El Ratón Pérez vive en Puerto Madryn

Hace una semana recibí un paquete que provenía de Puerto Madryn, Chubut, Argentina. El paquete contenía dos libros: uno, Postales de la Aldea, y otro, un libro muy particular, Domingo sin diente. Recibí el paquete por gentileza de Margarita Sacks, profesora para enseñanza primaria y especialista en promoción de la lectura y la literatura infantil, autora del primer libro y co-autora del segundo.

«Postales de la Aldea», de Margarita Sacks, editado por Vela al Viento Ediciones Patagónicas, Comodoro Rivadavia, Argentina, 2009.

Postales de la Aldea es un libro de memorias de infancia. Narra, en una serie de textos breves, los recuerdos que la autora tiene de sus visitas, cuando niña, a la aldea donde vivían sus abuelos. Una prosa límpida y fresca nos acerca con ternura a esas experiencias particulares de la vida tradicional en el campo. La mirada de la niña es recreada en la memoria de la mujer adulta, y en el péndulo entre estas dos instancias de rememoración, con un dejo de melancolía, podemos compartir las vivencias de un mundo que el transcurso del tiempo va borrando: en la memoria y en la realidad. La prosa ágil, sensible, contundente, confirma la presencia de una escritora muy bien preparada y muy predispuesta para abordar temas relacionados con la infancia.

Pero no quería detenerme en ese libro ahora, sino en Domingo sin diente. Y es que este otro libro presenta una experiencia de trabajo en promoción de la lectura y de la literatura infantil que merece ser destacada, amplificada y multiplicada.

«Domingo sin diente», de Margarita Sacks, con la colaboración de los chicos y las chicas de Segundo Grado de la Escuela Mutualista, Puerto Madryn, Chubut, Argentina.

Se trata de un libro semiartesanal. Una tapa de cartulina blanca, adornada con una ilustración realizada por un niño, contiene en su interior un manojo cosido de hojas impresas. En las guardas interiores se deja constancia que el texto es obra de Margarita Sacks, «con la colaboración de los chicos y chicas de Segundo Grado de la Escuela Mutualista». Las ilustraciones interiores también pertenecen a los 23 alumnos que acompañaron el proceso de creación de este cuento y de este libro.

En el prólogo, y  «a modo de presentación», se nos avisa que el libro atiende a una experiencia típica de esas edades, entre los 5 y los 7 años, que es la de cambiar los dientes. Hay muchos libros que narran historias a partir de esa experiencia, Margarita Sacks lo sabe, pues en su trabajo cotidiano les ha leído a los chicos infinidad de ellas. Hay también un héroe infantil para reparar esa experiencia de pérdida: el dichoso Ratón Pérez. Pero he ahí que un buen día, la promotora de la lectura descubre que, para no repetirse en la tarea de contarle historias a los niños y las niñas de la escuela que han perdido sus dientes de leche, bien que podría escribir uno ella: un cuento con ratón y con dientes.

Hace un borrador de la historia que va a contar y luego, con los apuntes, asiste a la Biblioteca donde trabaja y recaba la ayuda de los pequeños. Recoge las ideas que ellos le dan y las incorpora al relato. Y no sólo incorpora las ideas, sino también pequeños textos e ilustraciones que los chicos le van acercando a la autora. Desde ese diálogo, desde ese ejercicio de contar una historia, nace este relato, Domingo sin diente.

La historia está muy bien escrita y mejor ensamblada aún. Tiene humor y picardía. El lenguaje y el texto están cuidados en extremo. Su lectura me atrapó. Y lo que me pareció excelente y extraordinario fue la forma de resolver todo eso, haciendo a los chicos cómplices en la construcción de la historia, con las lecturas previas, con el juego de que ellos escribieran cartas para el Ratón Pérez, cartas que luego son insertadas en el curso de la narración, con las ilustraciones de los niños y, luego, todo ese trabajo montando y compaginado en un impreso que los niños y las niñas tendrán como un libro del cual han sido arte y parte.

Pienso, y estoy casi seguro, que esta propuesta de trabajo conducida por Margarita Sacks, debe haber logrado que los chicos se apropien del libro, y por extensión, que se apropien de la escritura y la lectura. Que hagan suyo ese libro y que queden prendidos de la lectura y de la literatura de una manera tan natural como quedan prendidos los dientes que, en la boca de ellos, sustituyen a los que se lleva el Ratón Pérez.

Agradezco a Margarita Sacks que me haya hecho cómplice de esta experiencia, y la felicito por el logro.

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