Poesía es cuando vuelan las arañas

Voy a comentar un libro de poemas para niños que es de los más bellos que he leído en los últimos tiempos. Se trata de “La araña que vuela”, poemas de Nelvy Bustamente, ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves, editado por Sudamericana en Argentina, en el año 2008. Hacer un juicio así, extremo (“de los más bellos”), puede resultar pedante y arbitrario para quien lea esta reseña. Considerando esa posibilidad, me esforzaré en argumentar por qué entiendo que el libro me resultó así de importante.

La araña que vuela

“La araña que vuela”, poesía para niños, de Nelvy Bustamante e ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves

Más o menos por la mitad del libro, en un poema construido con preguntas, la escritora interroga:

Las arañas
poetas:
¿en vez de tejer
telas
tejen
poemas?

En ese poema-pregunta, sospecho que está encerrada la clave de este libro. Al hilo de las distintas imágenes y símbolos que puede ofrecer la visión atenta del comportamiento de las arañas, visión poéticamente atenta, Nelvy Bustamante nos ofrece un poemario que sorprende en cada poema y en el conjunto, perfectamente hilvanado. La poesía, aquí, será un asunto de hilado fino.

El primer poema lleva el mismo título del libro:

LA ARAÑA QUE VUELA

La araña teje
una estrella
de tela.

Punta tras punta
va y viene
pata tras pata
bordando el cielo.

Cuando se cansa
cuelga las agujas
y vuela.

Este primer poema ya nos sorprende y nos deja en estado de alerta. Y es que se supone que las arañas no se cansan nunca, que siempre han de estar en lo suyo: tejer su tela y estar alertas para agredir a las víctimas que caen en ella. He ahí los dos grandes sentidos simbólicos que coinciden en este pequeño animal, la araña: su capacidad creadora y su agresividad destructora. Un tercer sentido simbólico es dado por el lugar que ocupa la araña en su tela y por la tela en sí: construida en espiral, la tela de la araña es como un mundo (estrella, cielo) con un centro donde la araña se ubica y desde donde mantiene el frágil equilibrio de esa construcción. La tela de la araña, entonces, como el mundo entero. La araña, como su centro regente. Y el trabajo de la araña como la fuerza que mantiene el equilibrio del mundo en su proceso constante de destrucción y construcción.

¿Y la sorpresa, entonces? Justamente ahí: en que en contraposición con esa simbología ancestral, a la que los lectores estamos acostumbrados, la araña de este libro, la araña poeta que teje este libro, vuela. He ahí el inicio de esta maravillosa (y maravillada) lectura.

Hay que seguir leyendo, poema tras poema, para saber cómo se comporta esa araña voladora, esa araña de la poesía. Seguir leyendo los casi treinta poemas que nos presentan un juego de metáforas impecable, que se entretienen en invertir los simbolismos clásicos, pero a sabiendas de que no es fácil escapar de ellos: “…la araña / un punto negro / tapizando / el mundo entero”.

En el conjunto de los poemas parece primar el verso libre. Digo “parece”, porque eso es a menudo la ocultación de un trabajo rítmico versal detenidamente estudiado. En todo caso, hay en todos los poemas un ritmo muy bien logrado. Los poemas cantan a través de juegos de rimas que nunca resultan forzadas (rimas que a veces son internas y a veces asonantes entre los versos). Y cuando la rima y el verso están calculados y claramente fijados, su efecto es como el de un aire de canciones entrañables que nos llegan ligeras : “Ya salta / ya vuela / ya al mundo / da la vuelta entera”.

Hay una sensibilidad exquisita en los poemas, tal como este, donde la poeta escoge su araña preferida:

Un poema de La araña que vuela

Página interior del libro “La araña que vuela”

Y hay también densidad poética. Desde que la araña se larga a volar, justamente, todo queda en cuestión en este libro de poesía. En esa dirección poética (dirección vertical: a lo alto y a lo hondo), hay un poema que me gustó especialmente:

OTRA COSA

La tela
es de la araña;
el vuelo,
de las gaviotas;
¿el tiempo?
el tiempo es otra cosa.

