Si te pasás de listo… un epigrama

En su origen helénico, el epigrama era un poema ingenioso que tenía que ser breve porque se utilizaba para hacer una inscripción sobre un objeto. Si el objeto era una tumba, el epigrama se convertía en epitafio.

Días atrás leía un epigrama en la Antología Palatina que pienso que se puede inscribir en el ciclo de la poesía para niños sin ningún problema. En tal sentido, qué duda cabe, sería un poema pionero. Dice:

Miro, la niña, en común sepultó al saltamontes,
ruiseñor de los campos, y a la cigarra, huésped
de la encina, y gemía con llanto pueril, porque el duro
Hades sus dos juguetes le había arrebatado.

El asombro de una niña ante la muerte, su juego a la hora de construir una pequeña tumba para sus juguetes, entran en este epigrama con la fuerza de la brevedad que da un alerta: hoy vives, eres niña, pero la muerte acecha, irremediablemente. Epigrama y epitafio se conjugan aquí con un pulso conmovedor en su sencillez más absoluta.

Saltamontes

Saltamontes: juguete de madera, Francia, cerca de 1930. Imagen tomada del blog Animalarium.

Los romanos continuaron con la tradición griega del epigrama. Dos poetas se destacaron en esta forma: Marcial y Catulo. Pero el epigrama latino fue cambiando de carácter respecto del griego, admitiendo una gran variedad temática y de tono, si bien mantuvo en la brevedad y en el ingenio sus fortalezas más evidentes. Los temas del epigrama latino se reparten entre los poemas laudatorios, adulatorios y melifluos, los satíricos y burlescos, los agrios, los humorísticos y otros tantos que combinaban estos aspectos, sin excluir, claro está, los poemas eróticos. Un repaso al libro de Epigramas de Marcial da una clara idea de esa variedad. Hay un epigrama allí que me interesa citar para mostrar eso, la variedad y el ingenio:

Cómo se hace un libro

Hay cosas buenas, hay algunas medianas, son malas la mayoría de las que lees aquí: un libro no se hace, Avito, de otra forma.

Por lo general, y diría que por regla, los epigramas constan de dos partes: una introductoria, donde se reclama la atención del oyente o del lector, y una segunda, que es como un cierre o un desenlace, donde se responde rápidamente al reclamo anticipado. La primera parte avisa, la segunda golpea.

Ideal para la comicidad del equívoco, o para presentar un pensamiento leve sobre asuntos cotidianos, de los que no se excluye el amor y sus fracasos, o para la sátira política, o para provocar mediante un juego de antítesis el desconcierto: el epigrama ha prosperado en la poesía manteniendo su forma primera o insertándose al paso en otras formas poéticas. De ahí que podamos caracterizar cierta poesía como epigramática, más allá de su estructura formal. En todo caso, queda del epigrama aquello que pedía Tomás de Iriarte (sí, ése, el de las fábulas) ya en el siglo XVIII:

A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.

No hay para el epigrama una forma métrica específica, si bien en el español se impuso en su momento una forma regular compuesta por dos redondillas con rimas independientes. También le fueron propicias otras formas estróficas, como las cuartetas, las quintillas e incluso las décimas. Pero conviene insistir en que la clave es la agudeza del pensamiento expresado.

En esa dirección, Ernesto Cardenal escribió uno de los epigramas más populares de la literatura latinoamericana del siglo pasado:

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Y es que no debe de haber hombre que tras haber sufrido una decepción amorosa no hubiera querido desquitarse acudiendo a ese ingenioso epigrama, y eso por más vano que fuera el intento de desquite, y los resultados. (Claro que, lo sabemos de sobra hoy en día, en el marco del machismo característico del continente, siempre será mejor acudir a un epigrama que a la más burda violencia.)

Me gusta pensar que el epigrama y su forma perdurarán en el correr del siglo que avanza. Para reafirmar esta creencia acudo a uno de los epigramas mejor logrados que he leído en los libros de poesía de mis contemporáneos, publicado en el primer año del corriente siglo:

Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error.

