Tata tamanduá

Tamanduá en posición de alerta. Ilustración de Oscar Scotellaro para el libro «Tamanduá Killer»

En los últimos tiempos, como habrán visto, le he estado dando vueltas a la vida de estos animales autóctonos: los tamanduás. Lo que sigue bien que podría ser una canción, aunque para ello es mejor consultar a los amigos de Gato Peludo. De momento, me quedo con la idea de que es un poema más para integrar en la serie de los bichos que viene publicando Darabuc. Ya veremos…

El menú del día parece sabroso:
hormigas, termitas, abejas y miel.
Come lo que encuentra, come como un oso,
vive en la quebrada de un amplio vergel.

Tata tamanduá va para ahí, viene hacia acá.

Se baja del árbol, se pone el chaleco,
se calza manoplas de cuero curtido.
Se peina, se alista, se busca otro hueco:
no sale de fiesta, se queda dormido.

Tata tamanduá va para ahí, viene hacia acá.

Duerme muchas horas, siempre está cansado.
Duerme en las alturas con la cola atada.
Duerme cuando hay sol y si está nublado
cuando se despierta quiere su ensalada:

ya está metiendo el hocico
entre las viejas maderas,
aspirando las termitas
su lengua es una manguera.

Tata tamanduá va para ahí, viene hacia acá.

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