En lo formal, si uno estudia al detalle este poema se dará cuenta de que se trata de tres versos octosílabos deconstruidos en tres pares de versos que alternan tres y cinco sílabas cada uno. Eso, salvo en el último verso, donde al agregarse (y al repetirse) el enunciado “el tiempo” (tres sílabas), el verso queda de ocho sílabas (y no de cinco, como hubiera correspondido, y omito ex-profeso considerar la sinalefa que surge de la conjunción). Lo genial en este poema es, precisamente, que ese agregado y esa repetición, que formalmente vendría a romper la construcción medida de todo el poema, en realidad lo que pretenden es marcar una sustracción: se quiere quitar al tiempo de la condición de ser algo poseído por alguien. Para marcar esa sustracción del tiempo de la esfera de los objetos pasibles de ser apropiables, la poesía procede dándole un destaque especial: lo repite a la vez que lo hace romper la forma. El tiempo entra así en el ámbito de una imposibilidad, tal como el vuelo de las arañas: no es un tema fácil, pero qué bien propuesto y qué sugerente resulta en el conjunto.

Me parece formidable este poema hallado en este libro, porque nos habla de un libro que se cuida muy bien de ofrecer la mejor poesía, de la mejor calidad, a la lectura de los niños, y de hacerlo con una sencillez construida, como ya fue analizado, en base a un trabajo muy complejo y riguroso con la forma, con los símbolos y con los temas.

El libro termina con un poema que lleva por título “Vuela la araña”. De este modo, y para cumplir con la estructura de símbolos relativa a la araña y su tela, el libro asume una forma en espiral donde el último poema se hilvana con el primero en un juego de hilados interminables. Es también un bello poema:

VUELA LA ARAÑA

Vuela la araña
y cierra los ojos.
¿Quién la rescatará
si se cae a un pozo?

Un poema que invita a los lectores a pensar en cómo sostener el vuelo de la araña una vez que se cierra el libro, que invita a involucrarse en ese juego.

Las ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves, a pleno sobre cada página o en dobles páginas completas, le dan al conjunto de los poemas un fondo que los resalta. Con la sencillez geométrica de sus ilustraciones-collages, en diálogo con los textos pero sin interferir con ellos, genera una suerte de imágenes de tapices, esos otros tejidos, esas otras telas que dan aire al vuelo de la araña y al vuelo de la imaginación que cada poema impulsa. Las ilustraciones reafirman, además, el desplazamiento entre la imagen de la araña y la personificación, identificación, de quien acometa su lectura, su escritura, su suerte de poeta.

Vuela la araña, vuela la poesía, vuelan sus lectores.

Contratapa del libro con información sobre las autoras.

Poesía con posibilidades: Laura Wittner publicada en Uruguay

No suele suceder que en Uruguay se editen y se publiquen libros de poesía de autores argentinos. Recuerdo que en su momento, 1985, Ediciones de Uno publicó un libro de César Fernández Moreno: Introducción a César / 20 poemas, por lo que siempre le estaré agradecido a esa editorial, así como hoy le estoy agradecido a la editorial Civiles Iletrados, de Maldonado, por haber publicado una antología de la obra poética de Laura Wittner (Buenos Aires, Argentina, 1967) bajo el título: Noche con posibilidades.

Noche con posibilidades

«Noche con posibilidades», de Laura Wittner. Editorial Civiles Iletrados, Maldonado, Uruguay, 2011.

Este libro nos presenta la obra de una poeta que inició su andadura en los noventa y que en sus quince años de trayectoria lleva seis libros de poesía publicados: El pasillo del tren (Buenos Aires, Trompa de Falopo, 1996), Los cosacos (Buenos Aires, Ediciones del Diego, 1999), Las últimas mudanzas (Bahía Blanca, Vox, 2001), La tomadora de café (Bahía Blanca, Vox, 2005), Lluvias (Buenos Aires, Bajo la luna, 2009) y Balbuceos en una misma dirección (Buenos Aires, Gog y Magog, 2011). Pero además, este libro nos muestra, compendiada, un tipo de poesía que se cultivó en la otra orilla del Río de la Plata y que no tuvo mayores repercusiones en este lado del estuario.

