Una mirada al miedo

Hace ya un tiempo escribí para La insignia una nota sobre el miedo.

Bueno, en realidad no era sobre el miedo, sino sobre un libro de Marcos Taracido y Fernando de la Iglesia: Tratado del miedo.

No sé por qué en estos últimos días estuve dándole vueltas a ese libro (¿un libro álbum, un comic, un cuento ilustrado?) y a ese tema (la angustia, el temor, el miedo).  Se me ocurrió ahora que podía volver a compartir el texto, así que aquí va: Una mirada al miedo.

Tratado del miedo: El libro se puede descargar desde el sito de LdN

Dice Montaigne, en uno de sus ensayos, que el miedo es “una pasión extraña y los médicos afirman que ninguna otra hay más propicia a trastornar nuestro juicio” (Montaigne, Del miedo, I, XVII).

Y es así. El miedo está vinculado con lo desconocido y con lo irrazonable, operando siempre por trastorno del juicio. Pura pasión e impura reacción: el miedo borra las huellas del camino recto.

El miedo es una forma de estar perdido. Y estar perdido es perder las nociones del espacio: ¿Dónde el adentro? ¿Dónde el afuera? ¿Dónde la bestia?

Un acierto de este libro ilustrado es su abordaje bifocal.

De un lado, las ilustraciones de Fernando de la Iglesia, donde lo humano cobra la forma de una breve llama en medio de las tinieblas (el blanco y negro es muy apropiado, y manejado con destreza por el ilustrador), mientras que a lo monstruoso no le es ajena la figura antropomórfica.

Del otro, el texto crudo y duro de Marcos Taracido, sin mucha adjetivación (la escritura descarnada, teratológica, ya es una señal clara del estilo a que nos tiene acostumbrados este escritor), pero a la vez con un toque de esa ingenua ternura con la que un niño o una niña pueden contar, al regresar del centro de una experiencia del miedo, lo que han visto, y dónde, y cómo, sabedores, ellos y ellas, que una forma de evitar ser objeto de la amenaza del miedo es taparse la cara para no ver, ni ser vistos.

Pero no hay divorcio en este abordaje, sino todo lo contrario: una excelente conjunción, una puesta en foco de la mirada. El resultado es óptimo; nos permite enfocar el miedo con un ojo puesto en nuestra interioridad y el otro en el camino. Y también nos permite reflexionar sobre aquello que, por definición e indefinición, no es propenso a la reflexión. Un libro bienvenido en estos tiempos en que el pánico, esa forma terrible del miedo, se ha puesto de moda.

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