Sí, ese maravilloso epigrama de Laura Wittner, del libro Las últimas mudanzas (de 2001).

No sé si la felicidad de la infancia siempre ha sido errónea: quizás la niña que enterraba a sus juguetes en el primer epigrama publicado en esta nota desmiente todo el asunto: infancia, error y felicidad. No sé si la felicidad que surge de una confusión en el habla y en la risa íntima de dos adultos tiene que ser errónea por necesidad: quizás el logro de un epigrama, como el de Wittner, también desmiente el asunto.

En todo caso, si algo sale mal, siempre puedes desquitarte con un epigrama: leyéndolo, pensándolo, escribiéndolo. Como sostiene Mugidor en sus Epigramas del emperador:

Hay quienes abandonan una pelea. Hay quienes dejan de pelear y se abandonan.
No todos los abandonos conllevan el mismo resultado, ni todos son posibles: se puede abandonar la lucha, pero no se puede abandonar la derrota.

Para sacarle jugo: colección de poesía de Mágicas Naranjas Ediciones

Hace unos días, en una entrevista que le hicieron, el escritor argentino Eduardo Abel Gimenez decía algo que me dio que pensar:

Este año me sentí muy identificado y me cambió la vida escuchar a María Teresa  Andruetto, que ganó el Premio Andersen, en un homenaje que se le hizo en la Feria del Libro para grandes… dijo algo que ya había escrito: “No escribimos para chicos”,  lo dijo así, en primera persona plural, “No escribimos para chicos, escribimos para los mediadores. Los que tienen contacto con los chicos y eligen qué darles de leer”. Eso me cambió la vida. Es responsabilidad del mediador encontrar el chico para el cual vaya bien el libro que acabo de escribir.

En esa dirección, considero que el primer mediador es siempre el editor. Al elegir el texto, al pensar la forma del libro, al diseñar la gráfica o al seleccionar un tipo de ilustración ya se están dando los primeros pasos en la dirección del lector.

La colección “Libros para pequeños o grandes lectores de poesía” de Mágicas Naranjas Ediciones está diseñada para mediar entre la poesía de autores con una reconocida trayectoria como poetas y un lector niño (sin que esta última categoría excluya a los jóvenes o adultos). La coordinadora de la colección, Hilda Fernández Oreiro, lo explica en la contratapa de los libros:

Con mirada curiosa y renovada, nos asomamos a las obras de grandes poetas y descubrimos algunas perlas preciosas que, sin necesidad de traducción, queremos acercarles a los más chicos. Textos sin edad, bellos, sonoros, luminosos.

Porque poesía e infancia habitan un mismo territorio, queremos recrear ese universo mágico y lúdico, donde las palabras se encuentran con las imágenes y los nuevos lectores con los grandes poetas.

La colección se lanzó en 2011 con tres títulos:

  • Variaciones de la luz, de Diana Bellessi, con ilustraciones de Pablo Ramirez Arnol.
  • Cartas para que la alegría, de Arnaldo Calveyra, con ilustraciones de Martina Fraguela.
  • Azar y necesidad del benteveo, de Alicia Genovese, con ilustraciones de Martín Mykietiw.
Colección de Poesía de Mágicas Naranjas Ediciones

Los cinco títulos de la colección de poesía de Mágicas Naranjas Ediciones

El impacto de la propuesta fue casi inmediato y la colección obtuvo el premio de los Destacados de ALIJA 2011 en la categoría Colección. En este 2012 la editorial incorporó dos títulos más:

  • Música amable al fin, de Irene Gruss, con ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves.
  • Peras, de María Teresa Andruetto, con ilustraciones de Florencia Tabbita.

En su formato, los libros se corresponden con el modelo de un álbum. Integran un poema en cada título. En todos los casos, se le pide al autor del poema que escriba un breve texto, a manera de prólogo dirigido a los niños. Inmediatamente, los libros disponen los versos del poema a razón de uno o dos por cada doble página, integrando el texto de forma dinámica con la ilustración.

que el bicherío inunde todo de música amable al fin

Interior del libro “Música amable al fin”, de Irene Gruss. La ilustración es de Cecilia Afonso Esteves.

