no hablo con firmeza ninguna. En el caso de España, hay poco donde elegir, diría que por entonces es un proceso de construcción del que se han salvado algunas voces (Antoniorrobles, pese a que ya no se le edita, con conexiones con la vanguardia; en esto último hay más de un caso); pero la mayoría era una literatura moralista insufrible hoy, y con más retórica que genuina voluntad de estilo. Repasaré páginas de la propia Ana Garralón o de Bravo Villasante, a ver. Hay casos de dualidad, escritores consagrados en su época o más tarde que, por afán revolucionario (en España, a menudo republicano), quisieron acercarse a los niños para ayudar a construir. Y en eso algunos perviven. Pero me cuesta ver esa época como mejor que la actual, en el campo del que hablamos. En lo que conozco, había menos y, dentro de eso, mucha más moralidad, lágrima barata y estilo recargado. Claro, en el boom actual vivimos enterrados bajo una producción de calidad media-baja. Pero diría que vivimos mejor (que mis padres o mis abuelos), con más oferta de calidad. No le hemos dado la vuelta a la tortilla, pero hemos ganado sitio. Ellos han ganado más porque la industria vive de la serie y la copia, pero ¿nos cambiaríamos? ¿De veras hemos ido a peor? Yo no lo veo. Abrazo

      • Al leer tus cuestionamientos me doy cuenta de que hubo un error ahí, un entrevero. Lo escrito se refiere a la literatura en general y al papel de la lectura como medio de apropiación simbólica de la cultura tal como lo plantea Marcos Taracido. No restringía, en ese punto en particular, la cuestión a la LIJ. Y sí, lo que tú aclaras aquí es pertinente, aunque da para pensar mucho más. Materia para otra entrada, seguramente. Gracias por tu aporte. Un lujo tenerte como lector crítico, de apriete digamos ;-) Abrazo.

  6. Buenos días,
    He encontrado el enlace a este artículo en mi facebook, me ha llamado la atención, y ahora me encuentro aquí, respondiendo, ya que como ilustradora, me concierne… Tengo 28 años, y soy ilustradora.
    Soy española, gallega concretamente, y he tenido la suerte de tropezar en mi vida, (en el mejor de los sentidos), con una editorial en la que existe una simbiosis perfecta entre texto e imagen. Creo que, los ilustradores necesitan de los escritores, y viceversa. La editorial para la que estoy trabajando trabaja con textos basados en psicología emocional, que no tiene otro objetivo, que enseñar, mostrar, e inculcar en los niños, aquellos valores necesarios para su crecimiento personal. Los ilustradores, lejos de lo que pueda parecer, nos tenemos que supeditar al texto que se nos entrega, cumpliendo a rajatabla la idea conceptual del autor/a, incluso hablando personalmente con ellos para enfocar la línea a seguir para ilustrar el texto que ésta persona ha escrito.
    Desconozco la situación en su país, desgraciadamente..ya me gustaría. Hablo por mi propia experiencia, y aquí, en España, considero que existe una buena calidad editorial, tanto por parte de autores como de ilustradores, aún siendo un país en los que el hábito de lectura no está muy extendido.
    Un saludo

  7. muy buen artículo, germán. muchas gracias por iniciar el debate.

    son muchas las ideas y comentarios que se me ocurren, así que me voy a ordenar con una lista de puntos desde los que comentar el tema. sabrás(n) disculpar el torpe método, pero intentar desarrollar una prosa para hilvanar todo me llevaría más tiempo del que dispongo ahora. acá voy:

    – el valor de las ilustraciones / el precio de las ilustraciones
    hoy en día es casi inconcebible un libro de literatura infantil sin ilustraciones, como si los niños (y niñas, hago esta distinción acá una sola vez para que quede claro que una cosa es un gurí y otra cosa una gurisa, pero cuando hablamos de niños hablamos de los dos. cosas del idioma que todos conocemos. sigo), decía, como si los niños no pudieran leer sin una apoyatura explicativa, sin un agregado visual, sin una distracción. porque en muchos casos, incluyendo experiencias propias, siento al mirar hacia atrás que más de un libro incluye ilustraciones como un bien accesorio y no como una necesidad de proyecto de edición para una historia determinada. entonces las ilustraciones no tienen valor, lo que hacen es agregar, o peor aún, justificar un precio de tapa. por supuesto que no opino que sea así para todos los casos, pero lo cierto que es que hay una tendencia clara en nuestro mundo occidental donde el libro tiene un precio por cómo se ve. el valor es siempre otra cosa, claro.

    – la literatura con ilustraciones / la literatura gráfica (por ponerle un nombre)
    siguiendo el punto anterior, pienso ahora que no estaría nada mal que los escritores reclamaran publicaciones sin ilustraciones. no seré yo quien explique el poder hipnótico de las imágenes, el cómo se comen la atención y la vista. lo sabemos, pasa y venimos siendo criados (y criando) así. entonces, pienso que hacen falta libros sin ilustraciones, que eso lo ponga el lector en su cabeza, de la forma que sea. hacen falta libros, editores, libreros y lectores con el coraje suficiente como para meterse adentro de un libro porque el título les sonó bueno, les dijo algo, o porque el autor les es conocido y querido por su obra, y también porque el librero les supo decir de qué iba la historia, de una forma que enganchó a ese lector. y también, desde luego, porque desde la editorial se hizo una buena promoción del libro.
    otra cosa es eso que llamo, a falta de una mejor ocurrencia, literatura gráfica. estoy hablando de los libros álbum y también de las historietas (en todo su amplio espectro): creaciones literarias donde la narración planteada es imposible sin imágenes, donde hasta se puede prescindir de las palabras escritas porque las palabras están dadas en la forma en que la historia está presentada con ilustraciones. aventurando una tesis elemental se me ocurre que esta forma de creación literaria es un desprendimiento del desarrollo y consumo de la cultura audiovisual, aunque no subsidiaria: no se tratan de creaciones literarias que son bocetos para corto o largometrajes, sino que son obras cuyo valor está dado en su propia forma, y que son una nueva forma de contar. la humanidad aprendió una nueva forma de contar sus historias, y esto es algo digno de celebración. ahora, como toda forma de actuación de lo humano necesita ser estudiado, practicado y adquirido por propios y ajenos. ejemplos hay por todos lados, sólo por citar uno está “el ladrón de gallinas” de zorro rojo (http://librosdelzorrorojo1.blogspot.com/2005/01/ladron-de-gallinas.html). en todo caso, lo que es claro es que la literatura gráfica es un espacio de libertad ganado a nuestro propio desarrollo como cultura occidental, es una nueva forma de decir la palabra propia y, como todo espacio de libertad, implica ejercicio, estudio y goce en proporciones iguales.

    – la formación de lectores visuales / la formación de lectores / la formación para la apreciación artística
    los dibujos son lindos. los dibujos venden. los dibujos entran por los ojos más rápido que un pestañeo. ¡qué lindo que dibujás! ¡pero mire qué bonitas ilustraciones!
    vender un libro con dibujos bien hechos es una papa. es como vender churros en el parque rodó. ahora, qué es un dibujo bien hecho, qué es un dibujo pertinente, eso es otra cosa. y qué es un dibujo pertinente en un medio pertinente (como lo es un libro) es otra otra, pero otra cosa. lo cierto es que se habla mucho de ilustraciones y se sabe poco, porque poco se estudia, poco se discute y poco se aprende. parecería que con mirar una imagen ya se la entiende, ya se aprende lo que hay que saber, y sobre todo, ya se la vió y a otra cosa.
    el asunto, como casi todo en esta vida, es la educación. qué educación recibimos, qué educación difundimos y vamos haciendo. no sé en qué andan los planes de estudio hoy en dia, pero en mis mozos años liceales la materia literatura era casi un embole (o directamente un embole), y dibujo un suplicio. tenía que llegar uno a quinto o sexto de liceo para que le hablaran en serio de lo que es mirar una imagen, aprender a ver una imagen, si tenía la suerte de tener clases de historia del arte (cosa que por cierto no me pasó, el asunto me llevó un rato más que sexto de liceo). malevich parece un ladrón de gallinas, pero su cuadro blanco sobre blanco es cualquier cosa menos una gilada. lo que pasa es que hay que saber qué se está mirando cuando se tienen los ojos abiertos adelante de algo. malevich es como el ladrón de gallinas que cito antes: es un valiente.

