Cúmulos para Wislawa

Ayer dejé la moto en el taller, por lo que hoy tuve que tomar un ómnibus para ir al trabajo, algo que hacía tiempo que no hacía: viajar en ómnibus.

En el recorrido que hago con el ómnibus que me conduce al trabajo, un tramo corto es por la rambla de Montevideo, allí donde la rambla termina, donde atraviesa el arroyo Carrasco y pasa al departamento de Canelones: un cambio territorial que sucede de manera casi imperceptible.

Viajar en el ómnibus, hoy, me permitió mirar al cielo y detenerme, de manera especial, en la forma de las nubes. De haber hecho ese trayecto en moto no hubiera podido mirarlas. Mirar las nubes es una de las pocas ventajas que tiene el transporte colectivo en nuestra ciudad.

El cielo estaba de ese color azul tan característico de Montevideo en esta época del año. Eso hacia el sur, porque hacia el norte y hacia el noreste estaba nublado. De entre las nubes, hubo una en particular que me dejó prendido: un cúmulo, muy vertical, muy blanco, que dibujaba una forma perfectamente tridimensional. Al principio pensé que esa nube podía dar forma al cuello y a la cabeza de una jirafa, mientras que el lomo del animal, difuso sobre el horizonte, se continuaba entre otras nubes más grises, más oscuras: unos estratos sin mayor destaque. Pero luego dudé, y me dije que más que una jirafa la nube parecía dar forma a la figura de una mantis religiosa, un tatadios. Sí, seguramente. Luego me dije: son cosas de niño, cosas de andar con la cabeza en las nubes.

El ómnibus ya había entrado en Canelones y yo debía bajar para combinar con otro ómnibus que entrando en Ciudad de la Costa me debía dejar en la puerta de mi local de trabajo. Luego, al final de la jornada, recogí la moto en el taller y volví  en ella a casa. Entonces ya no iba a mirar las nubes.

Cuando llegué a casa, me enteré de que había muerto Wislawa Szymborska. Su poesía, ahora me gusta pensarlo, está escrita al modo de quien le busca forma a las nubes en el cielo. No a cualquier nube: no nubarrones, no estratos agobiantes, no nimbos electrizantes, ni tampoco esos cirros copetudos. Su poesía está escrita al modo vertical de los cúmulos. Poesía juarroziana podría decirse, por relacionarla con la propia de un poeta de estas orillas. La poesía de Wislawa Szymorska tiene ese espesor tridimensional característico de los cúmulos, esa  severidad indulgente típica de esas nubes amenazantes a la vez que algodonosas, drama y humor en cielos limpios, nubes que nos invitan a dejar la cabeza suspendida, ensoñada, sagazmente confundida.

WisLawa Szymborska, por Gusi Bejer.

Hoy fue un día de nubes para Wislawa, cúmulos, sí, esas nubes.

LAS NUBES (de Wislawa Szymborska)

Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
después de una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.

Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.

Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos
¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.

En comparación con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.

Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.

Que exista la gente si quiere,
y después que se muera uno tras otro,
poco les importan a las nubes
esas cosas
tan extrañas.

Sobre toda Tu vida
y también la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.

No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.

Del libro INSTANTE. Editorial Igitur (Tarragona, España, 2005).

10 thoughts on “Cúmulos para Wislawa

  1. Pingback: Una grande : Islas en la Red

  2. Lindo post! No sé porque, Germán, pero me acordé de Wordsworth:

    Aunque mis ojos
    ya no puedan ver ese puro destello,
    que me deslumbraba.
    Aunque ya nada pueda devolver la hora
    del esplendor en la hierba,
    de la gloria en las flores,
    no hay que afligirse.
    Porque la belleza
    siempre perdura en el recuerdo.

    Esplendor en la hierba
    ~William Wordsworth

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