Diminutivos: ¿empatía o menosprecio?

Nunca acepté esa costumbre de la gente mayor de utilizar diminutivos indiscriminadamente para hablar con un niño pequeño.

Puesto frente a una vaca, un niño pequeño no ve una “vaquita”: ve un animal que para él es enorme, con sus ubres, su cola larga, sus ojos pastosos y demás. Si el adulto suele decir al niño “mira esa vaquita”, corre el riesgo de que al señalarle una vaquita de San Antonio, y nombrarlo efectivamente “vaquita”, el niño quede pensando que el pequeño insecto también da leche o muge.

Una vaca es una vaca

Por lo general, cuando la gente mayor utiliza indiscriminadamente los diminutivos para hablar con un niño termina perdiendo la perspectiva del niño. Aunque no sea su intención, por la vía de los hechos, el adulto está marcando la imposibilidad de ponerse en el lugar del niño. Y como se sabe, sin ese intercambio de perspectivas, sin esa empatía, la comunicación real se dificulta.

Un adulto no irá a resultarle al niño más comunicativo por pensar que, dado que es pequeño, todo lo que podría interesarle al niño también habrá de serlo. Por el contrario, el niño seguramente termine por hartarse de un adulto que se pasa hablando de la “comidita”, del “perrito”, de los “libritos” allí donde hay que comer la comida, cuidarse que el perro no lo muerda a uno o pasar con cuidado las páginas de un libro para no deshojarlo. Y al borde del hartazgo, incluso, quizás el niño llegue a desconfiar del adulto: ¿será que lo están tomando por tonto?

Ya puedo escuchar los reproches a mi posición contraria al abuso de diminutivos. Algunos me dirán que estos comportan un efecto acariciador implícito. Que su uso puede ser un síntoma afectivo en el trato con los pequeños, una vía de acercamiento cariñoso y así. No lo dudo. Pero ello va en el contexto y la coherencia con que se utilizan. Un “besito enorme”, o un “abracito de oso”, puede ser tan ridículo como incomprensible, si se manifiesta fuera del juego de los oxímoros y las pretensiones metafóricas o irónicas.

Y este es el punto. El uso del diminutivo, tanto en la escritura como en el habla coloquial, ha de ser cuidado igual que el uso de cualquier otro término: nombre, adjetivo o verbo. La propiedad del nombre o del adjetivo es de suma importancia para el habla y la escritura, y también es de suma importancia el cuidado a la hora de desviarnos, literariamente, de dicha propiedad, sea por la vía de los sinónimos, los tropos o las figuras retóricas.

No pienso que necesariamente el uso de un diminutivo vaya a afectar de manera negativa un discurso o un texto. Bien aplicado, el diminutivo puede causar un efecto eufemístico o hipocorístico que aporte al texto su cuota de empatía adecuada. Esto vale para la literatura a secas tanto como para la LIJ.

Vaquita de San Antonio (Coccinélido)

En la canción “Chiquillada“, que repasaba días atrás, podemos ver un buen ejemplo de cómo pueden utilizarse diminutivos de manera óptima, conservando el equilibrio y la correspondencia entre estos y los aumentativos, o haciendo jugar el efecto acariciador allí donde el contraste entre adjetivos y sustantivos lo amerita (perrita / abandonada; bochón – patrón / gordito; botecito / de estraza).

Otros buenos ejemplos pueden encontrarse a lo largo de la obra poética de Juan Gelman, donde los diminutivos cumplen un papel impecable e implacable:

si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas

del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los hermanitos

que entierraron?/¿hojitas les crecen de los dedos?/¿arbolitos/ otoños

que los deshojan como mudos?/en silencio

(del poema Si dulcemente)

En definitiva, vengo a decir que no se trata de ser fundamentalista en el rechazo del diminutivo. Tampoco es cuestión de evitar nombrar a la vaquita de San Antonio por su nombre para ahorrarnos el diminutivo, y terminar diciéndole al niño: “mira ese coccinélido“, allí cuando el niño sólo atinará a mirarnos a nosotros con pasmo.

Ni mucho ni muy poquito…

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20 thoughts on “Diminutivos: ¿empatía o menosprecio?