    falta que los libreros, los editores, los escritores y los ilustradores aprendan de artes visuales en general y de ilustración de literatura en particular. porque encima una cosa es una ilustración, y otra cosa es una ilustración para/por/de literatura.
    la buena noticia es que si bien la cultura de la imagen tiene unos cuantos siglos de desarrollo, hay bastante bibliografía al respecto, y la mejor noticia es que la creación de libros álbum e historieta es bastante más reciente, así que hay mucho para hacer.

    y hasta acá puedo llegar por ahora. la literatura infantil tiene que salir de las manos de los que la hacen, sean escritores, ilustradores o escritores/ilustradores y llegar a las manos de los lectores, en un viaje que necesita de mucha conciencia y honestidad. no es tan difícil, sólo cuesta mucho trabajo. pero lo vale.

    nota: hablo siempre de cultura occidental porque es, a duras penas, la que conozco y en la que estoy metido.

  8. Creo que parte de la culpa la tienen las editoriales, que desde hace tiempo le dan tanta importancia a la novela, y han relegado al cuento. Yo creo que se aprende a narrar mejor escribiendo cuentos cortos.
    Buen artículo. Saludos.

  9. Genial Germán, genial Santana y varios mas.
    En cierto modo la picardía de Istvansch se parece a la de Malevich, cuadrado blanco sobre fondo blanco, sapo verde sobre fondo verde. El libro “Has visto”, está muy lejos de ser un libro sin ilustraciones, y es una excelente invitación a la reflexión sobre todo lo que nos compete.

    En muchas ocasiones los libros album se realizan con procesos similares a los de una producción audiovisual y es el ilustrador quien asume el rol mas parecido al del director. Por que sucede esto? pues porque en general es el ilustrador el que imagina el libro completo, la obra terminada, su ritmo narrativo visual, su atmósfera plástica, sus tintas, su textura, su peso, su brillo, su papel. La “imagen” del libro es mucho mas que solo las ilustraciones aisladas.
    En general sucede que el ilsutrador es el que defiende estos aspectos y se pelea con el editor y se enoja con la imprenta cuando las cosas salen mal. En el mejor de los casos este debería ser un rol compartido por Escritor, ilustrador, editor, diseñador gráfico e imprentero.

    El deseo de contar una historia puede nacer de cualquier persona, y cada uno puede intentar hacerlo con las herramientas que tenga a su alcance y que considere adecuadas.
    Las afirmaciones de Ana Garralón me resultan ambiguas ya que desde el punto de vista de muchos ilustradores también existe una lucha por entender como se valora la calidad de nuestro trabajo, como lo valoramos nosotros mismos y en que medida asumimos una responsabilidad al hacerlo. Lo demás son criterios editoriales que se basan en mediciones de mercado y no en intenciones culturales, mucho menos en el amor por los libros.

    No se trata de aprender a escribir o a dibujar para ganar o recuperar un territorio, sino de entender que libros queremos, lo cual no quiere decir que tenemos que elegir un solo tipo de libro. Podemos desear muchos tipos de libro y debemos trabajar mucho para realizarlos.

    saludos a todos y felicitaciones por el debate
    Alfredo

    • Alfredo, un gusto siempre que andás por acá. Gracias por tu comentario. Sólo decirte que cuando me nombran a Malevich, y en particular ese cuadro, tiemblo. Todos sabemos lo que hizo Malevich después. Abrazo.

  10. Debatir entre imagen y texto, ilustración y narrativa es como poner a esgrima al teatro y el cine, la radio o la televisión, el “happening” o la instalación. Plataformas son todas, con su alcance y expresividad particular. Diversas y complementarias debiera entenderse. Son canales, específicos en el encuentro con los sentidos y con distintas capacidades.
    Son lenguajes y formas de comunicar algo. Ese algo, el bendito mensaje, es el que se debe poner espada contra la pared. Nada nuevo. Pero constantemente olvidado en la lucha por quién tiene el poder de la mejor forma de expresión.

    La importancia siempre radicará en el contenido. En qué capacidad humana logra captar y disparar hacia un nuevo lugar. El lugar de la pregunta, de la respuesta, de la observación, de la creatividad, de la ironía, de la reflexión, melancolía, felicidad y toda capacidad que se logre exponer y poner a prueba.

    El problema principal entonces “hoy” es otro. No es específicamente el lenguaje, si no la incapacidad o capacidad distorsionada de leer esos lenguajes. Tanto en la exposición como en la lectura sólo atreverse a presentar y ver lo superficial. O más oportuno para “la actualidad”, es si quiera reparar medio segundo en lo que se tiene en frente.

    “Una imagen dice más que mil palabras” se podría complementar con la idea que “mil palabras dicen más que mil imágenes”. Está claro que el problema no es cuantitativo, si no cualitativo. Y la cualidad entendiéndose como la más oportuna para transmitir pensamiento y sentimiento “de calidad”.

    El debate sin duda puede ser muy productivo, en la forma que encuentre para exponerse, pero quizás debería procurar centrarse en la problemática de los mensajes y sus interpretaciones, antes de “gastar” imágenes y palabras en una confrontación que olvida el qué – y su calidad – por un cómo “vacío”.

    • Mariale, gracias por tu comentario. Si bien el título podía llevar a la idea de una lucha entre imagen y texto, el fondo del asunto es la literatura para niños, la lectura y los buenos libros. Y en esa dirección, el qué y el cómo no están vacíos.

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  13. Gracias Germán por tu artículo, que lleva a la reflexión.
    Me parecieron también muy interesantes los comentarios, y coincido con buena parte de ellos.
    Me hago muchas veces planteos sobre los textos para niños, qué se cuenta y de que forma.
    Pero también siento que eso mismo pasa en materia de ilustración. Y tengo la impresión de que un libro bonito y bien editado (en el sentido de la calidad de impresión) parece ser suficiente… Pero, ¿qué decimos con las imágenes?

    ¿No es buena la calidad de los textos? ¿Y las ilustraciones? ¿Qué sabemos de todo esto?
    La cuestión sería la calidad (como ya se dijo), en general, de los libros para niños, de lo literario y de lo plástico a la vez.
    Y supongo que en este lugar comienza la responsabilidad de todos los que son parte de la construcción de estos libros: saber. ¿Será una cuestión de mercado o será una cuestión de ignorancia literaria y plástica?
    Y me pongo, ahora mismo, a seguir pensando sobre esto, a ver si aprendo algo.

    • Bien, Ale. Esa es la idea, saber más y mejor. Hacer apuestas de calidad artística. Formar el gusto. Cada dos por tres me viene a la cabeza aquella afirmación contundente del escritor español Rafael Sánchez Ferlosio que decía: “…la fealdad es consecuencia de la estupidez, y tras la estupidez y la fealdad siempre podría venir finalmente la maldad. Todo acecha otro turno detrás del horizonte, y nada se puede dar por ahuyentado para siempre cuando los peores demonios de este mundo están hoy demostrando que son capaces de volver, sin que ninguno obedezca al pueril exorcismo del nunca jamás“.

