Contra los que titulan notas «contra» lo que sea

Pienso que hay algo efectista y facilista entre quienes titulan ensayos, artículos y notas iniciando con la preposición «contra». Esta semana leí dos notas de esas. Una, la que aquí refiero, se titulaba: “Contra la literatura juvenil“.

En un tono obviamente polémico, el autor de la nota, un docente de secundaria que lleva adelante un buen blog, Fragmentario, se pronuncia allí contra el abandono de la lectura de los clásicos (y de otros autores canónicos contemporáneos) en los planes de literatura de secundaria y contra la inclusión de novelas juveniles (de muy mala calidad) en los programas de lectura. El docente de literatura entiende por novelas juveniles:

 …novelas adolescentes escritas en lenguaje adolescente, novelas de quinientas palabras para lenguajes de quinientas palabras, escritura vacua, argumento predecible y efectista desde el primer párrafo. La consigna de la literatura juvenil parece basarse en que los jóvenes son idiotas.

Sin ir más lejos, hoy, en un matutino local, leía las declaraciones de un integrante del cogobierno de la Universidad de la República de Uruguay, que afirmaba algo relacionado con lo anterior. Dice la nota de prensa:

El representante de los egresados, Óscar Chavarría, comentó que años atrás la Facultadde Medicina había constatado que los alumnos que ingresaban manejaban un léxico de entre 400 y 500 palabras, “cuando Cervantes usó unas 7.000 para escribir el Quijote”, indicó. “No saben pensar, y eso lo traen de la enseñanza media”, agregó.

Pareciera que este representante universitario estuviera contestando al docente de secundaria que publica en el blog Fragmentario: «no sé si los jóvenes son idiotas, pero su uso del lenguaje los acerca a esa condición».

Un libro de gran calidad, pero de difícil lectura para jóvenes en la actualidad.

En esta misma nota del Diario El País, se afirma que uno de los problemas más graves de la mayoría de quienes ingresan a la Universidad es la comprensión lectora: un 80% o más de los jóvenes que se inscriben en algunas carreras universitarias no son capaces de entender la redacción de un texto básico.

Por cierto, el docente de secundaria podría decir que la culpa de esto último es que a los secundarios se les facilita todo: «se les da a leer esas novelas de léxico paupérrimo y después no tienen capacidad de entender nada». Pero me temo que el problema es más grave.

Desde ya hace un buen tiempo, distintos promotores de lectura vienen afirmando que el buen trabajo que se hace en primaria para fomentar la lectura se echa a perder cuando el joven entra a secundaria. Es como si los buenos lectores de la infancia perdieran el hábito cuando se vuelven adolescentes. Atender esa realidad es un desafío que, más allá de los objetivos comerciales que pueda tener la industria editorial, ha de preocupar a cualquier persona que se mueve en el campo de la promoción de la lectura y también, obviamente, a cualquier persona que trabaja en la formación de jóvenes.

De hecho, vemos que el docente de secundaria que está en «contra» de la literatura juvenil, hace sus esfuerzos para encontrar entre los libros que él considera «buena literatura» aquellos pasajes, capítulos u obras que mejor se puedan adaptar a la realidad (o mejor dicho, a las inquietudes) de sus estudiantes, facilitándoles así la lectura. Este docente, además, subraya algo muy importante: “Es tarea del docente, en todo caso, acompañar este proceso“, vale decir, facilitar que el joven lea un texto literario, lo entienda y lo disfrute.

"El guardián entre el centeno", otro libro de gran calidad, que perfectamente entraría en la categoría «literatura juvenil» (si es que no la funda como tal).

La literatura juvenil es una entelequia, tal como lo es la literatura infantil, la literatura de mujeres o cualquier otra literatura de género. En ninguno de estos casos, los atributos son garantía de la bondad del sustantivo. Quizás sólo existan dos tipos de literatura: la buena y la mala. Pero de momento, más allá de algunos criterios generales, no disponemos de ningún proceso de certificación de calidad que nos asegure su distinción antes de abordar el libro en cuestión. En ese sentido, elegir un libro no es lo mismo que comprar una electro aspiradora, donde las normas de calidad están bien estandarizadas.

Así y todo, pienso que hay algo específico en un tipo de literatura que la acerca a los jóvenes y la convierte en «literatura juvenil». Al abordarla, lo primero que habría que confirmar es que efectivamente sea literatura. Luego, en segundo lugar, habría que considerar la pertinencia de su carácter juvenil, esto es, el grado en que, acompañada por un docente o un buen promotor de lectura (bibliotecario, tallerista, etc.), se convierta en un texto que habilite al joven lector a reflexionar y ahondar sobre su realidad particular: la realidad de la juventud.

Entiendo que una literatura que atienda los intereses particulares de ese tramo de edad que va de los 12 a los 18 años es un desafío y una necesidad. Se la puede escribir bien o mal. Se la puede editar bien o mal. Se la puede ofrecer como lectura de curso y enseñar a leerla bien o mal. Y por último, el lector, puede gustar de ella bien o mal.

«Médanos», de Camilo Baráibar, una novela uruguaya reciente, que no me canso de recomendar como «literatura juvenil» de «buena calidad».

Lo que es seguro, a la vista de los datos sobre comprensión lectora entre estudiantes que ingresan a la Universidad, es que hay algo que ya no podemos soslayar: allí hay un problema educativo importante y un problema importante también en lo que refiere al fomento de la lectura. Pensar esos problemas y buscarles soluciones no está de más. Y bueno, si para llamar la atención sobre estas cuestiones es necesario titular las notas iniciando con la preposición «contra», por más efectista y facilista que sea el recurso, no tengo reparos a la hora de utilizarlo, y de que otros lo utilicen.