Al final de cada libro, con un par de notas biográficas se presenta al poeta y al ilustrador. Por último, los editores tiene el cuidado de publicar el poema entero con su referencia a la edición original del libro al que pertenece.

Pienso que esta colección es un bello ejemplo de como hacer un esfuerzo por acercar la poesía a los niños. La editorial dio el primer paso. Ahora hay que seguirle el tranco, exprimidor en mano.

Catorce instrucciones y un soneto para acercar la poesía a los niños

El día miércoles 15 de agosto, en el marco del 17o. Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, en Resistencia, Chaco, Argentina, participé de una mesa que llevaba por título la pregunta ¿Leer más poesía en la escuela? El texto que transcribo a continuación fue mi ponencia para esa instancia.

Se trata de catorce instrucciones y de un soneto. Estas instrucciones y este soneto no tienen ningún afán propedéutico. Tampoco pretenden ser una guía infalible para acercar la poesía a los niños. Son, básicamente, cosas que me digo a mí mismo, cuestiones con las que pretendo enriquecer mi vínculo con la poesía y con la infancia.

Cada instrucción lleva un pequeño título, que seguramente les resultará tan arbitrario como el contenido. Ya se darán cuenta, ya darán cuenta de ello.

Foro Chaco 2012

Primera mesa del 17o. Foro Chaco. De izquierda a derecha: André Letria (Portugal), Julio Leite (Tierra del Fuego, Argentina),  Maia Bradford (moderadora de la Fundación Mempo Giardinelli), este servidor y Graciela Perriconi (La Plata, Argentina).

PRIMERA: CONSTRUISTE LA INFANCIA CON LIBRETO

La infancia es una construcción histórica. Se la piensa, se la ordena, se la disciplina en función de las tradiciones sociales del pasado que se quieren reproducir y también en vistas de la futura integración social de los niños y las niñas. Sería importante que la poesía para niños se escribiera y se leyera a contracorriente de los criterios más rígidos de esa construcción; y sería importante que se la escribiera y se la leyera con la idea de que los niños tienen un presente por vivir.

SEGUNDA: SIN PREGUNTAS SIN DUDAS SIN APUESTAS

La poesía que se escribe para los niños lleva implícita una idea sobre qué es la infancia. Al escribir o al escoger un poema para leer con un niño, piensa que es una persona sensible e inteligente. Si así no fuera, la poesía para niños no tendría sentido. Pero lo tiene.

(Adenda: La poesía ñoña concibe a los niños como si fueran tontos y está escrita como si eso fuera cierto.)

TERCERA: NO PENSASTE QUE EL NIÑO ES MUY INQUIETO

Si le preguntas a los niños si les gusta la poesía, en su inmensa mayoría, casi seguro, te dirán que no. Si aceptas que a los niños no hay que darles a leer aquello que no les gusta, entonces casi que puedes despreocuparte de la poesía. Si no aceptas nada de lo anterior y vas a leer poesía con los niños, es preferible, primero, que la poesía que escojas para ellos te guste a ti (y esto sin necesidad de que te embelese). Luego, piensa que, al leerla, irás a contracorriente de los gustos previamente impuestos. Y eso sí: nunca olvides que a los niños les gusta saltar las olas que los empujan a la orilla de los lugares comunes o que amenazan con hundirlos.

CUARTA: Y LA NIÑA HACE COSAS MUY MOLESTAS

No hay dos niños iguales, pero mucha de la poca poesía para niños que circula en la actualidad se parece demasiado entre sí. Si vas a leer poesía con los niños, intenta tener a mano un surtido variado. El cuidado de la diversidad vale tanto para los animales y para las plantas como para la poesía y para los niños.