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  15. Germán, excelente tu reflexión, como siempre. Resulta reiterativo estar diciéndote esto a cada rato.
    De todas las jugosas derivaciones a que esta entrada da lugar, elijo una, que parte de un enunciado en el que te referís a la reciente participación de Itsvanch en nuestro país. No sé si lo que voy a decir es muy pertinente en este caso, per es algo que tengo atragantaxdo hace mucho tiempo. En tu nota hablás de:
    “Una discusión que en Argentina se dio hace veinte años, pero que aquí en Uruguay los ilustradores han tenido que promover con fuerza en los últimos tiempos para defender su lugar en la industria editorial”.
    Es cierto, en argentina esta discusión se inició hace veinte años y acá no. Lo cual no quiere decir que hace veinte años, o diez, o cinco, reinara la indiferencia hacia este tema. Lo que ocurría, por el contrario, hace dos décadas -poco más, poco menos- es que ilustradores, escritores (y hasta algunos editores) luchábamos y trabajábamos juntos por nuestros derecchos. Juntos logramos -entre otras cosas- que el nombre del ilustrador apareciera en letra grande en la tapa (lo cual, como podrán apreciar, no es lo más habitual en otros países).
    Juntos, también, apoyamos a la editora de una de las editoriales más importantes de LIJ para defender y mantener el formato “ancho” y totalmente ilustrado en libros para mayores de ocho años, y lo logramos por varios años.
    En lo que respecta a lo económico, por entonces -como ocurrre hasta ahora, en casi todos los casos-, los ilustradores cobraban por su trabajo al entregarlo, y los escritores cobrábamos varios meses después, de a poquito, el 10 % del precio de venta de los ejemplares vendidos (que, en Uruguay, excepto en el caso de algunos “bestsellers”, difícilmente pasa de los mil o mil quinientos en un año, y promedialmente es bastahte menos), a lo cual se le restó, al crearse el IRPF, el 12% durante un tiempo, y luego -hasta hoy, sea cual sea el monto- el 7%. A comienzos y mediados de los noventas, un alto porcentaje de los autores de LIJ, entraban en la categoría que Sergio López Suárez denominó “ilustrautores”. Pues bien: llegó un momento en que la editorial importante (y multinacional) a la que me he referido antes se “avivó” de que, si el libro lo hacía una sola persona, esa persona bien podía conformarse con cobrar el 10 % de derechos de autor, y ellos ahorrarse los honorarios correspondientes a la ilustración. Pues allá fuimos todos, otra vez, los “ilustrautores”, los ilustradores, y los que “solo escribíamos” y publicábamos en esa editorial, a “pelear” codo con codo por el mantenimiento del doble pago a los creadores.
    Ahora parece que esa reivindicación -que contribuyó, entre otras, a generrnos a algunos la fama de “peleadores” y “negativos” es una desventaja, resulta que los ilustradores uruguayos prefieren cobrar un 5% del precio de venta (menos el 7% de IRPF) con cuentagotas varios meses (o años) después de entregar su trabajo, y que los más veteranos peleamos e insumimos tiempo y energías al divino cohete.
    Está bueno, y es importante, que los ilustradores jóvenes aprovechen la vasta experiencia desarrollada en la vecina orilla. Pero está mal que de allí tomen los enfrentamientos -que al parecer existen- entre autores e ilustradores, y le den la espalda a la tradición de trabajar juntos que aquí construimos con tanto esfuerzo.

    • hola magdalena,
      si bien tu comentario se escapa un poco a las reflexiones que motivaron el texto de germán (como vos misma anticipás), lo que decís me motiva a responderte. será quizás un riesgo abrir otro debate en uno ya bastante animado, pero hay que aprovechar estas circunstancias.

      nota antes de empezar: si bien voy a hablar sobre la tarea de los ilustradores, lo que diré será mi opinión personal. si bien se que más de un colega puede compartir estos dichos, en ningún caso estoy hablando en nombre de un colectivo, grupo o asociación. apunto esto porque iluyos, el grupo de ilustradores de literatura infantil uruguayos que integro, está pasando un buen momento de trabajo y visibilidad, pero más allá de estar nucleados ahí, los que somos parte del colectivo seguimos siendo individuos separados, y no quisiera que mis palabras sonaran a una declaración corporativa. una cosa es una cosa y otra otra :)

      ahora sí, a los puntos:
      primero que nada, no creo que ninguna lucha sea al cuete, y menos las que obtuvieron logros en su momento. el gastado slogan dice que la única lucha que se pierde es la que se abandona, y no por gastada, esa sentencia deja de ser cierta. el enfrentarse con las casas editoriales en busca de mejores condiciones de trabajo habrá cambiado, pero el objetivo sigue siendo escencialmente el mismo: que quienes trabajan obtengan lo que les corresponde por ese trabajo. ni más, ni menos. claro, en un ámbito laboral donde las regulaciones escasean y/o son poco conocidas parece que hay que andar inventando la rueda cada cinco años, pero esto parece ser parte de los avatares de trabajar en este mundo de la LIJ, aunque no estaría nada mal generar antecedentes registrados desde los que cada nueva reinvidicación pueda pararse. estoy hablando de representación en consejos de salarios o lo que sea, el punto es que lo que hacemos quienes trabajamos en LIJ es nuestro trabajo, es la actividad que sabemos desarrollar para pagarnos el pan, y si todas o casi todas las actividades productivas (consideradas como tales en términos de producción económica asociada a la actividad financiera del país) están reguladas por el estado, ¿porqué no habría de estarlo la nuestra?

      en el mismo tren, segundo: más que pelea, de lo que tenemos que hablar y promover es de reflexión, porque sacando el dinero de por medio (o tapándolo con una sábana, ya que es un convidado de piedra casi imposible de dejar de lado), lo que hace falta en nuestra profesión es mucha reflexión sobre el porqué, el cómo, el hacia dónde y demás cuestiones que exceden lo meramente literario y/o plástico. lo que desarrollamos quienes trabajamos en ésto es una actividad de creación intelectual, y como todas las actividades de este tipo necesitan, además de obra concreta, pensamiento abstracto asociado, porque mal que nos pese con lo que hacemos estamos desarrollando una forma de conocimiento, y hace falta reconocerlo como tal, analizarlo y debatirlo. y estas reflexiones las tienen que llevar a cabo necesariamente las tres partes principales involucradas en la creación de libros ilustrados (que es en concreto de lo que estamos hablando): los editores, los escritores y los ilustradores (nucleando en este último punto a todos los agentes que trabajan la imagen del libro, desde las ilustraciones a la tipografia y el diseño gráfico). lo digo una vez más sin aburrime ni miedo a aburrir: los libros los hacen los editores, los escritores y los ilustradores hacemos otra cosa desde nuestra profesión.
      claro, las tres partes se pueden fundir en una o dos personas, compartiendo fragmentos de obrar, pero son 3 partes bien diferenciadas, y cada una tiene que aportar su cuota responsablemente para poder crear un libro.

      tercero, apoyándome en lo anterior, y volviendo a tu comentario: la intención que me anima en muchas de mis discusiones, y que sé es el mismo espíritu que anima el accionar de más de un colega, no es de distanciarse o enfrentarnse con los escritores y/o editores, sino reflexionar sobre un par de cuestiones básicas y obrar en consecuencia, en conjunto: por un lado, reconocer que las ilustraciones de un libro son creación intelectual, por tanto tienen una autoría definida, y por consiguiente la utilización de este tipo de obras debe regirse por la ley de derechos de autor, con contratos que sean conceptualmente similares a los que se manejan para las obras escritas (donde se fijen condiciones de tiempo y espacio limitadas para su utlización). por otro, pero conexo, reconocer que determinadas obras literarias existen como libros publicados porque tienen ilustraciones, y por tanto, las regalías que ese libro produzca (y volvió el dinero, era de esperarse, no se iba a aguantar tanto tiempo abajo de la sábana sin abrir la bocota), decía, los ingresos que ese tipo de libros produzcan deben repartirse entre quienes le dieron alma y cuerpo: el editor, el escritor y el ilustrador.
      un punto aparte en el que vengo reflexionando hace poco (y que hice público en mi primer comentario de este post del blog de germán) es que también habría que pelear por el derecho de determinados textos a no tener ilustraciones cuando se conviertan en libros. es un punto que da para un discusión aparte, pero lo comento porque es parte de los temas que motivan mis discusiones con editores y escritores.