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8 thoughts on “Contra los que titulan notas «contra» lo que sea

  1. Germán, leí el artículo y comprobé lo que suele encontrarse en las notas tituladas “Contra…”: la defensa muy compartible de algo, mediante una postura maniquea que desvaloriza toda argumentación. La defensa de la lectura de ciertos clásicos -que comparto- y la jerarquización del papel de los docentes y otros mediadores no justifica poner en la misma bolsa todos los libros que, en los últimos veinte o treinta años, alguien haya osado incluir en una colección titulada “juvenil”. Parece que este docente argentino no leyó ninguna de las tres novelas de la “Saga de los confines”, de Liliana Bodoc, ni “El mar y la serpiente” de Paula Bombara, ni “Mayonesa y bandoneón” de Mercedes Pérez Sabbi, ni el magnífico cuento “Perros de nadie” de Esteban Valentino, por nombrar solo unos pocos títulos publicados en su país -de estilos y temáticas muy diferentes- que han respondido rápidamente al llamado de mi cascoteada memoria. ¿Cómo podría afirmar con tanta ligereza, de otro modo, que toda la “literatura juvenil” está hecha de “novelas de 500 palabras”, de “escritura vacua, argumento predecible”, etc, etc.? Me suena a crítica indirecta a lo que tal vez hagan algunos de “sus” colegas a la hora de elegir los títulos que dan a leer a sus alumnos. ¿Y tampoco logra encontrar nada rescatable en la literatura “para todo público” que están escribiendo hoy los escritores vivos de su país, o de cualquier otro? Esa idea de que solo los escritores muertos son buenos es sin duda bastante retrógrada. En la época de Cervantes, de Borges, de García Lorca, de Salinger, también hubo gente que escribía mal; había obras buenas y excelentes, y también regulares y malas, igual que ahora, y resulta muy cómodo basarse solamente en el “veredicto del tiempo” y en las categorías de clasificación por edades hechas por otros como únicos criterios de calidad, en lugar de leer y opinar uno mismo, de jugarse a criticar unas obras (con nombre y apellido) y recomendar otras . La actitud de este docente, muy loable en ciertos aspectos, resulta muy peligrosa en otros.

    • Bueno, Magdalena, tú lo has dicho. Yo quise marcar otros problemas en mi nota, problemas que indudablemente exigen a los mediadores algo de eso último que señalas: la necesidad de leer, seleccionar con criterio, recomendar lo bueno y lo adecuado al lector (y cuando digo al lector pienso en cada uno de los distintos lectores que hay en una misma clase escolar o en una misma categoría de edad), acercarle variedad, porque tampoco está fácil acertar con los gustos, y jugársela, incluso a riesgo de errar. Es también un trabajo docente importante, parte de eso de acompañar en el proceso. Luego, sí, está el problema de la crítica de la LIJ: que no se ejerce, casi nada, casi nunca. Gracias por tu aporte, aunque pienso que tu comentario era más apropiado para el blog Fermentario que para este, donde quise detenerme en el otro problema: el de la comprensión lectora de los jóvenes… preocupante.

  2. Estoy escribiendo asustada…muy interesante reflexión de Germán y los aportes de Magdalena. Creo que es fácil “culpar a otro” de la falta de palabras de niños y jóvenes: o es la compu, o es el celular y ahora…la literatura juvenil. Mi hija se ha criado con esta literatura y sigue disfrutando mucho…y bueno… a veces digo, por qué siempre tiene una palabra para contrariarme. Saludos y gracias por las reflexiones bien documentadas y con argumento, lo malo…que poquitos leemos esto y los bombardeos de los medios masivos siempre sirven para inculpar a los jóvenes….

    • Hola, Rosa, gracias por pasar y dejar tu comentario. Es cierto que los medios masivos tienen mayor incidencia que los blogs, pero aquí podemos sacarnos las ganas de decir lo que pensamos. Y bueno, siempre algo queda ;-)
      Abrazo.

  3. Contra todo lo que sea esperable, coincido con las ideas que plasmás en el artículo. Por cierto que en la secundaria hay problemas gravísimos para formar lectores y que la crítica es más a las elecciones de mis colegas que a la oferta editorial. También es cierto que el título busca provocar y no desvalorizar el género ni mucho menos suponer que toda la literatura juvenil es mala por definición.

    Con respecto al planteo de Magdalena, creo que tiene razón en que en alguna medida mi planteo es conservador, pero se basa más que nada en pretender la recuperación del canon y no su absolutismo, o en todo caso la sana convivencia entre autores canónicos y vivos dentro de las bibliotecas escolares. El problema -que tal vez sea solo nacional, y de ahí la incomprensión- es que hoy en día prácticamente se han eliminado las obras universales de los programas de estudio, lo que hace más urgente plantear este debate: las sentencias polémicas y ambiguas buscan, justamente, mantener ese fuego.

    Por cierto, Germán, qué buen blog, voy a suscribirme. Un abrazo.

    • Hola, Martín: Gracias por pasar por aquí y dejar tu comentario. Creo entender lo que dices: a veces no hay como provocar con un título llamativo. Ya viste, surtió efecto ;-) Y sí, entiendo que si tu preocupación es la buena lectura en secundaria tengas razones para estar alerta y preocupado. Un gusto por este intercambio, sano y constructivo. Saludos.

  4. Pingback: Ni sermones ni milagros: redes (o de cómo dejar de estar en contra de la literatura juvenil). | Garabatos y Ringorrangos

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