Namazu

Shinjuku (Foto de Reuters, sin referencia de autor)

pienso
en la palabra furia
pero no cabe aquí
donde la ciega fuerza
ciega
geografía esencial
natura naturans
biofísca caótica
materia
indiferente
pienso
en la mano que oprime
desespera
su acaso
su llorar
su espera
que estremece
pienso
la mirada rasgada
la boca
que no encuentra
una palabra
aliento
de temblor que no sea
del mar
ni de la tierra
el dolor es sustancia
y tiembla
luego
tiembla
 

«Quiero un gato»: tenacidad y versatilidad

Quiero un gato, de Tony Ross

Si realmente quieres algo, esfuérzate por conseguirlo. No importa que tu deseo sea pasajero, que luego quieras otra cosa y luego otra. Lo importante es tu tenacidad para conseguir lo que quieres.

Lo anterior puede ser leído como una línea en un manual de autoayuda para niños (que los hay, los hay). La lectura de Quiero un gato, de Tony Ross, podría habilitar esa conclusión ejemplarizante, si no fuera por el modo en que la historia y las ilustraciones transcurren: un modo irónico, humorístico, dispuesto a poner en duda cualquier predisposición a prescribir aquello que padres e hijos deban hacer por el bien común de la vida familiar.

Jessy es una niña que vive con su padre y su madre. Quiere un gato. Pero a sus padres los gatos les resultan «asquerosos, horripilantes y chillones». Jessy, entonces, inicia su campaña reivindicativa. Si no le traen un gato, un gato de verdad, ella será el gato de la casa.

 

La tenacidad de Jessy

Claro que cuando Jessy logre quebrar la resistencia de sus padres, ya habrá sido muy tarde.

Tony Ross se juega a adoptar la perspectiva de esta niña,  que es erigida aquí como representante de la infancia en su trabajo de demandar algo al mundo adulto. Jessy adopta una estrategia para cumplir su deseo y termina por poner en apuros a los padres. Desde esa perspectiva, y en ese juego de tires y aflojes, el autor terminará por burlar a padres e hijos por igual.

Cargado de humor (un humor que también es la seña característica en el trazo del ilustrador), un final sorprendente pondrá en tela de juicio cualquier conclusión respecto de lo que es correcto hacer ante estas situaciones típicas de la vida familiar. Por ello, quizás, el único «valor» recuperable en esta historia sea aquello de que, para la vida en común, es mejor conversar sobre lo que se quiere: con tenacidad, sí, pero sin caprichos. Y manteniendo el humor, por cierto.

  • Quiero un gato, de Tony Ross (1989). Traducción de Neus Nogué. Ediciones Destino, Barcelona, 1991.

La Casa Transparente

La Casa Transparente es una revista digital llevada adelante por tres poetas que residen en Islas Canarias. De uno de ellos, Daniel Bellón, ya hablé en otras oportunidades. Los otros dos son Ernesto Suárez y Carlos Bruno Castañeda.

Fotografía de Juan Yanes para La Casa Transparente

Resulta que en el último número han publicado cuatro poemas de mi último libro de poesía (inédito) que lleva por título Peregrinar del sustanciero.

Pongo aquí abajo dos poemas del libro, y los invito a visitar la revista.

Peregrinar del sustanciero

Aquella hambre es

igual que esta:

aquel andar

sobre los campos yertos,

este abundar

que todo hace superfluo.

[ matices / matrices ]

a la luz de la tristeza

las cosas

y su sombra

son

de la misma sustancia

No era el último

En un reciente comentario colocado en este blog, a propósito de la aparición de lo que di en nombrar, quizás de modo apresurado,  el último tamanduá, me escribe Ivan Muraña lo siguiente:

Hola,  cómo les va. No creo que sea el último… yo soy guía de la Quebrada de los Cuervos. Normalmente no los vemos (a los tamanduás) porque pasan arriba de los árboles. No bajan muy a menudo. Es probable que muchos hayamos cruzado muy cerca de ellos, sin darnos cuenta. Aunque tampoco hay gran cantidad. Bueno, un abrazo….

Agradezco la información que, de algún modo, corrige mi lectura de la nota aparecida en el Diario El País de Montevideo, así como me tranquiliza respecto de la estremecedora denuncia publicada en el Heraldo de Puerto Bidondo, respecto de los 6 tamanduás que aparecieron muertos en el delta, degollados y sin sus respectivas lenguas; nota en la que se avisaba sobre la posible extinción de esta especie.

Como dijimos en la entrada anterior: Ampliaremos.

El último tamanduá