      ahora bien, ya que apareció el dinero, hablemos de él (cuarto punto. sigo puntualizando para ordenar mi cabeza): es cierto que hoy en día, en uruguay, la norma más o menos común pauta que el ilustrador cobra un monto fijo por la realización de las ilustraciones y que el escritor cobra el 10% de regalías de la venta de los libros, que es el mínimo que establece la ley uruguaya. esta práctica se fue desarrollando y estableciendo como norma a lo largo de los últimos años (sobre todo en algunas editoriales locales), pero a mi entender dista muchísimo de ser la mejor y la más justa. por lo que hoy en día lucho, discuto y pienso es por un sistema de distribución de los ingresos que refleje de una forma más fiel la realidad de la producción de los contenidos de un libro, donde todo el dinero que surja se reparta de la forma más equitativa posible: si hay un fijo, que se reparta entre escritor e ilustrador, y que luego el porcentaje de derechos de autor se reparta también entre los dos autores, en partes iguales.
      repartir el 10% es fácil, 5 para cada uno y listo. sería deseable subir esta cifra, pero la experiencia internacional pinta mal, en europa se está bajando a 8% y se está tomando eso como norma. además lo cierto es que las cifras en uruguay pareciera que no permiten subir ese porcentaje, pero en todo caso es una discusión a realizarse en cada caso, entre los interlocutores de cada proyecto y de acuerdo a las necesidades y posibilidades de cada cual. lo estrictamente cierto es que 10% es el mínimo por ley, si a un autor le imponen menos que eso es para ir a juicio.

      está el asunto del fijo, que es otro tema, pero que tiene que ser discutido (digamos punto quinto, aunque más no sea para separar párrafos): lo que puedo decir de la realidad del trabajo del ilustrador por experiencia propia es que ilustrar un libro es, además de un placer y todas las flores que puedan mencionarse, un trabajo solicitado que hay que realizar en un tiempo determinado, un tiempo que hay que tomar de algún lado y por tanto cubrirlo, sea con otro pedazo de tiempo de otro momento del día, o sea con dinero, donde exista una equivalencia razonable entre las horas utilizadas y el monto obtenido a cambio de esa dedicación: igual que cualquier trabajo, sea amasar bizcochos, arreglar caños o diseñar un puente. por tanto el ilustrador que es requerido para realizar un trabajo determinado es casi seguro que necesite cobrar un dinero que equivalga al tiempo que utilizará para realizar la tarea. de todas maneras, y siempre hablando a título personal, ya he pensado (y llevado a cabo) experiencias donde el cobro de un fijo se reparte entre quienes realizamos obras para la confección de un libro, porque lo cierto es quien escribió también utilizó horas de su tiempo para llevar a cabo la tarea, y sería justo que, más allá de lo que le corresponde por ley una vez que esa obra es publicada, reciba algo a cambio de esas horas que utilizó para escribir, y que fueron en efecto trabajo. pedir un fijo mayor en una editorial para compensar esa dedicación del escritor es casi impensable, al menos en uruguay, pero repartirse el dinero que haya de común acuerdo entre los autores es lo mínimo que dicen las reglas del compañerismo más elemental.

      y para el final, un apunte bastante por fuera del debate conceputal y más centrado en el irritante pero inevitable tema de la guita: el 7% que actualmente las editoriales nos retienen por concepto de irpf es en realidad un anticipo sobre la futura tributación que de ese impuesto tendríamos que hacer. como rastrear los ingresos que obtenemos por la actividad que desarrollamos es una tarea muy difícil para los funcionarios de impositiva, lo que el estado decidió es gravar nuestras ganancias por adelantado, cobrándonos un monto fijo (en términos porcentuales) a cuenta de lo que deberíamos pagar, si es que deberíamos pagar.
      es decir, no importa cuánto cobremos por un trabajo que implique desarrollo de actividad intelectual reconocida por la ley de derechos de autor, tenemos que dejar un 7% a cuenta de lo que ese monto tributaría por irpf.
      la buena noticia es que, si al final del año fiscal, lo que efectivamente teníamos para pagar por irpf en cada bimestre (impositiva mide el año en bimestres, cosas de ellos) es menor a lo que en cada bimestre aportamos por concepto de ese impuesto, nos devuelven el dinero. uno va a abitab con su cédula y, experiencia extraña si las hay ¡en la caja nos pagan! doy fe de tal prodigio, ya concreté dos veces operaciones similares, con resultados distintos, claro está, ya que mis ingresos y tributaciones no fueron iguales en los dos años, pero siempre me retuvieron un monto mayor al que tendría que haber pagado (seguramente cometí más de un error técnico en esta explicación, pero la base del funcionamiento es ésta. pido disculpas a los lectores que entiendan de la materia y encuentren las torpes erratas).
      esto es algo que ya he comentado más de una vez en la interna de iluyos pero que lo seguiré diciendo, porque estamos hablando del dinero que nos corresponde por nuestro trabajo de acuerdo a la normativa vigente: averigüen en dgi, con un contador, administrador o entendido en la materia. lo cierto es que quienes tributan anticipos de irpf tienen la posibilidad y el derecho de que se les reintegre el saldo a favor que puedan tener. está en la ley y es una práctica que de hecho funciona.

      y finalizo por acá, no sin antes agradecerte, magdalena, por motivarme a escribir durante un buen rato. habrá que seguir moviendo la piedra hasta que ruede, ganas no nos faltan.

      un abrazo,
      s

    • Hola Magdalena, Si bien siento que tu comentario se enfoca en otro tema que amerita otro debate tan grande como este, quiero dejar un par de puntos de vista.
      En los últimos años, muchos ilustradores nos hemos encontrado con decenas de viejos y nuevos colegas, el medio se ha enriquecido en este aspecto, hay mas variedad de opiniones y hay discusiones sobre diversos temas. Lo que no he visto, al menos en los que conozco de cerca o mas o menos, es esa conformidad a la que te referís. Sino todo lo contrario. El territorio de los derechos intelectuales y de la responsabilidad y profesionalismo que nuestra profesión implica está en permanente exploración, especialmente si nos referimos a los acuerdos y discusiones frente a las “grandes” editoriales que tienden a priorizar aspectos que a nosotros son los que menos nos interesan.
      En mis años de trabajo he cobrado fijos que superan lo que los escritores a veces ganan por ventas (libros que por diversas razones no se venden) y sin embargo esos fijos son un magrísimo sueldo si se comparan con las horas dedicadas al trabajo. También he cobrado fijos por trabajos que hoy van casi en su veinteava reimpresión, mis dibujos se reproducen como conejos en esas páginas, se reutilizan para nuevas tapas con criterios de diseño muy feos, sin que yo pueda hacer reclamo alguno, ni moral ni económico.
      Pero también he trabajado en proyectos de absoluto riesgo sin cobrar un mango y por porcentajes ínfimos simplemente porque creo que vale la pena. Las preguntas para hacerse sobre estos temas son muchas: ¿Quien es o quienes son los responsables de que un libro se venda o no? ¿Quienes deben asumir riesgos y quienes deben cobrar por servicios contratados? ¿Que clase de libros son viables teniendo en cuenta la tendencia del mercado editorial a apostar a la venta fugaz de tirajes con corta vida comercial?¿Cual es la responsabilidad que asumimos frente a la calidad de lo que hacemos? ¿Cuales son nuestras principales motivaciones?.
      El mundo editorial gira mas rápido de lo que nos imaginamos y en los últimos tiempos muchos de nosotros nos hemos visto frente a situaciones impensadas, cambios de estrategia, descuidos incomprensibles.
      En lo personal trataré de seguir arriesgando solo allí donde crea que hay algún valor. De negocios se aprende, pero ese no es el punto, hay una gran diferencia entre lo urgente y lo importante.