QUINTA: REPETISTE LOS VERSOS SIN RESPETO

Es necesario contar con una buena selección y dos o tres buenas antologías, lo más completas posibles, de las nanas y cancioncillas de la poesía en español de todos los tiempos. Pero no más de dos o tres. El poco espacio de edición de poesía para niños se debería llenar con poesía actual, poesía contemporánea, poesía que conozca esa tradición, pero que la renueve y no sólo intente reproducirla como si el tiempo y los cambios en el lenguaje no la hubieran rozado.

(Adenda: Hay que recordar que todo lector lee en el presente: también los niños.)

SEXTA: Y CAÍSTE EN FIGURAS PREDISPUESTAS

Al leer o al escribir un poema para niños, no te confíes de los recursos fáciles como “pirulín, pirulán” o “pica, pica, pelotita”. Por más que ayuden a construir rimas, o a generar cadencias y repeticiones retóricamente correctas, suenan como un abuso de confianza respecto del niño que se acerca a leerlas. Los poemas que utilizan recursos como esos tienen que estar muy bien logrados si no quieren que los lectores desconfíen a la primera chorrada.

SÉPTIMA: TRAICIONASTE EL LENGUAJE SIN OBJETO

Quizás sea cierto que la traducción de poesía encierra una traición hacia el poema traducido. Pero que no se traduzca al español (casi) nada de la poesía para niños que existe en otros idiomas es una traición mucho mayor aún hacia los niños de habla hispana. En el mundo hay diversos lenguajes y muy variada poesía para niños: sería bueno que se traduzca de una manera adecuada para los hispanohablantes.

(Adenda: Lo mismo vale en la dirección que debería conducir la poesía en español a otros idiomas).

OCTAVA: Y TU VOZ SE PERDIÓ EN VOCES FUNESTAS

Todo poema encierra una voz propia. Intenta que los poemas que le des a leer a los niños no sean mudos ni tampoco muy chillones. Y que tu voz sea clara al leerlos: tú voz; no una impostada. Los niños no tienen porqué confundir la voz del poema con tus impostaciones.

(Adenda: Esto último, seguro que también vale para la lectura de prosa.)

NOVENA: PERO PUEDES MIRAR CON NUEVOS OJOS

Una de las cuestiones más importantes en un poema es qué mirada arroja sobre el asunto que aborda y cómo lo hace. Si luego de leer cierras los ojos y escuchas la voz del poema, podrás acceder a esa mirada con mayor claridad. Si accedes a esa mirada, si te agrada, y si decides leer ese poema a algún niño, entonces intenta mirarlo a los ojos mientras pausas la lectura: verán en tu mirada parte de la luz de la mirada que iluminó el poema.

DÉCIMA: Y SI CANTAS SI BAILAS SI TE APURAS

El ritmo es clave en cualquier poema. Puede ser un ritmo físico (el del baile para agitar los pies y los brazos o el del movimiento de la cuna para dormir a un bebe) o un ritmo intelectual (el de la melodía que dan las palabras bien hilvanadas en sus sonidos y silencios). Quien quiera dormir a un niño diciéndole un poema deberá trabar muy bien esos ritmos con su cuerpo, los compases de su voz al decir, un tono encantador (tal como lo concebía Lorca para sus nanas). Quien quiera mantener a un niño atento, alerta y despabilado, al decirle un poema deberá hacer exactamente lo mismo. Hay buena poesía para la ensoñación así como hay buena poesía para el sobresalto: lo que varía son los ritmos, los tonos y las intenciones. Considera eso cuando leas poesía con el niño.

DECIMOPRIMERA: SI DEJAS LO INFINITO SIN CERROJOS

No hay porqué reprocharle nada a una persona que crea que lo más importante es enseñar a los niños matemáticas. En cambio, hay que ofrecerle poemas para niños que le demuestren hasta qué punto un buen par de estrofas pueden abrir la cabeza para cálculos infinitesimales y otras álgebras indeterminadas.

