URUMEX

Nunca hablé aquí de Gustavo Wojciechowsky, “Maca”. Escritor, diseñador gráfico, ilustrador, tipógrafo, agitador cultural. Lo conocí a mediados de los 80′ cuando se me dio por acercarme al grupo de “Ediciones de Uno“, por donde tuve un pasaje fugaz. Luego nos seguimos viendo por ahí, “en la vuelta”, y siempre es un gusto encontrarlo.

(Maca)

Hace un tiempo me invitó a sumarme a uno de esos proyectos que dos por tres anda agitando. Me pidió que le mandara un poema para que un diseñador gráfico mexicano convirtiera en un afiche. La idea era que un conjunto de diseñadores gráficos mexicanos hicieran carteles a partir de poemas escritos por poetas uruguayos; y viceversa: diseñadores uruguayos propondrían carteles a partir de poemas escritos por mexicanos.  “Maca” ya había hecho algo similar cruzando diseñadores y poetas argentinos y uruguayos en un libro que llevó por nombre “20 x 20”. La idea era tentadora y me sumé sin dudar.

La cuestión es que este proyecto, URUMEX, prosperó, y el próximo jueves, 16 de diciembre, a las 19hs., será presentado en la Sala de Arte “Carlos Federico Sáez” (en la calle Rincón 575, Plaza Matriz).

La muestra integra el siguiente plantel de diseñadores y poetas, tal como se combinan en los 20 carteles que serán exhibidos:

diseñadores mexicanos / poetas uruguayos:
Renato Aranda / Sergio Altesor
Aurora Berlanga / Cristina Carneiro
Carlos Gayou / Germán Machado
Rafael López Castro / Nelson Díaz
Alejandro Magallanes / Alfredo Fressia
Germán Montalvo / Atilio Pérez Da Cunha (Macunaíma)
José Manuel Morelos / Rafael Courtoisie
Carlos Palleiro / Hugo Achugar
Antonio Pérez (Ñiko) / Circe Maia
Gabriela Rodríguez / Jesusa Delbardo

diseñadores uruguayos / poetas mexicanos:
Raúl Buguez / Eduardo Casars
Carolina Curbelo / Francisco Martínez Negrete
Beatriz Fernández / Eduardo Hurtado
Rodolfo Fuentes / David Huerta
Vicente Lamónaca / Luis Vicente de Aguinaga
Marcos Larghero / Salvador  Gallardo Cabrera
José de los Santos / Jorge Ortega
Fidel Sclavo / Coral Bracho
Diego Tocco / Marcelo Uribe
Gustavo Wojciechowski (Maca) / Elsa Cross

La entrada es libre y gratuita. La muestra permanecerá abierta al público hasta marzo de 2011, de lunes a viernes en el horario de 09.30 a 18.00 hs.

Para ir haciendo boca, los dejo con el cartel que diseño el mexicano Carlos Gayou para mi poema Larva (un poema inédito que, para mí, tiene un significado muy especial). El cartel, un lujito:

Cliquear para ver la imagen ampliada…

El jueves próximo andaré por la vuelta: seguro que me encuentro con el Maca. Allí nos vemos.

Mi generación (Los árboles sin bosque, en Letralia)

Me pasa, cuando leo distintos análisis “generacionales” de la literatura uruguaya, que no termino de ubicarme en ningún tramo cronológico. Es como si estuviera en el limbo de la historia literaria nacional (e incluso, más en general, de la historia de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX).

De todos modos, esto que responde Héctor Rosales sobre esa generación que va de 1955 a 1965 me resulta bien informado, y hasta bastante cercano con mi experiencia personal. Claro que yo nací en 1966, y de algún modo, también quedo afuera de ese panorama.

Cito parte de la entrevista que hace Letralia a Héctor sobre la publicación de Los árboles sin bosque:

Hablabas hace un rato de los calificativos o nombres globales para tu generación, y que te gustaba uno en especial. ¿Realmente te identificas con el de “La generación del silencio”?