  16. Germán, excelente artículo, lo comparto por mis redes! Coincido con uno de los comentarios que te cambia el título a “¿van los buenos lectores, escritores e lustradores a dejar la literatura infantil en manos de los malos editores?” Creo que es más pertinente en relación al contenido de tu nota y menos violento para los ilustradores. En realidad tu artículo no es violento hacia ellos aunque desde el título hay cierta cosa ahí que lo da a entender…

    Tengo una hija de tres años que ama los cuentos y las historias (en todos sus formatos, canciones, películas, teatro y obviamente cuentos, tanto narrados como plasmados en libros). Desde que pasó los dos años empecé a comprar cuentos para más de 4 (buscando buenos textos, ilustraciones buenas hay por doquier), porque ella le tiene paciencia a las historias largas, imaginaba sus propios relatos y las entendía. Y es muy cierto, encontrar libros para prelectores que tengan, además de buenas ilustraciones, buenos textos literarios, es todo un hallazgo. Soy una super fan de los ilustradores de esta época, son grosos, sus trabajos en general enaltecen los libros. El problema es que si no hay buenos textos el libro queda chueco, desbalanceado y uno queda un poco con la sensación de haber sido estafado, o lo que es peor, se acostumbra.

    No es fácil escribir cuentos para chicos. Las historias clásicas de princesas y caperucitas rojas o las historias con moraleja son del pasado. Me gustaría ver en libro las historias de los cuentos muy muy exagerados: http://www.youtube.com/watch?v=8nsb7yv8VeQ
    :)

    • Hola, Barbara: Hay buenos escritores y de los malos, hay buenos ilustradores y de los malos, hay buenos editores y de los malos, así como hay plantas buenas y mala hierba. La idea básica detrás de mi texto es no hacernos trampas. No engañarnos a nosotros mismos (nosotros, aquí, es el mundo de la LIJ: editores, diseñadores, ilustradores, promotores, educadores, bibliotecarios y escritores, entre otros). Ver en qué punto estamos. El título de la nota hace alusión a una situación que es la que se desarrolla en la nota: la primacía de la ilustración en los planes de edición (tal como lo propone Garralón en su nota). Pero es sólo un motivo. La reflexión va más allá, es obvio. Me consta que los ilustradores no se tomaron a mal mis comentarios, porque entendieron y saben que no es una disputa contra ellos, sino con ellos. Gracias por pasar por aquí, dejar tu comentario y volantear la nota por las redes. Un gusto, siempre.

  17. pd*: en todo caso, lo que está en crisis es la industria editorial, o al menos una parte de ella. es muy parecido a lo que pasa con el asunto de la música, aunque en ese universo hay otros parámetros que hacen difícil trasladar todas las reflexiones (el hecho de que la música se puede escuchar igual desde un buen mp3 que de un disco comprado, etcétera).

    el asunto es que buena parte de la industria edtiorial de libros tomó como propios los mecanismos de producción y comercialización estándares del capitalismo (producir lo más barato posible en términos de inversión para conseguir las ganancias más altas, renovación de productos en corto plazo -obsolencia programada-, mantenimiento de líneas de éxito con poca o nula innovación y toma de riesgo, en fin, lo que cualquier hijo de vecino conoce o puede inferir mirando la vitrina de cualquier comercio, donde quiera que esté).
    entonces, desde mi punto de vista quienes necesitan urgente una buena bilbiografía de apoyo para rever sus maneras de obrar son quienes trabajan en el mundo editorial, eligiendo o promoviendo la creación de obras para convertir en libros. insumos desde los cuales proyectar su participación en la creación de libros nunca van a faltar, porque nunca va a faltar alguien que esté contando historias de alguna manera.
    lamentablemente, y esto lo digo de corazón, desconozco qué libros recomendar para estudiar distintos puntos de vista para entender qué significa hacer buenos libros y cómo lograrlo (bastantes problemas tengo para elegir entre azul de prusia y azul ultramarino). seguro que alguien ya pensó esto con más profundidad y sacó una o dos conclusiones. será cuestión de investigar.

    *este “pd”, como bien me enseñó sergio lópez (que a su vez lo aprendió de alguien más) significa “pensado después”.

    • Una breve acotación: la industria editorial está en crisis, sí, pero no la rama de la industria que se dedica a la LIJ. El informe de Natalia Méndez en su blog es claro al respecto: habla de una sobreoferta editorial. Y ella, ahí, agrega un punto de vista, el editorial, que no nos podemos saltear al considerar el asunto de esta nota, desde donde observa cuestiones críticas bien relevantes: la repetición de fórmulas (el parecido de los títulos, géneros y subgéneros, estéticas de ilustración) en lugar de proponer líneas de edición; la interacción con otras literaturas; la formación de lectores críticos (de esto ya hablaste vos). Por lo demás, no deja de existir en el mercado del libro infantil y juvenil una línea de negocios que se llama “long tail” y que apunta a la edición de “long sellers”. Allí cabe la calidad. Eso, una acotación. No es cuestión ahora de decir que toda la culpa la tienen los editores, a menudo atados de pies y manos en sus empresas, pero también, a menudo, proponiendo líneas de edición equilibradas, donde un libro malo pero de buena venta puede sostener a un libro bueno pero de mala venta.

      • desde mi punto de vista la publicación de LIJ también está en crisis. en otro tipo de crisis, ciertamente, pero grave igual: es una crisis de falta de criterio de selección, o de intenciones de publicación que poco que tienen que ver con la calidad literario/plástica de los libros. así como la población pobre ha sido invitada a la fiesta del consumo básicamente porque aunque poco, los pobres también tienen dinero y lo pueden (lo deben) gastar (hay al respecto un artículo interesante al respecto en http://www.nuso.org/upload/articulos/3522_1.pdf), pienso que mucha de la producción actual de libros de LIJ está basada en una necesidad de ingresos apoyada en la elemental realidad de que siempre habrá niños nuevos y, por tanto, siempre se les podrá vender libros, sobre todo libros nuevos, porque parecería que los libros de ayer ya no valen para los gurises de mañana.

        por supuesto entiendo que la responsabilidad no está sólo en los editores (es una responsabilidad que compete a todos quienes les interesen los libros) ni que toda la actual LIJ publicada está regida por esos criterios, pero menciono el tema porque es una discusión que me interesa y hablo de los editores seguido y sostenido porque entiendo que hace falta que participen de estas discusiones. un poco como tu título, me interesa tironear un poco de la cuerda, a ver qué pasa.