DECIMOSEGUNDA: SI TE QUITAS AL FIN LAS ARMADURAS

Un libro de poesía que esté bien ilustrado gana mucho en cuanto libro y seguro que agudizará el gusto del niño por la lectura. Pero no esperes que las ilustraciones logren lo que no logran los poemas. Ni el escritor ni el lector pueden dejar toda la poesía en manos del ilustrador: los poemas deben aportar lo suyo. Recuerda que la parte más importante de un poema no se oye con los ojos.

(Adenda: La repetición en la ilustración, punto por punto, de lo que está escrito en el poema no agrega nada; es más, puede restar expresividad. En fin, que la parte más importante de la ilustración de un poema no se ve con los oídos).

DECIMOTERCERA: SI CADA DÍA LIMPIAS LOS DESPOJOS

Uno de los filósofos más importantes del siglo veinte llegó a cumplir los 102 años con plena lucidez. En una entrevista que le hicieron, recomendaba memorizar un poema cada día para mantener la mente en forma. No instruiré a nadie para que al leer poesía motive a los niños para que la memoricen, aunque ello no estaría del todo mal. No le exigiré a nadie que aborde un poema cada día, solo o con un niño, aunque tampoco estaría mal la sugerencia. Y tampoco obligaría a nadie a que viviera 102 años, pero qué bien estaría llegar a esa edad con la lucidez de la buena poesía.

DECIMOCUARTA: NUEVOS BRÍOS TENDRÁN TUS CRIATURAS

Mantente en tus trece en lo que refiere a cómo cultivas la poesía con lo niños, pero no olvides que entre la necedad y la necesidad pueden caber los mejores poemas del mundo, y alguno de esos poemas podrían ayudar al niño a no ser necio cuando siente y cuando piensa. Los niños necesitan una cantidad de calorías diarias para crecer: hay poemas que se las podrían aportar.

SONETO

construiste la infancia con libreto
sin preguntas sin dudas sin apuestas
no pensaste que el niño es muy inquieto
y la niña hace cosas muy molestas

repetiste los versos sin respeto
y caíste en figuras predispuestas
traicionaste el lenguaje sin objeto
y tu voz se perdió en voces funestas

pero puedes mirar con nuevos ojos
y si cantas si bailas si te apuras
si dejas lo infinito sin cerrojos

si te quitas al fin las armaduras
si cada día limpias los despojos:
nuevos bríos tendrán tus criaturas

Rumbo al 17o. Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura (Resistencia, Chaco, Argentina)

Ya hace unos años que vengo siguiendo el trabajo que desarrolla la Fundación Mempo Giardinelli para el fomento de la lectura y para la promoción de planes nacionales de lectura en Argentina. Son esas experiencias de trabajo que deberían ser estudiadas y copiadas en todos lados. Experiencias que nacen de la sociedad civil y de la afición por la literatura y la lectura, y que terminan promoviendo políticas de Estado con impacto a gran escala, políticas para fomentar la lectura entre la población de todo un país.

Y hablando de escalas, este tipo de experiencia deja en claro que a menudo no se trata de amplitud de población ni de amplitud de presupuestos económicos, sino de una amplitud y una profundidad de miras. También, claro está, de convicciones firmes, tal como la expresa aquí el escritor Mempo Giardinelli, referente de esta organización:

“Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento es una sociedad culturalmente suicida. No sabrá jamás ejercer el control social que requiere una democracia adulta y seria. Que una persona no lea es una estupidez, un crimen que pagará el resto de su vida. Pero, cuando es un país el que no lee, ese crimen lo pagará con su historia, máxime si lo poco que lee es basura, y si además la basura es la regla en los grandes sistemas de difusión masivos. ”

(Mempo Giardinelli, en el prólogo del libro Leer por Leer)

Foro Chaco

Resistencia, Chaco, Argentina: del 15 al 18 de agosto de 2012

La Fundación Mempo Giardinelli tiene su sede en la ciudad de Resistencia (Provincia de Chaco). En esa ciudad se desarrolla, año tras año, en la tercera semana del mes de agosto, el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, una de las actividades con más destaque de entre las múltiples que desarrolla la Fundación. ¿En qué consiste este Foro?:

