Mi generación (Los árboles sin bosque, en Letralia)

Me pasa, cuando leo distintos análisis “generacionales” de la literatura uruguaya, que no termino de ubicarme en ningún tramo cronológico. Es como si estuviera en el limbo de la historia literaria nacional (e incluso, más en general, de la historia de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX).

De todos modos, esto que responde Héctor Rosales sobre esa generación que va de 1955 a 1965 me resulta bien informado, y hasta bastante cercano con mi experiencia personal. Claro que yo nací en 1966, y de algún modo, también quedo afuera de ese panorama.

Cito parte de la entrevista que hace Letralia a Héctor sobre la publicación de Los árboles sin bosque:

Hablabas hace un rato de los calificativos o nombres globales para tu generación, y que te gustaba uno en especial. ¿Realmente te identificas con el de “La generación del silencio”?

Me gusta, sí. Creo que responde a lo que históricamente nos ha tocado vivir. La gente uruguaya nacida entre 1955-1965 éramos niños o adolescentes, personas en formación educativa y vivencial, cuando se produce el declive político-económico y luego la dictadura militar (1973) en el país.

Nunca tuvimos una nación como la de la primera parte del siglo XX, a la que tanto sentimos aludir mientras predominaba lo contrario.

Crecimos silenciados y sin recursos políticos y materiales para edificar una sociedad distinta en aquellos años juveniles.Pasado el tiempo, nuestra propia relación con el silencio fue cobrando diferentes relieves. Supimos que las palabras no alcanzan para llegar a las esencias, que toda supuesta verdad tiene distintos ángulos y aristas, que el silencio ya estaba hace siglos, en el fondo, condicionándonos, indicando su gobierno en la tierra y en el cielo.

Hoy, en plena etapa audiovisual, cuando jamás hubo tanto aparatito encendido ni tantas vías para la comunicación, el silencio se está riendo de nosotros, cruzado de brazos, al final de la sala donde pasan esta película tan sonora y colorida.

 

Presentación de Los árboles sin bosque,celebrada en la librería Alibri, de Barcelona (España), el 21 de octubre de 2010. De izquierda a derecha, Jesús Martínez Fernández, el escritor Federico Nogara (director de la revista Malabia y coeditor del libro) y el escritor uruguayo Héctor Rosales. Fotografía: Daniel Giordano.

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2 thoughts on “Mi generación (Los árboles sin bosque, en Letralia)

  1. Sabes que yo creo que hasta la generación puede ser algo “móvil”, clasificar por año de nacimiento puede dar resultados fallidos. Hay una necesidad de pertenencia de grupo y una necesidad de los críticos de encasillar y clasificar, y eso es normal, porque así ha sido siempre.
    No sé a ti, pero a mi me da la impresión que, aunque crecí en una época difícil – yo también nací en 66- que dejó improntas en mi vida y en mi inconsciente, no puedo y no debo decir que soy de una generación en especial – en literatura ni plástica-. Quizá porque nacimos justo en una etapa bisagra de la historia o porque nos ha tocado vivir uno de los períodos de cambios más vertiginosos de la misma… en continuo cambio, no nos estacionamos, por eso pienso que no existen generaciones, está todo muy mezclado…
    Creo que se quieren inventar generaciones, a la vieja usanza, pero ya nada es no es como antes, donde había largos períodos de tiempo en que distintos movimientos reunían autores nacidos en cierta etapa y expresaban tal o cual estilo a veces sin cambios hasta su desaparición . Tantos grandes movimientos nacieron integrados por autores de una generación influenciada por sus pares de generaciones anteriores seguido por el proceso que los llevó a ser lo que fueron… siempre fue casi una ecuación matemática.
    Pienso que eso ya no es así y cada vez se dará en menor manera. Ya no depende de cuando nacimos, sino de lo que elegimos, pues estamos entrando en la era del individualismo, queramos o no sabemos que los individuos somos diferentes y brillamos cada uno por si solo, como “árboles sin bosque”, cada uno de su especie, brillante, con sus otoños y primaveras, estacionándose a dormitar el invierno pero siempre brotando , floreciendo, y llenándonos de colores, colores por los que somos bombardeados toda la vida, de los que nos apropiamos, de algunos nos limpiamos y otros los sacamos a relucir…

    bueno, habría mucho más para decir, pero en fin, esto es un comentario… y perdón si me extendí demasiado, me emocionó el tema.

    Felicidades por la nota de Letralia, a tu compañero y al libro, bien se lo merecen todos sus integrantes, aunque algunos sin generación (real, al menos).

    un abrazo

  2. Hola, Sandra. Siempre es grato encontrarte por aquí. Gracias por pasar y comentar.
    Yo pienso que hay experiencias generacionales, determinados matices históricos dados por la edad en que algunos grupos comparten algunos hechos que los marcan. Así y todo, nacer en el 66 parece dejarnos fuera de casi todos esos grupos. La nuestra es una coincidencia «negativa», algo a-generacional. En fin. Da para seguirlo pensando.
    Saludos.

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