¿Qué culpa tuvo el tomate?

Poma Amoris Fructu (Tomate)

para Miguel A. Román

Cuando yo era pequeño
y mis padres me mandaban a comprar tomates al almacén
sólo había de dos tipos: para ensalada y para salsa.
Ambos tipos tenían gusto a tomate
y en eso iba su uso y beneficio.
Para ensalada o para salsa,
duros o flácidos,
en su acuoso dulzor y en su acidez grumosa
el tomate era signo
de la frugalidad extirpada a la canícula.
Ahora hay una múltiple y diversa oferta de ese fruto
pero hemos perdido el sabor de los tomates,
entre otros tantos sabores y extravíos.
Si trepas a una escalera alta
y desde el escalón más alto sueltas un tomate maduro
para que se estrelle contra el suelo
no todos explotarán como antaño
y algunos, incluso, ni siquiera estallarán.
La mancha que el tomate dejará tras su caída,
disminuida, macilenta, será una orla doliente
en la heráldica de la naturaleza cultivada
y en los blasones cuajados de las frutas caducas.
Las moscas y las hormigas quizás no lo distingan,
pero si fuiste un pequeño
en aquellos veranos de frutos decididos
recordarás al ver la mácula insulsa
los juegos de manos que el prestidigitador hacía
en la puerta del mercado agrícola
cuando los días parecían felices.
Anuncios

Comenta aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s