  18. Germán:
    Aún no nos conocemos personalmente (espero que podamos solucionar eso a la brevedad) pero, a pesar de la carencia confesada, me animo a mandarte este correo porque el texto que publicaste el 4 de julio en tu blog me resultó muy provocador y me animó a escribir unas breves líneas que, aunque no aporten demasiado al tema, por lo menos me ayudaron a fijar posición y a ordenar mis ideas (que para eso también sirve esto de escribir).
    Entremos en tema:
    1. Prometo que voy a buscar el texto de Garralón para leerlo con tranquilidad, pero de arranque tengo algunas diferencias (por lo menos con los fragmentos que citás). Por ejemplo, no comparto la aseveración de que abundan los buenos ilustradores y escasean los escritores aceptables. No creo que se pueda medir el talento cuantitativamente ni me parece que las estadísticas puedan demostrar ese tipo de predominio de un arte sobre otro. Desde que tengo memoria (y eso es hace bastante tiempo), la industria editorial nos ha bombardeado con lujosos ejemplares brillantemente ilustrados (que no significa necesariamente “preciosamente” ilustrados) que contenían textos paupérrimos. Esto no es novedad. Quizás y en parte, se haya incrementado debido al desarrollo de la industria editorial que demanda más y más cantidad de “novedades” para llenar los anaqueles, pero eso no cambia el hecho de que cuando yo era chico había mucha mierda a todo color y, al igual que hoy, se precisaba de intermediarios lúcidos para acercarle buenos materiales a los niños.
    2. Das por cierto que en las últimas décadas el lenguaje audiovisual pasó a ser el dominante frente al escrito, argumento que me recuerda la vieja discusión entre radio y televisión, pero yo me pregunto; en la historia de la humanidad, ¿durante cuánto tiempo “el entrenamiento para desarrollar ese arte y ese oficio” fue valorado? ¿A qué te referís por antaño? ¿Dos siglos, tres siglos, mil años? ¿En alguna época fue usual “ir a contracorriente”? ¿En algún momento de la historia pagó ser trasgresor?
    3. El dudoso consejo que te dieron alguna vez: “escribí (o lo que es lo mismo, hacé) algo más fácil” no está diseñado exclusivamente para los escritores. Alguna vez, cuando me dedicaba a ilustrar mis libros, me sugirieron que lo hiciera con menos nivel de abstracción “para que los niños entiendan”, por lo que me parece que la verdadera cuestión es qué tipo de producto pretenden darles las editoriales a los niños. Hasta donde me consta, también en el campo de la ilustración hay una tendencia del mercado a buscar el esteriotipo, a no jugarse por la novedad y a mantener un perfil conservador (sobre todo cuando se encuentra una “veta” vendedora).
    4. Tampoco comparto lo del “cuello de botella”. En primer lugar porque creo que textos regulares, incluso malos, pueden ser mejorados y elevados a la categoría de obras maestras (y no estoy exagerando) gracias al trabajo de un ilustrador capaz de recrearlo, completarlo y desentrañar lo esencial que el mismo pueda tener. En segundo lugar, porque los escritores no somos esenciales para que la humanidad trascienda sus inquietudes fundamentales. Nosotros, los que nos dedicamos a la literatura de la forma en que hoy entendemos el oficio de escribir, somos una invención bastante reciente en la historia. Los seres humanos no nos necesitaron para crear los cuentos que los acompañaron desde los albores de la civilización y seguramente, no nos extrañarán demasiado si por obra y gracia de algún virus mutante o alguna plaga alienígena somos erradicados de la faz del planeta. Encontrarán otras formas y otros soportes (o reutilizarán los viejos con nuevas miradas), para liberarse de la carga existencial, para comunicar sus emociones y vivencias, para decir lo que tengan ganas y necesidad de decir.
    5. Por todo eso no creo que debamos pensar en un futuro apocalíptico donde solo existan libros que reciclen cuentos del siglo XVIII. Me resulta más posible (aunque igual de improbable), que los libros desaparezcan como tales, que las formas de narrar cambien radicalmente o que se diseñen ordenadores capaces de crear buenas narraciones.
    6. Además existen libros llenos de poesía, libros que cuentan historias complejas y profundas, historias capaces de atrapar al lector y transformarlo (como lo sabe hacer la buena literatura) y esos libros están narrados únicamente con imágenes.
    7. Este asunto, el narrar con imágenes, tampoco es nuevo, no es producto del desarrollo explosivo de las TIC, ni es un invento del todavía joven milenio. Narrar con imágenes es una actividad casi tan vieja como el origen de nuestra especie, o por lo menos casi tan vieja como el momento en que nuestros antepasados se decidieron a bajar de los árboles y refugiarse en las cavernas.
    8. Humildemente, creo que la pregunta que dispara tus reflexiones está mal planteada. ¿El problema son los ilustradores? ¿Son ellos quienes “infantilizan”, banalizan y degradan los libros para niños? ¿Los ilustradores son los responsables de la tendencia que te (nos) preocupa y dispara este intercambio?
    9. Estoy absolutamente convencido de que no es así, el problema no son los ilustradores, por lo que sustituiría tu pregunta (perdoname el atrevimiento) y, como consecuencia el eje de la discusión, por las siguientes: ¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de los editores? ¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de las empresas editoriales? ¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de las leyes del mercado? La discusión que pueda surgir a partir de estas preguntas me tienta mucho más. Y creo que a vos también, porque entre otras cosas, tú mismo sugerís que los problemas pasan por ahí.
    Te mando un abrazo a cuenta de poder estrecharnos las manos en un futuro cercano,
    Fernando González.

    • Fernando: Me alegro que te haya resultado provocador el texto y que te hayas arrimado al fogón. Yo sí te conozco a vos, aunque nunca nos presentaron. Un gusto tenerte por acá, y tenerte en el ruedo, claro. Tus críticas son muchas, y responderlas me llevaría a escribir otra entrada. Pero intentaré responderte algunas cosas, ya que te tomaste el trabajo de leer y comentar la entrada, y van mis respuestas a cuenta de ese abrazo prometido:
      1) Nadie habló de medir talentos, sino de evaluar resultados: eso se puede hacer. Basta tomar los libros y compararlos o, al interior del libro, comparar el trabajo de ilustración con el de escritura. Y tú mismo lo hacés al hablar de libros con ilustraciones brillantes y textos paupérrimos
      2) Sobre lo de antaño: más arriba en los comentarios intercambié con Darabuc sobre el punto. Te remito allí. Es algo que deberé desarrollar mejor. Otra entrada en el blog, seguro. Y en cuanto a si pagó ser transgresor: sí, claro que sí. La transgresión es parte de un mecanismo de la moda. Pero es cierto, hay transgresiones y transgresiones. Unas pagan, otras no. A las que me refiero aquí, son a las que no pagan.
      3) No discrepamos en este punto. Y la veta vendedora ya está encontrada, y se repite, se repite, se repite… De todos modos, hice un comentario más arriba donde aclaro que no echo todas las culpas a las editoriales ni a sus editores.
      4) Soy de los que aprendieron que la historia empezó con la escritura, y que lo anterior era prehistoria. Quizás me enseñaron mal, pero en su momento lo entendí con claridad. Soy de los que piensan que una sociedad que cuenta con buenos escritores es una sociedad con ventajas frente a las que no los tienen. Y te diría más, una sociedad que cuenta con buenos escritores contará con mejores ilustradores. Cuando muere un buen escritor, soy de los que se lamenta. Y pienso, también, sí, claro, que un texto malo puede generar un libro bien ilustrado, vistoso, y así, pero seguirá siendo un libro con un texto malo. Y esto no atenta contra las narraciones orales que, vamos a decirlo, si se mantienen y nos llegan es gracias a que se fijaron en buenos textos: ¿cuántas bellas historias de culturas ágrafas se perdieron (y se siguen perdiendo) por no ser registradas en su momento? Eso es una pérdida, claro que sí.
      5) Si repasas mi blog, verás que soy promotor de formatos alternativos al libro de papel, pero sé que una cosa son los formatos y otra los contenidos.
      6) Me gusta el cine. Me gustan los comics. Me gustan los libros-álbum que cuentan historias con imágenes. Me gustan los buenos textos y la buena literatura. No son excluyentes. Me gusta cuando interactúan las distintas artes. Me gusta cuando todo ello tiene calidad. Y si de este modo acaban en un libro, también me gusta. Pero no es lo que estoy discutiendo en mi nota.
      7) Narrar con imágenes está muy bien. Otra cuestión es cómo, en un mismo libro, interactúan la narración con imágenes y la narración con palabras. Y acá de nuevo, la cuestión es de calidades. Santana, más arriba, pone muy bien este punto. No tengo nada que agregar.
      8) Humildemente, creo que la pregunta que disparó las reflexiones estuvo bien planteada, porque aquí estamos, reflexionando. ¿Vas a discutirme que no fue un buen título? ;-)
      9) En este punto estamos de acuerdo: la LIJ está en muchas manos, no la dejemos en manos de unos pocos, y encima mal encaminados. Porque estamos de acuerdo en esto último, seguro que nos vamos a dar en breve ese apretón de manos.
      Gracias por haber dedicado tu tiempo y por haber contribuido a seguir pensando en esto. Lo hacemos porque nos importa. Gracias por haber pasado por aquí. Sos bienvenido.