Es cierto que internet nos da la posibilidad de leer lo que se hace en todo el mundo. Que las fronteras, entonces, no tendrían mayor peso en el trazado o la representación de los imaginarios poéticos vigentes. Pero sucede que la lectura en internet siempre es «hipervincular»: se salta de una página a otra sin lograr nunca una perspectiva clara del corpus de alguno de esos imaginarios. Eso es lo que pueden subsanar publicaciones como esta: mostrarnos el cuerpo de una obra, su desarrollo, su crecimiento, su evolución y también su coherencia.

Y así, en esta Noche con posibilidades, nos encontramos con un tipo de poesía, el de Laura Wittner, que se distancia de las estéticas neobarrocas de finales del siglo pasado, que también toma distancia de esa poesía «cloacalista» que hizo ruido a inicios de siglo, que asume una postura poética «objetivista», pero que hace todo eso desde una voz claramente identificable en su espacio y en su tiempo.

Un tipo de poesía que es coloquial en el uso del lenguaje pero sin desbarrar en lo chabacano.

Noche con posibilidades

Para todo habrá tiempo: para pedir cerveza
y que mientras él vaya al baño
yo encienda uno de sus cigarrillos
pero al sacarlo del atado otro más caiga
y se ponga a rodar
y cuando intente atraparlo llegue hasta
el charco que por algún motivo apareció
entre los vasos,
para que mientras considero
si dejar que el cigarrillo se seque
o hacerlo desaparecer
él vuelva del baño y descubra mi torpeza,
y así seguir enumerando
sin que ningún eslabón defina nada
sino que sólo implique – se produce
en muy raras ocasiones
este fenómeno, este diverso proceder
del tiempo:
ya no transcurre
cambió de dirección
cobra profundidad
se subdivide indefinidamente.

(p.42, en NCP, pertenece al libro: Las últimas mudanzas, Bahía Blanca, Vox, 2001)

Un tipo de poesía que es irónica, pero sin perderse en autorreferencias abúlicas. Que se distancia mediante procedimientos narrativos (y mediante un virtuoso uso del ritmo dado por la sintaxis y la puntuación) de cualquier efusión romántica, pero sin dejar de movilizar una lírica muy sugestiva, a menudo reforzada por una tersura fotográfica o cinematográfica.

Dentro de casa (7)

Toda una sorpresa
cuántas plantas florecen
o brotan en invierno.
Y de maneras no convencionales.
A una le sale un brote
en mitad de la hoja verde.
A primera vista parece bichada.
Hasta la más reacia, finalmente,
da una flor.

(p.50, en NCP, pertenece al libro: La tomadora de café, Bahía Blanca, Vox, 2005)

Una poesía que toma por referentes poéticos asuntos cotidianos, asuntos familiares o escenas del mundo de la vida, pero que remonta desde allí hacia una suerte de melancolía desencantada, que nos descentra como lectores (iba a escribir: espectadores), a la vez que procede a la desfetichización de los objetos tomados como asuntos del poema.

Huecos

Falta el vidrio
de la ventana del baño.
Un tablón de la persiana
se está por desprender.
Se me salió la corona
provisoria, y ya no paro
de creer que reconozco gente.
Todos los bares parecen estar llenos
de gente que conozco o conocí:
amigas de una amiga
vecinas de otra década
compañeros de estudio
que nunca saludé;
existirán, calculo,
unas diez caras
intercambiables en total.
Me siento a leer con
un lápiz y un pomelo triangulado
y estoy a punto de comerme el lápiz.
Hasta imagino el
sabor de la madera
y cómo cruje entre los dientes.
Mucho murmullo cruzado.
Lo de encontrar la luz es verso
o está en verso.
Como si todo esto no fuera
más que una ligera superficie
donde jugamos a danzar
–ratoncitos imantados–
y por debajo el vacío, seriamente,
se dedicara a desplegar sus pasadizos.

(p.89 en NCP, pertenece al libro: Lluvias, Buenos Aires, Bajo la luna, 2009)

Un tipo de poesía donde predomina el realismo característico de la narrativa de autores como Raymond Carver, pero que a su vez conecta con el «lúgubre esplendor» de un Kafka y con ese «humor judío» tan exquisito, como inquietante, propio de todo lo kafkiano.

te diré de qué estábamos hablando

me preguntaba
cómo podíamos mantener
una conversación tan tonta
toda la noche narrando
las proezas de la adolescencia
pero hoy al leer esta reseña
sobre una novela de Ridgway
de pronto lo comprendo
te diré
de qué estábamos hablando:
del amor en habitaciones
tomadas por asalto
del amor cálido y seguro
todavía lejos
de la primer descarga de tristeza.