Me gusta, sí. Creo que responde a lo que históricamente nos ha tocado vivir. La gente uruguaya nacida entre 1955-1965 éramos niños o adolescentes, personas en formación educativa y vivencial, cuando se produce el declive político-económico y luego la dictadura militar (1973) en el país.

Nunca tuvimos una nación como la de la primera parte del siglo XX, a la que tanto sentimos aludir mientras predominaba lo contrario.

Crecimos silenciados y sin recursos políticos y materiales para edificar una sociedad distinta en aquellos años juveniles.Pasado el tiempo, nuestra propia relación con el silencio fue cobrando diferentes relieves. Supimos que las palabras no alcanzan para llegar a las esencias, que toda supuesta verdad tiene distintos ángulos y aristas, que el silencio ya estaba hace siglos, en el fondo, condicionándonos, indicando su gobierno en la tierra y en el cielo.

Hoy, en plena etapa audiovisual, cuando jamás hubo tanto aparatito encendido ni tantas vías para la comunicación, el silencio se está riendo de nosotros, cruzado de brazos, al final de la sala donde pasan esta película tan sonora y colorida.

 

Presentación de Los árboles sin bosque,celebrada en la librería Alibri, de Barcelona (España), el 21 de octubre de 2010. De izquierda a derecha, Jesús Martínez Fernández, el escritor Federico Nogara (director de la revista Malabia y coeditor del libro) y el escritor uruguayo Héctor Rosales. Fotografía: Daniel Giordano.

El último tamanduá

Confieso que no tengo una mentalidad ecológica muy desarrollada en lo que respecta a la protección de las especies en vías de desaparición. Estoy enterado, eso sí, del modo en que el avance de la civilización capitalista y el crecimiento industrial ha ido exterminando especies, y de las muchas que hoy se encuentran amenazadas.

Confieso, también, que no soy de los que se “rasgan las vestiduras” por el maltrato a los animales. Las sociedades protectoras de animales no me incluirán en sus filas. Y no porque sea del todo indiferente a la muerte de animales indefensos, sino porque suelo dar más relevancia a otras cuestiones éticas, culturales y políticas, que considero de primer orden antes que la defensa de unos pocos (y muy interesadamente seleccionados)  integrantes del reino animal.

Nada de lo anterior impide que me alarme cuando me entero de algunos despropósitos humanos (económicos, industriales, irresponsables) que ponen en riesgo el equilibrio del ecosistema, barriendo como de un escobazo miles de especies animales o vegetales.

Y todo lo anterior no impide que me vea afectado cuando me entero del daño innecesario que se ocasiona a ciertos animales: por lo general, animales de esos con los que uno puede llegar a generar empatías.

¿Y cómo, y por qué, uno puede generar empatías con determinados animales? Pienso que en eso tiene algo que ver la literatura y las artes.

El repertorio popular de animales que protagonizan leyendas, fábulas, parábolas e historias (buenas historias) es muy amplio y diverso. En esas narraciones los animales actúan y hablan, casi, como humanos. Y digo casi, porque por regla general se ubican a medio camino entre la estupidez humana y la agudeza de los dioses. En la medida en que uno conoce esas historias —porque las leyó o porque alguien se las contó—, luego, transfiere a los animales una serie de sentimientos típicos de los que, en el uso de sus predisposiciones emocionales y morales, debería transferir a los humanos (a todos los humanos): para bien o para mal. En fin, como ya es sabido, el avance de la ilustración no está del todo reñido con la perduración de los mitos.

Por virtud de estos vínculos entre el arte y la realidad, la ilustración y la mitología, algunos animales ocuparán en el imaginario de las sociedades y las personas unos lugares más nobles que otros. Algunos se ganarán la compasión humana, mientras que otros cargarán con el repudio que, por naturaleza, seguramente, no se tienen merecido. Pero así parece que funciona el reparto de los afectos animales, y el de la animalidad de los afectos.