      • Germán, me gustaría hacer algunas reflexiones sobre lo que le respondés a Fernando.
        1-La historia no empieza con la escritura, ese es un formalismo académico. El devenir de las formas de comunicación de la humanidad no está dividido en dos tiempos. Nuestro lenguaje se ha transformado continuamente desde las pinturas rupestres hasta el código binario, pasando por los jeroglíficos, ideogramas, clave morse, etc.
        2-No creo que una sociedad sin buenos escritores no sea capaz de generar buenos ilustradores, muchas veces nos inspiramos en lo que leemos pero también nos inspiramos en lo que vemos y en lo que experimentamos.
        Lamentamos mucho cuando desaparece un buen escritor, igualmente lamentamos cuando muere un buen ilustrador, (Hace poco murio Gean Giraud “Moebius” uno de los mas prolíficos e inspiradores ilustradores que conocí.
        Por que Moebius, Shaun Tan, Mc Keen y otros son referentes solo para ilustradores, ahí subrayo lo de Santana, la educación para ver imágenes 1-con sentido crítico no debería ser exclusiva de Bellas artes o arquitectura.
        3-Un libro bien ilustrado no es necesariamente un libro vistoso, ni un libro vistoso es necesariamente un libro bien ilustrado, creo que podemos estar de acuerdo, pero es necesario pensar en esto ya que vi muchas veces en este debate afirmaciones que apuntan a establecer que lo importante de la ilustración es su vistosidad y capacidad hipnótica. Atentos lectores desprevenidos!, No se dejen engañar, así como los textos mienten mucho, las ilustracines también lo hacen de formas imperceptibles!
        4-Las narraciones orales que nos llegan y/o se mantienen no solo se apoyan en buenos textos, sino en buenas historias que pueden haber sido contadas por primera vez de muchas formas diferentes. De hecho, existen textos que se han apoyado en buenas narraciones orales que nunca antes estuvieron escritas.
        5-La pregunta que dispara todo esto no es tan buena como provocadora. Es provocadora porque encierra un gigantesco error, y es ese error, principalmente, el que nos hace reaccionar. Pero eso sí, es muy bienvenida en tanto genere este tipo de discusiones tan necesarias. Te felicito por publicar la nota con ese título, con esa aparente doble o tal vez triple intención que nos puso a hablar de esta manera.
        un abrazo
        Alfredo

      • Seguimos, pues:
        1) Sobre el origen de la historia, lo que me ha dado mucho que pensar es una secuencia de imágenes, al inicio de “2001. Odisea del espacio”. Seguro que la historia de la comunicación inicia en los gestos, incluso antes de que nadie pintara nada en una cueva. Pero de nuevo, mi apunte en la nota es sobre cómo nos llega esa historia a nosotros. Cómo nos apropiamos de la cultura. Ahí hay diferencias generacionales. Está en la nota, en la cita que hago de lo que propone Marcos Taracido. Mi respuesta a Fernando quería resaltar eso. Lo interesante es que al marcar tú el inicio, lo pones en la ilustración. Creo que estamos en el campo de las subjetividades. Y ya, no sé si es el punto clave. Pero vale tu reflexión.
        2) Yo también lamento cuando muere un buen ilustrador. O un buen cineasta. O un buen artista. Mi respuesta a Fernando fue porque el decía que no se pierde nada si desaparecen todos los escritores. Eso. Por lo demás, una sociedad crea su sustrato cultural con los aportes de todos los artistas. En mi experiencia personal, los mejores ilustradores que he conocido tienen todos una formación literaria importante. Los mejores escritores que conozco, claro está, tienen una formación artística (semiótica, si quieres precisarlo) importante. A eso iba. Y lo de Santana, lo comparto, cómo no. Falta formación artística en todos los tramos de la educación. Formación para diferenciar una buena ilustración (llamativa o repulsiva) de una mala (llamativa o repulsiva también). No discrepo en eso.
        3) Lo que planteas en este punto sobre la diferencia entre un libro vistoso y uno bien ilustrado, en el propio texto de Garralón ya estaba dicho: ella habló de la cursilería de algunos libros muy pero muy vistosos. No digo más.
        4) No discuto eso. El tema es cómo se salvan esas narraciones. Es como con los lenguajes en vías de extinción: pertenecen a culturas ágrafas. Y ese es el problema.
        5) A Fernando le dije que lo bueno era el título, no la pregunta ;-)
        Un gusto que estés atento a este debate.
        Abrazo.

      • En realidad pongo en la ilustración el principio del lenguaje escrito con símbolos y plasmado de forma, digamos, permanente.
        Y creo que todos estamos de acuerdo en que una de las cosas que debemos poner bajo la lupa son los mecanismos por los cuales se ofrecen y legitiman las obras. Lo que dice Sergio mas abajo sobre el “vendedor” elegido por Garralón, es muy ilustrativo. Pero ojo! Ese vendedor representa una visión que no es exclusividad de los malos libreros. Los vendedores y editores no son siempre los “malos” de esta película. Nosotros (escritores e ilustradores) tampoco estamos a salvo de la necedad, la ignorancia y la carencia de autocrítica.

        un abrazo
        Alfredo

      • Germán:
        Tengo que darte la razón en algo; tu pregunta dio para conversar, tanto que incluso me tentó a mí que hace cuatro años estoy afuera del ruedo y recién estoy volviendo a meterme tímidamente. Te agradezco el tiempo que le dedicaste a responder mis divagues y queda hecho el compromiso de encontrarnos a intercambiar sobre este y otros temas. En algún momento y por este medio arreglamos cuando (no creo en los encuentro casuales al estilo de la Maga).
        Abrazo,
        Fernando.

        P.D.: Una sola cosa con respecto al final del punto número 4 de tu respuesta. Al igual que Drexler pienso que “somos polvo de estrellas” y que “no dejaremos huella”. Todos, los escritores y el resto de la humanidad, algún día vamos a ser comida de gusasnos y los gusanos alimento para alguien más. ¿Eso es una pérdida?

  19. Aunque siento que ya se ha dicho mucho y tengo gran afinidad por lo que expresaron Sebastián y Alfredo, me atrevo a escribir un pequeño apunte más consustanciada con lo escrito por Mariale.

    Algo que me resulta interesante de este artículo Germán, es que en medio de una reflexión en torno a la desvalorización de la lectura, optas por colocar una ilustración. Esta ilustración, está allí para reafirmar en otro lenguaje lo que vos decís con palabras, pero además dice otras cosas: amplia la mirada, cuenta algo más. En definitiva: aporta.

    Texto e imagen entran por distintos sensores, mueven distintos engranajes, generan distintos pensamientos y a veces gracias a una, podemos “comprender” a la otra.

    Lo mismo ocurre en los libros, en este caso los infantiles: hay narración en el texto y hay narración en la ilustración. Lo bueno ocurre cuando ambas cosas van de la mano, hablando cada una su idioma, pero acompañándose y aportándose a la vez.

    • Hola, Denis: Gracias por pasar y comentar. Me alegro que andes de nuevo por acá. Y más cuando decís algo con lo que no discrepo. En su momento, y es otro tema para discutir, me hicieron ver que a veces, en la interacción entre texto e imagen, lo bueno no esté tanto en la sintonía sino en la confrontación, como que del choque entre texto e imagen surge un sentido nuevo y no una redundancia. No creo que esto último vaya en contra de lo que decís, pero está bueno seguir pensándolo. Así y todo, ya lo dije más arriba: la cuestión es hacer buenos libros. Buenos en sus partes y aspectos, y buenos en su conjunto y unidad. En eso, no discrepamos. Un abrazo.