(p.11 en NCP, pertenece al libro: El pasillo del tren, Buenos Aires, Trompa de Falopo, 1996)

Me pasa, a menudo, que me enfado con cierta poesía que, retorcida sobre sí misma, termina siendo una barrera para cualquier lector animado. En general, voy con cuidado cuando me acerco a la obra de autores de mi generación, pues suelo desanimarme con facilidad. La lectura de este libro, por el contrario, tuvo un efecto estimulante para mí y me ayudó a reconciliarme con la escritura de poetas que, nacidos por los mismos años que yo, vienen escribiendo una obra valiosa, a la que no siempre es fácil acceder desde esta orilla del Plata. El libro fue presentado en Montevideo y en Maldonado hace una semana. Y entonces, una vez dicho cuál es mi estado de ánimo, quiero terminar esta nota con un par de versos de Laura Wittner, y decir, casi esperanzado:

Así empieza un otoño;
así me gustaría que empezara.

Día Internacional del Libro Infantil

El 2 de abril se celebra el natalicio de Hans Christian Andersen, autor por antonomasia de libros para niños. Este día, y por esa razón, fue elegido por la International Board on Books for Young People (IBBY) para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil.

A mí me gusta celebrar estas cosas. Y es que a esta altura de mi vida, estoy convencido de que si soy como soy, en parte, se lo debo a los libros que leí en mi infancia y a los cuentos y a los poemas que me leyeron o me cantaron mis mayores. Celebrar el libro infantil es, de algún modo, celebrar la infancia: la propia y la ajena.

Este año, lo voy a celebrar aquí de un modo particular. ¿De qué manera puede celebrar un escritor de LIJ el día del libro infantil? Pues escribiendo y produciendo libros para niños. Y como en esa andamos con la amiga Cara Carmina, artista e ilustradora mexicana de la cual ya hablé aquí, y como justo acabamos una nueva página de un nuevo libro que habla de eso: de libros, de lecturas conjuntas, de celebración de la lectura, y como el libro lo estamos haciendo de manera internacional: pues ella allá, en Canadá, haciendo los dioramas, y yo aquí, en Uruguay, escribiendo los poemas, nada mejor, entonces, que publicar en el día de la fecha esta página celebrante.

Diorama de Cara Carmina: la biblioteca de los gatos

Para que un gato lea
Es preferible
que en el libro no haya
ningún ratón.
Evite así que el gato,
que es buen lector,
se quede sin lectura
y tenga un atracón.

Traductor, ¿traidor?: una entrevista con Laura Chalar

Laura Chalar, entrevistada

Laura Chalar nació en Montevideo, Uruguay. Es abogada y escritora. Ha publicado dos libros de poemas («por así decirlo», 2005 y  «Por qué los poetas ingleses quieren morir en Italia», 2010) y dos libros de cuentos («El discreto encanto de la abogacía», 2007 y «El vuelo del pterodáctilo», 2009), además de numerosos textos propios y traducciones de otros autores en revistas de varios países. Acaba de publicarse en Uruguay una traducción de su autoría del libro «La niña de alta mar», de Jules Supervielle (Irrupciones Grupo Editor).  Garabatos y ringorrangos la invitó a responder algunas preguntas sobre la traducción de poesía, a lo cual accedió con mucha generosidad. Esta es la entrevista:

GyR: Días atrás nos comentabas que entiendes que la poesía es esencialmente traducible, pero que hay una dificultad cuando la poesía presenta rimas. Eso es bastante obvio. No obstante: ¿piensas que se puede volcar en una traducción el sentido que tiene el ritmo, en tanto forma sonora, en el poema original?