  1. Ja, ja, lo que me he reído si el adulto acaba por decirle al niño mira ese coccinélido :-)
    Pero yo amo, sí, los amo, los diminutivos semisarcásticos: una hormiguita tras otra hormiguita y plaf,
    no importa,
    vuelven a la filita,
    qué bueno era
    ser una hormiguita
    Algo así. Me gustan. No con los niños, entre los que estoy de acuerdo que llamar perrito al pedazo perro o caballito al caballo enorme como un elefante es como de tontos: no sé si los volverá tontos, pero claramente pensarán que lo somos; ¿que no se entera de verdad mi mamá de que este animal es enooooorme?
    Un beso.

    • Ana, gracias por tu comentario. Lo aprovecho para extenderme en el tema.
      Hay todo un aspecto cultural que no trato aquí. Los mexicanos, que usan mucho el diminutivo, lo ven como un signo de identidad cultural, aunque algunos entienden que ello es síntoma de “autodevaluación”.
      En cuanto a que el abuso de diminutivos por parte del adulto puede volver tontos a los niños: qué decir. Quizás un sícolingüista pueda darte una respuesta más elaborada, pero lo cierto es que la adquisición del lenguaje colabora con la maduración intelectual y emocional del niño. Si el adulto se esmera por ofrecer un lenguaje enriquecido (propiedad, multiplicidad, claridad, etc.) no dudo que disminuirá la posibilidad de que el pequeño se vuelva tonto, aunque queda aquello de “Alfonso, cuanto más grande más zonzo”. Por lo demás, en el abuso de diminutivos, así lo pienso, se manifiesta una tendencia a minusvalorar o rebajar la realidad referida o, aún peor, una tendencia a encubrir con un vocabulario seudo cariñoso distintas formas de desprecio, rencor, etc.
      En lo que hace a la literatura, confieso que ha llegado a desquiciarme encontrar en textos para niños ese abuso de diminutivos. Pero ahí el problema entiendo que es del escritor que parte de un prejuicio y no lo cuida al proponer una obra (poema o narración) para niños: ahí el problema no es tanto con el abuso de diminutivos como con la falta de cuidado al escribir, el descuido, la fealdad literaria.
      Saludos.

      • Mio suegra, utiliza los diminutivos en forma ordinaria y constante. A veces me molesta, me satura el oido, les paso un ejemplo de lo que escucho a diario: “Me levanté tempranito, tomé unos matecitos con lechita calentita y comí 4 tostaditas con mantequita. Para el mediodía me hago de comidita, una ensaladita y un churrasquito, y una naranjita. La siesta en la camita, si, acostadita porque me siento mejor. a la tardecita vienen Guillito y Angelito (sus nietos) a tomar la lechita acá, me quedé sin pastillitas,,,. …” y asi en forma ininterrumpida.

      • Ah! me olvidé agregar en el comentario anterior, su hija (o sea mi cuñada) habla igual. Imaginen la situación cuando están juntas.

  2. Muy de acuerdo, pero debo agregar aquí un pequeño comentario. Toda mi vida defendí que a los niños pequeños hay que hablarles con corrección (por supuesto que dentro de un vocabulario comprensible, pero a la vez bien formulado).
    Incluía el tema de los diminutivos, pero entre muchas otras cosas… (como decir por ejemplo: coshita preshiosha de la mamá mientras le estrujás los cachetes con diez mil besos…)

    Debo confesar que a pesar de mis convicciones, cuando la tuve a la gordita en mis brazos me encontré a mi misma diciendo cosas así espontáneamente todo el tiempo, sin que mediara ningún tipo de censura gramatical y para mi propio horror de comunicadora social.

    Sin embargo supongo que los chicos también deben notar cuando el vocabulario muta por cuestiones de cariño, porque lo que es mi gorda.. cuando me da por hablarle así, se me acerca, me abraza y me dice: maammiii, te quedo mushooo…

    Muy buena la nota Germán, como siempre. Bien ahí que eligieras la vaca.. de todos los animalitos que dan vuelta por la vida, mi hija le tiene TERROR a la vaca puntualmente, escucha un “Mú” aunque sea de dibujito animado y se aterra. Mirá si en casa le vamos a decir “vaquita…”

    Abrazo grande!

    • Hola, Bárbara, me alegro que el post te haya dejado pensando. Entiendo lo que dices sobre el vínculo entre el uso del diminutivo y el vínculo de cariño que lo acompaña. En esa dirección, en mi nota traté de aclarar sobre lo contextual en relación con su uso, la situación de habla. Nada que reprocharte ;-) Saludos, y gracias por el comentario.