  20. AVISO CLASIFICADO
    Queridos amigos quiero agradecer y felicitar a todos los que han participado haciendo aportes al excelente artículo que Germán Machado escribió a partir de un aviso clasificado que Ana Garralón planteó con sagacidad e inteligencia y que tituló: “¡Urgente! Se buscan escritores de literatura infantil!”
    Para mí, el artículo de Ana es simplemente eso, un aviso clasificado, breve y conciso, para “vender” cuatro libros que enseñan a fabricar escritores. (Tema que, con muy buen criterio, Germán Machado omitió tratar, para no descender el nivel de sus siempre interesantes y profundas reflexiones.)
    Lo que más me gustó fue el giro que Germán y quienes participaron del debate supieron darle a ese artículo publicado con escasos fundamentos, aunque me consta que Ana Garralón tiene credenciales suficientes como para respaldar sus dichos con solvencia académica… Pero me parece que ése no era su objetivo en esta oportunidad. Afirmo esto en base a que sus conclusiones están fundamentadas en base a un argumento poco sólido, pues Ana utiliza una evidencia muy endeble para sostener que en la actualidad faltan escritores de literatura infantil, al punto que, recurriendo a sus propias palabras, ella afirma: “la prueba es sencilla: si vamos a una librería y escuchamos a un librero “vender” uno de estos libros, prácticamente se le cae de las manos y acaba diciendo como único argumento: “¿pero a que las ilustraciones son bonitas?”.
    Ana tiene la habilidad de elegir un vendedor poco formado en literatura infantil, o por lo menos con escasa lectura de este género. Tener a mano un vendedor con estas características es muy oportuno para sus fines, pues así ella podrá llegar a la conclusión que pretende “vendernos”: si los libros se tienen que vender apoyándose únicamente en la calidad de las ilustraciones, el corolario inevitable es que están faltando buenos escritores.
    Por otro lado, al desacreditar sutilmente reediciones de clásicos de la literatura infantil ilustrados por nuevos artistas, intencionalmente olvida mencionar la cantidad de nuevos enfoques que se le ha dado a estos cuentos desde lo literario y lo gráfico. Sólo por recordar dos ejemplos de los numerosos que andan circulando anoto: “Caperucita Roja (tal como se la contaron a Jorge), de Luis María Pescetti; o “Una Caperucita roja” de Marjolaine Leray.
    Yo felicito a Germán Machado por aprovechar este aviso clasificado para transformarlo en un disparador para un debate que se fue enriqueciendo a partir de la seriedad de su análisis y a los múltiples aportes significativos de Fernando, de Alfredo, de Sebastián y de todos aquellos que hicieron comentarios elaborados en el blog Garabatos y Ringorrangos.
    No estoy en contra de que se escriban libros como guía para escritores que inician sus primeras armas en este universo tan vasto; lo que me resulta desagradable es que se proponga un tema tan importante como el que fue planteado, para terminar vendiendo –sin comillas- libros que solucionarían un problema cuya existencia no fue consistentemente probada.

  21. Pingback: ¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de los ilustradores? | Literatura para a infância | Scoop.it

  22. Hola Germán! llegué a tu blog justamente por la recomendación que hizo la ilustradora Nora Hilb (a quien admiro mucho) en su facebook. Lo cierto es que desde el sábado no paro de leer las cosas que has escrito en esta, tu bitácora.
    Soy maestra de una escuela pública en la periferia de una ciudad no muy grande, en prov de Buenos Aires… La discusión planteada me resulta interesantísima y personalmente me encantan los libros álbum (aunque entiendo que tu planteo es mucho más amplio). Pero en mi opinión, poniéndome en mi rol de educadora, y con la autoridad que me da leer cuentos todos los días, pienso que los libros álbum (tan de moda por estos días) son una bella experiencia para cualquier lector… siempre y cuando se pueda pagar el precio que ellos valen… Y aunque el “currículum” del ministerio diga que esta experiencia de lectura debe ser una práctica habitual en la clase… la verdad es que no a todas las escuelas llegan los libros-álbum del Plan Nacional de Lectura…
    Así que como maestra pienso que, al menos en las escuelas, “SEGUIMOS NECESITANDO DESESPERADAMENTE A LOS ESCRITORES”. Aunque las ilustraciones son importantes, si la historia no es buena por mucha ilustración que tenga … no da las alas que se necesitan para: leer, releer, reinventar, re-narrar, inventar cosas y crear con ella… El trabajo con las palabras es tan importante, que sin desmerecer la capacidad de “leer imágenes”, adhiero fervientemente a las palabras del maestro Gianni Rodari en la introducción a su “Gramática de la fantasía” : “Espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación, a quien tiene la confianza en la creatividad infantil, a quien conoce el valor de liberación que puede tener la palabra para todos. “El uso total de la palabra para todos” me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”.
    Espero no sonar pedagogizante, como si la literatura sólo estuviera para ayudar a la escuela, pero creo que no es una cuestión menor…
    De ahora en más me cuento entre los más devotos seguidores de este blog!!! Saludos de Catalina.

    • Catalina, muchas, muchas gracias por tu comentario. Lo firmamos juntos. Y te cuento que en este blog hay una amiga, Magdalena Helguera, escritora y maestra, que siempre subraya eso que tú decís sobre el precio de los libros-álbum: claro, ella también trabaja en escuelas públicas.
      Un abrazo y gracias por pasar por acá y dejar tu huella. Salú.

  23. Pingback: ¿Vamos los escritores a dejar la Literatura Infantil en manos de los editores? | Garabatos y Ringorrangos

  24. Pingback: Un día analógico: entrevista en La Diaria | Garabatos y Ringorrangos

  25. Una persona que conozco dice: “Los chicos eligen el libro por los dibujitos”. Mas alla del “reduccionismo” de la frase, algo de cierto hay. Pero tambien creo que muchos editores eligen a los escritores que son más conocidos y no a los que escriben mejor. Con el mismo reduccionismo de la primera frase, entonces digo: “Los maestros deciden la compra escolar de un libro si el nombre del escritor les suena conocido”. Asi que muchos editores bailan alrededor de las ventas a escuelas y ministerios, y no de la calidad literaria. No todos, claro. Tampoco los culpo, si yo trabajara de editora, tambien tendria terror de publicar algo que no dé buenas ganancias, y quedarme sin trabajo. Un abrazo desde Buenos Aires, de una docente y escritora de LIJ. Carla

  26. Hola, Me llamo Hilda Chan Del Aguila y vengo a comentar tu entrada.
    Soy una niña de doce que años que tiene una pasión incomprensible por sus compañeros hacia la literatura. Mis textos han sido felicitados por mis tutores y valiosos escritores como Maritza Valle Tejeda.
    En tu entrada afirmas que no se debe dejar a los libros en manos de los ilustradores, en lo cual te apoyo fielmente, pero opino que los cuentos infantiles pueden ser dejados a escritores prematuros como yo. No digo que ya no escribáis literatura infantil, sino que también dejen un espacio en la carrera literaria para los niños, sino es mucha molestia.
    Es de esperarse que tengas dudas de mis capacidades, si las tenes, visitas mi blog: theblackfans.blogspot.com
    para que aquellas dudas desaparescan.
    Bueno, con esto me despido. Y espero que tu blog triunfe, ya que son muy buenas tus opiniones y espero que en algun momento leas este comentario y me envies un correo a: hildaphantomhive@gmail.com para saber si he logrado interesar a alguien con mis capacidades.
    Atte:
    Hilda Chan Del Aguila

    • Las conclusiones a las que llega “Garralón” que publicas en tu entrada de tu blog – “hay crisis de escritura”; “los escritores no están a la altura de los tiempos”; para escribir bien hay que saber narrar y los escritores no saben hacerlo; los escritores no logran con sus recursos narrativos cautivar a los lectores pequeños…”- me gustaría hacer una comparación. Si se invitara a todas las fiestas solamente a la gente que mide mas de 1.70 m. seguramente la siguiente conclusión “que solo acuden a las fiestas la gente que mide mas de 1,70 m y las que miden menos no saben divertirse” sería errónea. Las editoriales apuestan en ocasiones en reeditar textos para sacar beneficios y no les preocupa si hay o no buena literatura y por ende buenos escritores. Pero para ser justos y no pecar de generalizar, pensaré que solo son algunas editoriales aunque para ser sinceros muchas son las mas grandes.

  27. Pingback: Y al final, en 2012 la literatura infantil se nos fue de las manos | Garabatos y Ringorrangos

  28. Germán, absolutamente de acuerdo con tu artículo. Más de una vez me he sentido una ilustradora en busca de escritor… Para mí un texto que me cautive es importantísimo, y es por el texto, la historia y el modo de contarla, que acepto luego ilustrar un libro. Así me he quedado muchas veces sin trabajar, pero bueno…, cada uno elige en la medida de sus posibilidades también. Y mi camino entonces fue buscar escritores que me encantan e intentar hacer proyectos conjuntos para luego presentar en tal o cual editorial. Y por supuesto que puede también ocurrir que un escritor no esté conforme con tal o cual ilustrador y me incluyo por supuesto. Un libro es un objeto querible hecho por muchas pasiones que no siempre concuerdan y acuerdan. Un abrazo desde Argentina.

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