Laura Chalar: La poesía es probablemente el género más difícil de traducir. Pienso que hay poesía que funciona bien en traducción y otra que no. Esto depende de una cantidad de motivos (recursos en base a los que opera el poema original, empleo de juegos de palabras o aliteraciones, «localidad» —por oposición a «universalidad»— de temas y conceptos, etc., etc.); pero, en lo que hace a tu pregunta, en el caso de la poesía que sí puede ser traducida con éxito (me refiero a aquella que puede ser vertida en otro idioma con una calidad o valor artístico propios y —con suerte— no excesivamente distantes del original) en muchos casos podrá llegarse a versiones que respeten el ritmo, textura y recursos del «texto madre». Eso dependerá en buena medida de la habilidad del traductor. Creo, por otro lado, que tratar de forzar estas semejanzas cuando el idioma de destino no lo habilita puede llevar a un texto artificioso, que no atraiga ni convenza. A mí me gustan las ediciones bilingües, donde, aun si el traductor ha optado por renunciar a replicar estos elementos, uno puede ver el texto original y palparlos en él —cosa que siempre es posible y linda, aunque no se conozca el idioma.

GyR: Los que escribimos poesía sabemos que cada palabra tiene un valor sonoro y semántico particular que se hilvana con el conjunto del lenguaje en un juego de alusiones, tanto a objetos, como a ideas, a sentimientos o a tradiciones culturales: ¿no se pierden esa vinculación y esas alusiones en la traducción?

Laura Chalar: Dependerá de en qué medida el idioma de destino comparte esos elementos con el de origen. Uno podría pensar que habrá mayor simetría entre lenguas que compartan un tronco común, pero me parece que es algo para ver caso a caso. En estas cosas no conviene generalizar, porque la poesía siempre sorprende.

GyR: ¿Consideras que la lectura de poesía traducida, al omitir en su sonoridad los ritmos tradicionales, ha favorecido un descuido de la eufonía entre los poetas nativos de nuestro lenguaje y ha facilitado una incursión de lo prosaico en el orden de lo que se lee como poesía en nuestro idioma? ¿Cabe esa posibilidad?

Laura Chalar: En mi opinión, esa incursión en lo prosaico sin duda existe (hay quienes parecen creer que la existencia de versificación o quiebres de línea constituye de por sí poesía); pero sería más cauta a la hora de atribuirle parte de la culpa de este fenómeno al contacto con poesía traducida.

Una buena traducción puede ser un poema por derecho propio (creo que todos los que traducimos poesía aspiramos en definitiva a eso), pero yo, al menos, no exijo de una traducción exactamente los mismos elementos que de un original. Esto no tiene que ver con la calidad o falta de ella, y sí con reconocer que a menudo será imposible reproducir exactamente las tensiones, cadencias, etc., del original (ver pregunta anterior); lo cual no quita que la traducción deba tener un ritmo, una organización y una cohesión cuidados.

Me parece que el fenómeno que tú referís tiene más que ver con haraganería por parte de algunos poetas, un facilismo al que contribuyen muchos factores, entre ellos el endiosamiento de la «accesibilidad», valor falso si los hay, y a menudo disfraz de la mediocridad pura y simple.

GyR: ¿Piensas que el traductor tendría que tener un lugar más destacado en los créditos editoriales e incluso un reconocimiento mayor en el terreno de la literatura? En Uruguay, por ejemplo, entre los premios literarios anuales no se incluye un premio para traductores. Hasta donde yo sé, en nuestro país no hay ningún reconocimiento en ese campo.

Laura Chalar: Totalmente. Sin duda que sí. En muchos países hay premios a la traducción. Un área, como tantas otras, en la que los uruguayos nos hemos quedado atrás.

GyR: ¿Puedes regalar a los lectores de este blog dos poemas traducidos por ti, dos de los que te gusten más?

A esta última pregunta, Laura Chalar respondió con cuatro poemas: dos traducidos del español (del uruguayo, para ser más exactos) al inglés (ambos de Líber Falco) y dos traducidos del inglés al español (uno de T. S. Eliot y otro de A. E. Housman). Los publicamos aquí en formato bilingüe, como ella prefiere leer.

In a vacant lot…

(de Líber Falco)

In a vacant lot
five boys play soccer.
A man passes by
pushing a wheelbarrow. Passes.
A soft breeze fans the afternoon’s face.
In the distance, the downtown palaces
turn their backs on the sun.
The afternoon goes,
with the air of a jilted maiden.

In a vacant lot,
five boys play soccer.
Montevideo lives.
Doesn’t dream. Doesn’t hope.
Lives.
A car honk is heard in the distance.
How sad everything is,
and yet, how fine to see it—
to watch, to hear, to see it.