Desde hace 17 años la Fundación Mempo Giardinelli invita a escritores, editores, académicos, bibliotecólogos, traductores, ilustradores, pedagogos, comunicadores y lectores, a encontrarse para aprender unos con otros durante cuatro días, junto a un público de miles de personas que participan activamente de los debates. Este año 2012 la consigna es “Leer más literatura“, como llamado a profundizar la reflexión sobre la calidad de las lecturas que compartimos en hogares, aulas y bibliotecas. Y como estímulo para intensificar la amistad con los buenos libros de la literatura universal y nacional de todos los tiempos.

(Texto de la convocatoria al Foro)

Por esas cuestiones del azar, este año me han invitado a participar en el Foro. Tal como dice la convocatoria, iré para aprender con los otros invitados y con ese público ávido por “leer más literatura”. Y tal como lo dice el título de la mesa en la que me tocará participar, iré para aprender como es posible lograr “leer más poesía en la escuela”. Prometo, al regreso, volcar aquí algo de lo mucho que seguramente aprenderé.

Poesía es cuando vuelan las arañas

Voy a comentar un libro de poemas para niños que es de los más bellos que he leído en los últimos tiempos. Se trata de “La araña que vuela”, poemas de Nelvy Bustamente, ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves, editado por Sudamericana en Argentina, en el año 2008. Hacer un juicio así, extremo (“de los más bellos”), puede resultar pedante y arbitrario para quien lea esta reseña. Considerando esa posibilidad, me esforzaré en argumentar por qué entiendo que el libro me resultó así de importante.

La araña que vuela

“La araña que vuela”, poesía para niños, de Nelvy Bustamante e ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves

Más o menos por la mitad del libro, en un poema construido con preguntas, la escritora interroga:

Las arañas
poetas:
¿en vez de tejer
telas
tejen
poemas?

En ese poema-pregunta, sospecho que está encerrada la clave de este libro. Al hilo de las distintas imágenes y símbolos que puede ofrecer la visión atenta del comportamiento de las arañas, visión poéticamente atenta, Nelvy Bustamante nos ofrece un poemario que sorprende en cada poema y en el conjunto, perfectamente hilvanado. La poesía, aquí, será un asunto de hilado fino.

El primer poema lleva el mismo título del libro:

LA ARAÑA QUE VUELA

La araña teje
una estrella
de tela.

Punta tras punta
va y viene
pata tras pata
bordando el cielo.

Cuando se cansa
cuelga las agujas
y vuela.

Este primer poema ya nos sorprende y nos deja en estado de alerta. Y es que se supone que las arañas no se cansan nunca, que siempre han de estar en lo suyo: tejer su tela y estar alertas para agredir a las víctimas que caen en ella. He ahí los dos grandes sentidos simbólicos que coinciden en este pequeño animal, la araña: su capacidad creadora y su agresividad destructora. Un tercer sentido simbólico es dado por el lugar que ocupa la araña en su tela y por la tela en sí: construida en espiral, la tela de la araña es como un mundo (estrella, cielo) con un centro donde la araña se ubica y desde donde mantiene el frágil equilibrio de esa construcción. La tela de la araña, entonces, como el mundo entero. La araña, como su centro regente. Y el trabajo de la araña como la fuerza que mantiene el equilibrio del mundo en su proceso constante de destrucción y construcción.

¿Y la sorpresa, entonces? Justamente ahí: en que en contraposición con esa simbología ancestral, a la que los lectores estamos acostumbrados, la araña de este libro, la araña poeta que teje este libro, vuela. He ahí el inicio de esta maravillosa (y maravillada) lectura.

Hay que seguir leyendo, poema tras poema, para saber cómo se comporta esa araña voladora, esa araña de la poesía. Seguir leyendo los casi treinta poemas que nos presentan un juego de metáforas impecable, que se entretienen en invertir los simbolismos clásicos, pero a sabiendas de que no es fácil escapar de ellos: “…la araña / un punto negro / tapizando / el mundo entero”.