      • El diminutivo es insultante ya que degrada el carácter, el respeto y la dignidad. A ver: diosito, esposito, virgencita, varonsito, hombresito. Que es un añito? Y una tormentita?

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  4. Interesante, pero tengo duda de como afecta en los adolescentes los diminutivos, por ejemplo, el llamar Carlitos a un chico de 16 años. He tenido la experiencia de notar diferentes aspectos del porque llamarlos asi. Carlos es muy buen alumno, hijo ejemplar, buen compañero, excelente amigo, imagino que como muestra de cariño se le llama asi; por otro lado esta el estudiante malcriado, irritante, irrespetuoso, mal alumno, compañero y amigo, imagino que la maestra lo llama Davicito para suavisar esa conducta negativa. Quisiera saber si esto es correcto o por que sucede. Coccinélido, que gracioso.

  5. Coincido plenamente contigo Germán, siempre abogué por llamar las cosas por su nombre al hablar con niños y aún bebés porque igual pueden aprender a decir “auto” que “tutú”. Pero el tema de los diminutivos siempre me ha llamado la atención dado que en mi caso, a mis 60 años aún hoy hay quienes me llaman “Pedrito” en lugar de “Pedro”, y no me refiero a personas relacionadas conmigo desde la niñez, sino de amistades recientes o hasta en ciernes.
    No creo dar esa imagen de “Pedrito” ni que la intención sea la de algunos en la escuela primaria del burlesco “Pedrito, dame la patita” relacionado al habitual nombre dado a loros y cotorras en mi país. En primer lugar porque ya no es habitual tener este tipo de mascotas, y en segundo lugar porque doy más imagen del “Patriarca de los pájaros” ;)
    Pero en definitiva el tema es que muchos, y de todas las edades optan por el “Pedrito” en lugar del “Pedro” o hasta del “Don Pedro”, que sería quizás el más apropiado. Y de ahí mi interés y la dicotomía que me surge.
    ¿Seré “Pedrito” por siempre?
    ¿Se tratará justamente por alguna de las causas del título de tu artículo?

  6. Pingback: 200 | Garabatos y Ringorrangos

  7. Muy interesante el post.
    Me ha puesto a pensar, soy mexicana y buscando el tema de diminutivos desde una perspectiva psicológia encontré que muchas páginas refieren que los mexicanos tenemos esa costumbre por llamar todo en diminutivo, bueno no todo pero sí es común oir “Voy a tomarme un cafecito”, generalmente a las mujeres.
    Y yo, por otro lado, suelo llamar a la gente que aprecio por su nombre en diminutivo no a todas claro, pero sí a las que su nombre y la amistad dan pie a una muestra de cariño.
    En cuanto a los niños, ¡LOS ADORO! y por lo mismo he caido en lo que se menciona al inicio del post, claro que sin creerme superior a ellos les muestro cosas en diminutivo, simplemente pareciera que el amor crece inmensamente en mi y sale en forma de diminutivo. Sin embargo pensaré bastante con este párrafo:

    “Y este es el punto. El uso del diminutivo, tanto en la escritura como en el habla coloquial, ha de ser cuidado igual que el uso de cualquier otro término: nombre, adjetivo o verbo. La propiedad del nombre o del adjetivo es de suma importancia para el habla y la escritura, y también es de suma importancia el cuidado a la hora de desviarnos, literariamente, de dicha propiedad, sea por la vía de los sinónimos, los tropos o las figuras retóricas.

    No pienso que necesariamente el uso de un diminutivo vaya a afectar de manera negativa un discurso o un texto. Bien aplicado, el diminutivo puede causar un efecto eufemístico o hipocorístico que aporte al texto su cuota de empatía adecuada. Esto vale para la literatura a secas tanto como para la LIJ.”

    Gracias por el post
    Un saludo, dede México.

  8. Una pregunta: y en el caso de los diminutivos para referirnos al nombre de las personas ¿funciona de la misma manera? Siempre me ha parecido que decirle a un “Carlos”, “Carlitos”, lo subestima; le quita importancia y hasta respeto. No sé si son cosas mías, pero así me lo parece ¿Tienes algo que puedas aportarme al respecto? Gracias (te escribo desde Venezuela).

  9. Hola, una consulta: ¿desde dónde haces éstos escritos? lo necesito para la referencia bibliográfica de mi proyecto de tesis. Gracias. :)

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