En un baldío

En un baldío
cinco muchachos juegan a la pelota.
Un hombre pasa.
Lleva una carretilla. Pasa.
Un aire suave
abanica el rostro de la tarde.
A lo lejos, allá…
los palacios del Centro
muestran su espalda al Sol.
La tarde se va.
Lleva un aire de doncella defraudada.

En un baldío,
cinco muchachos juegan a la pelota.
Montevideo vive.
No sueña. No espera nada.
Vive.
Lejos suena una bocina.
Qué triste es todo.
Y sin embargo, qué bello es verlo,
mirarlo, oírlo y verlo.

Tapa de la primera edición del libro «Tiempo y tiempo», de Líber Falco

Herrerita

(de Líber Falco)

Blasphemous, errant and stately
went the artist drinking air
along the streets.

His pipe a cosmic periscope,
hat at a listless angle,
went the poet daring hunger
along the streets.

“Brothers, we are made
of countless hungers”, said
the poet, and vanished
down the longest
street and final.

Herrerita

Blasfemo, trashumante y señorial
iba el bohemio bebiendo el aire
por las calles.

La pipa un periscopio cosmogónico,
el sombrero ladeado y con desgano,
iba el poeta retando el hambre
por las calles.

—Hermano, estamos hechos
de incontables hambres— dijo
y se fue el poeta,
por la más larga,
definitiva calle.

La Figlia che Piange

(de Thomas Stearns Eliot)

«O quam te memorem virgo…»

Párate en lo alto de la escalinata—
Apóyate sobre una urna de jardín—
Teje, teje la luz del sol en tu pelo—
Oprime tus flores contra ti con dolorida sorpresa—
Tíralas al suelo y vuélvete
Con fugaz resentimiento en los ojos:
Pero teje, teje la luz del sol en tu pelo.

Así hubiera querido yo que él se marchara,
Así que ella se quedara de pie y sufriera,
Así la hubiera dejado él
Como el alma deja al cuerpo roto y magullado,
Como la mente abandona el cuerpo que ha usado.
Encontraría
Algún modo incomparablemente leve y hábil,
Algún modo que comprendiéramos ambos,
Simple e infiel como una sonrisa y un apretón de manos.

Ella se apartó, pero con el tiempo otoñal
Atrajo mi imaginación muchos días,
Muchos días y muchas horas:
Su pelo sobre los brazos y los brazos llenos de flores.
¡Y me pregunto cómo hubieran sido ellos juntos!
Un gesto y una pose se me habrían perdido.
Algunas veces estas cavilaciones aún asombran
La inquieta medianoche, la paz del mediodía.

La Figlia che Piange

«O quam te memorem virgo…»

STAND on the highest pavement of the stair—
Lean on a garden urn—
Weave, weave the sunlight in your hair—
Clasp your flowers to you with a pained surprise—
Fling them to the ground and turn
With a fugitive resentment in your eyes:
But weave, weave the sunlight in your hair.

So I would have had him leave,
So I would have had her stand and grieve,
So he would have left
As the soul leaves the body torn and bruised,
As the mind deserts the body it has used.
I should find
Some way incomparably light and deft,
Some way we both should understand,
Simple and faithless as a smile and shake of the hand.

She turned away, but with the autumn weather
Compelled my imagination many days,
Many days and many hours:
Her hair over her arms and her arms full of flowers.
And I wonder how they should have been together!
I should have lost a gesture and a pose.
Sometimes these cogitations still amaze
The troubled midnight and the noon’s repose.

En tranquilos valles verdes

(de A. E. Housman)

En tranquilos valles verdes
Donde los amantes juegan,
Se oye desde el otro lado
Una música que suena.

Detrás del tambor y el pífano,
Junto a espino y hondonada,
Dejando atrás tierra y vida
Van los soldados.

Ser soldado es lo mejor:
Roba, donde sea que esté,
El corazón de muchacha
Y hombre a la vez.

El amante y su chica,
Tendidos bajo el espino,
Han oído pasar la tropa
Y ambos suspiran.

Y ellos, con notas que
A lo lejos se van perdiendo,
Siguen su marcha sonora
A la casa del silencio.

In valleys green and still

In valleys green and still
Where lovers wander maying
They hear from over hill
A music playing.

Behind the drum and fife,
Past hawthornwood and hollow,
Through earth and out of life
The soldiers follow.