Todo lo anterior viene a cuento de una noticia que leí días atrás. Una noticia que encierra una coincidencia de esas que a uno lo dejan pensando en que, en algún lado, alguien mueve los hilos.

Resulta que yo estaba por encender un fuego para asar carne. Tomé unos diarios viejos y de pura casualidad leo una nota sobre estos temas de los que estoy hablando: los “animalitos de dios”, las especies en vías de extinción. Si no fuera por una cuestión estrictamente literaria, seguramente la nota me hubiera ayudado a encender el fuego para el asado. Pero como venía a cuento de otras cuestiones de mi interés, la recorté y la guardé. Así hice, porque la noticia está vinculada con ciertos asuntos personales (literarios, del escribir, digamos) de los que, de momento, no hablaré…

¿El hecho?:  se trata del registro de un oso hormiguero, un tamanduá, en el departamento uruguayo de Treinta y Tres, al noreste del país. Sucedió el 7 de noviembre de 2010. La noticia apareció en el diario El país, el día 13 de noviembre. Luego descubrí que la página web de la Intendencia de Treinta y Tres también anunció el avistamiento del último tamanduá.

Dejo aquí colgada la noticia tal como la recuperé del fuego. Y dejo, también, la promesa de volver sobre el asunto. Vale decir: ampliaremos.

El último tamanduá (cliquear para ver con mejor definición)

Los espejos de la lluvia

LOS ESPEJOS DE LA LLUVIA

Mercedes Calvo presenta Ver llover, de Germán Machado

Germán Machado presenta Los espejos de Anaclara,

de Mercedes Calvo

Lunes 13 de diciembre, 19hs.

En la juguetería y librería KALÉN

Brandzen 2006 (casi Pablo de María)

Los espejos de Anaclara, de Mercedes Calvo, es el poemario ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008. Relata, desde la perspectiva de la infancia, la fantasía de una niña que se mira al espejo e imagina que sus ojos son dos puertas a través de las cuales puede entrar para descubrir lo que está encerrado en su interior: sueños, miedos, dolores, alegrías y anhelos.

Ilustraciones de Fernando Vilela
Edición del Fondo de Cultura Económica
(México, 2009)

Ver llover, de Germán Machado, es un libro cuyos poemas e ilustraciones juegan y se complementan en una escalera que sube los peldaños de los colores con los que la lluvia se presenta y a los que el niño, adolescente o adulto traslada los estados de ánimo y emociones que la lluvia provoca.

Poemas para leer, mirar y empaparse en una tarde de lluvia. O dejarse mojar en un día de sol.

Ilustraciones de Fernando de la Iglesia
Edición de Calibroscopio
(Argentina, 2010)

Estos dos libros de poesía para niños coinciden en algunas circunstancias particulares: fueron escritos en Uruguay, están bellamente ilustrados por dos extranjeros, fueron publicados en el exterior, llegaron a las librerías de nuestro país casi juntos en este año. También coinciden en ofrecer al lector —niño, pero también joven o adulto— una oportunidad para el encuentro con la poesía y las resonancias interiores que ésta despierta. Esas coincidencias terminaron por reunir a sus autores en un feliz intercambio que ahora busca amplificarse en un espacio dedicado al arte para los niños: la juguetería y librería Kalén.

Mercedes Calvo y Germán Machado trazarán una breve presentación de los libros y realizarán una lectura alternada de algunos de sus poemas.

La actividad es para todo público. Ya saben: Kalén en Brandzen 2006, casi Pablo de María, el lunes 13 de diciembre a las 19hs. Allí nos vemos.

Descargar el programa en PDF (cliqueando en la imagen)

Eyrie

Ellos, los ingleses, tienen la palabra

«eyrie»

que designa

«el nido de las aguilas»

(the eagle’s nest).

Nosotros no tenemos

una palabra tan específica.

Será porque aquí no hay águilas.

Aunque

hay que decirlo

tampoco tenemos una palabra

que designe

«el nido de las gallinas».

Ilustración de Francesco Bongiorni (en Animalarium)