«Quiero un gato»: tenacidad y versatilidad

Quiero un gato, de Tony Ross

Si realmente quieres algo, esfuérzate por conseguirlo. No importa que tu deseo sea pasajero, que luego quieras otra cosa y luego otra. Lo importante es tu tenacidad para conseguir lo que quieres.

Lo anterior puede ser leído como una línea en un manual de autoayuda para niños (que los hay, los hay). La lectura de Quiero un gato, de Tony Ross, podría habilitar esa conclusión ejemplarizante, si no fuera por el modo en que la historia y las ilustraciones transcurren: un modo irónico, humorístico, dispuesto a poner en duda cualquier predisposición a prescribir aquello que padres e hijos deban hacer por el bien común de la vida familiar.

Jessy es una niña que vive con su padre y su madre. Quiere un gato. Pero a sus padres los gatos les resultan «asquerosos, horripilantes y chillones». Jessy, entonces, inicia su campaña reivindicativa. Si no le traen un gato, un gato de verdad, ella será el gato de la casa.

 

La tenacidad de Jessy

Claro que cuando Jessy logre quebrar la resistencia de sus padres, ya habrá sido muy tarde.

Tony Ross se juega a adoptar la perspectiva de esta niña,  que es erigida aquí como representante de la infancia en su trabajo de demandar algo al mundo adulto. Jessy adopta una estrategia para cumplir su deseo y termina por poner en apuros a los padres. Desde esa perspectiva, y en ese juego de tires y aflojes, el autor terminará por burlar a padres e hijos por igual.

Cargado de humor (un humor que también es la seña característica en el trazo del ilustrador), un final sorprendente pondrá en tela de juicio cualquier conclusión respecto de lo que es correcto hacer ante estas situaciones típicas de la vida familiar. Por ello, quizás, el único «valor» recuperable en esta historia sea aquello de que, para la vida en común, es mejor conversar sobre lo que se quiere: con tenacidad, sí, pero sin caprichos. Y manteniendo el humor, por cierto.

  • Quiero un gato, de Tony Ross (1989). Traducción de Neus Nogué. Ediciones Destino, Barcelona, 1991.
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