The soldier’s is the trade:
In any wind or weather
He steals the heart of maid
And man together.

The lover and his lass
Beneath the hawthorn lying
Have heard the soldiers pass,
And both are sighing.

And down the distance they
With dying note and swelling
Walk the resounding way
To the still dwelling.

Gracias, Laura.

Tonino Guerra

Ha muerto Tonino Guerra. Nada menos que en el día internacional de la poesía, cuando iba a empezar la primavera en su hemisferio. Ha muerto este grandísimo poeta y mejor guionista de cine.

Tonino Guerra

Tonino Guerra (Santarcangelo di Romagna, Italia, 16 de marzo de 1920 - Ibídem, 21 de marzo de 2012)

Mi blog y mi primer libro de poesía para niños llevan por título “Garabatos y Ringorrangos”. Ese título, como se puede ver en la esquina superior derecha del blog, o en la primera página del libro, se debe a un poema de Tonino Guerra.

LOS GARABATOS

ÉSTE es el muro,
éstos los garabatos
que pintaba de niño
con la tiza
cuando aprendí
a seguir mi brazo
para hacer una raya larga
y algunos ringorrangos.

Éste es el muro
éstos los garabatos.

Tonino Guerra escribió poemas con una sencillez demoledora, como en este de «La farfalla»:

LA MARIPOSA

CONTENTO, lo que se dice contento,
he estado muchas veces en la vida
pero más que ninguna cuando
me liberaron en Alemania
que me quedé mirando una mariposa
sin ganas de comérmela.

Yo conocí a Tonino Guerra porque un día mi amigo Álvaro Ojeda me dijo algo así como que «Ungaretti es un gran poeta, pero Montale es mejor, y el mejor de todos es Tonino Guerra». Y con esa referencia me puse en campaña para conseguir lecturas de Guerra.

Daniel Bellón, poeta canario (de Islas Canarias, aunque nacido gaditano), me regaló el libro de la poesía completa de Tonino Guerra, traducida genialmente al español por el poeta Juan Vicente Piqueras, editada por la Universidad Popular San Sebastián de los Reyes en 2001. Y allí descubrí que Tonino escribía cosas que Piqueras traducía así:

EL GATO SOBRE EL ALBARICOQUERO

ERA un loco
que creía que era un animal
entre las ramas del albaricoquero.Su pobre padre era el hombre más bueno del mundo,
en casa se abrazaba a los armarios
y cerraba la cómoda con la rodilla.

Le decía: —Gino, venga, baja ya,
hazle caso a tu padre.
Pero el loco se acurrucaba entre las ramas
y se pasaba la noche maullando como los gatos.

«Qué manía con decir que es mejor morir durmiendo, / no es verdad: hay que morir gritando contra todo» le hace decir Tonino a uno de sus personajes poéticos, el viejo Rico, en el libro EL VIAJE (1985).

¿Me pregunto, Tonino, contra qué estarías gritando cuando entraste en la muerte? ¿Contra qué parte de ese todo?

Y ahora que escribo, pienso que es raro lo que siento en este momento. Algo así como si hubiera perdido a un gran amigo, aunque no, porque yo no te conocí en persona. Debe ser algo distinto. Yo te conocí de palabra. ¿Un gran amigo de palabras?

Hubo una época que se me daba por pensar que no valía la pena escribir poesía después de Vallejo. Entonces descubrí a Juarroz, y pensé que se podía intentar algo. Después pensaba que no valía la pena escribir poesía después de Juarroz. Entonces descubrí a Tonino Guerra, y pensé que se podía intentar algo. Hoy, ahora, ataba estos grandes nudos poéticos de mi vida lectora. Y ahora leía un poema de Tonino y pienso que por algo no terminamos de abandonarlo todo:

ABANDONA

Yo abandono Roma.
Los campesinos abandonan la tierra.
Las golondrinas abandonan mi pueblo.
Los files abandonan las iglesias.
Los molineros abandonan las aceñas.
Los montañeses abandonan los montes.
La gracia abandona a los hombres.
Alguien lo abandona todo.

(El libro de las iglesias abandonadas, 1988)

Los invito a todos a recordarlo por aquí, dejando algún otro de sus poemas. Cerramos el día de la poesía con esta despedida.