En el conjunto de los poemas parece primar el verso libre. Digo “parece”, porque eso es a menudo la ocultación de un trabajo rítmico versal detenidamente estudiado. En todo caso, hay en todos los poemas un ritmo muy bien logrado. Los poemas cantan a través de juegos de rimas que nunca resultan forzadas (rimas que a veces son internas y a veces asonantes entre los versos). Y cuando la rima y el verso están calculados y claramente fijados, su efecto es como el de un aire de canciones entrañables que nos llegan ligeras : “Ya salta / ya vuela / ya al mundo / da la vuelta entera”.

Hay una sensibilidad exquisita en los poemas, tal como este, donde la poeta escoge su araña preferida:

Un poema de La araña que vuela

Página interior del libro “La araña que vuela”

Y hay también densidad poética. Desde que la araña se larga a volar, justamente, todo queda en cuestión en este libro de poesía. En esa dirección poética (dirección vertical: a lo alto y a lo hondo), hay un poema que me gustó especialmente:

OTRA COSA

La tela
es de la araña;
el vuelo,
de las gaviotas;
¿el tiempo?
el tiempo es otra cosa.

En lo formal, si uno estudia al detalle este poema se dará cuenta de que se trata de tres versos octosílabos deconstruidos en tres pares de versos que alternan tres y cinco sílabas cada uno. Eso, salvo en el último verso, donde al agregarse (y al repetirse) el enunciado “el tiempo” (tres sílabas), el verso queda de ocho sílabas (y no de cinco, como hubiera correspondido, y omito ex-profeso considerar la sinalefa que surge de la conjunción). Lo genial en este poema es, precisamente, que ese agregado y esa repetición, que formalmente vendría a romper la construcción medida de todo el poema, en realidad lo que pretenden es marcar una sustracción: se quiere quitar al tiempo de la condición de ser algo poseído por alguien. Para marcar esa sustracción del tiempo de la esfera de los objetos pasibles de ser apropiables, la poesía procede dándole un destaque especial: lo repite a la vez que lo hace romper la forma. El tiempo entra así en el ámbito de una imposibilidad, tal como el vuelo de las arañas: no es un tema fácil, pero qué bien propuesto y qué sugerente resulta en el conjunto.

Me parece formidable este poema hallado en este libro, porque nos habla de un libro que se cuida muy bien de ofrecer la mejor poesía, de la mejor calidad, a la lectura de los niños, y de hacerlo con una sencillez construida, como ya fue analizado, en base a un trabajo muy complejo y riguroso con la forma, con los símbolos y con los temas.

El libro termina con un poema que lleva por título “Vuela la araña”. De este modo, y para cumplir con la estructura de símbolos relativa a la araña y su tela, el libro asume una forma en espiral donde el último poema se hilvana con el primero en un juego de hilados interminables. Es también un bello poema:

VUELA LA ARAÑA

Vuela la araña
y cierra los ojos.
¿Quién la rescatará
si se cae a un pozo?

Un poema que invita a los lectores a pensar en cómo sostener el vuelo de la araña una vez que se cierra el libro, que invita a involucrarse en ese juego.

Las ilustraciones de Cecilia Afonso Esteves, a pleno sobre cada página o en dobles páginas completas, le dan al conjunto de los poemas un fondo que los resalta. Con la sencillez geométrica de sus ilustraciones-collages, en diálogo con los textos pero sin interferir con ellos, genera una suerte de imágenes de tapices, esos otros tejidos, esas otras telas que dan aire al vuelo de la araña y al vuelo de la imaginación que cada poema impulsa. Las ilustraciones reafirman, además, el desplazamiento entre la imagen de la araña y la personificación, identificación, de quien acometa su lectura, su escritura, su suerte de poeta.

Vuela la araña, vuela la poesía, vuelan sus lectores.

Contratapa del libro con información sobre las autoras.